WOP (Walk on project) 2014

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Fotos: Marta Bravo

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La iniciativa del WOP (Walk on project) no ha traído más que resultados positivos a nuestra, por lo general, invidente y egoísta sociedad. Entre los últimos dos años se ha llegado a recaudar 160.000 euros destinados al desarrollo de terapias para enfermedades neurodegenerativas poco comunes. Y además del muy loable propósito, éste se ha hecho acompañar siempre de artistas de calidad, poco comunes también, pero reivindicables y con una influencia importante en la historia de la música.

Este año el puesto de “cabeza de cartel” recayó sobre The Long Ryders, cuarteto que como The Dream Syndicate (participantes previos del festival) formaron parte en los ochenta del llamado Paisley Underground, una escena musical de Los Ángeles en la que tenían cabida bandas de muy distinto pelaje y que reivindicaban por lo general una vuelta a las raíces y un alejamiento de la novedad electrónica. La idea, parece, era volver a la música orgánica y rebuscar (según cada banda) en los anchos cajones de la psicodelia, el folk rock o el country alternativo. Este último apelativo estuvo muy de moda en los años venideros y llegó a mutar (al menos nominativamente) en “Americana”. Pues bien, antes de que existieran bandas como Cracker, The Jayhawks, Uncle Tupelo, no digamos ya Ryan Adams,  los Long Ryders estaban inventando el country alternativo. Otras bandas, que probablemente no tenían tanto en común entre sí mismas, también ayudaron al cometido: Meat Puppets o The gun club, por ejemplo.

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Los conciertos daban comienzo algo antes de la hora del aperitivo en el nuevo espacio multiusos llamado Yimby, en pleno centro de Bilbao, con las actuaciones de Sid Griffin (vocalista de The Long Ryders), The Fakeband, The WOP band, Still River y Franela. Debido a un retraso aéreo Griffin no pudo comenzar el primero, así que cedieron ese puesto a los veteranos locales The Fakeband, que ofrecieron un buen concierto a pesar del molesto eco del propio local. Fue en segundo puesto que salió el sesentón country-rocker para ofrecer un concierto exclusivo en el que, acompañado de su guitarra acústica, daría a conocer las canciones de su nuevo álbum en solitario. Nuestra agenda no nos permitió ver más de tres temas, comenzando con el clásico long ryder “and she rides” seguida de una cálida “circle bar”. Los pocos minutos que estuvimos disfrutamos con el fresco sentido del humor del americano, que nos mostraba a sus hijos en su móvil y ponía muecas divertidas para las fotos que le hacían muchos hijos de los allí presentes.

La segunda parte musical del día se celebraba en la sala BBK de la Gran vía, con The Fakeband (nuevamente) como plato entrante. Está muy claro que lo que hace ésta gente casaba a la perfección con la propuesta musical de ese día. “Don´t save my life” arrancó a más de uno a bailar y “Kate”, con sus cambios de ritmo y sus punteos gemelos,  dieron buena fe de la variedad de estilos que aúnan los getxotarras. La siguiente banda, los americanos The Ugly Beats, dijeron de ellos que tienen “harmonías como ángeles”, y llevaban razón, un gran atractivo de The Fakeband son sus logradas y transportadoras harmonías vocales.

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El concierto de The Ugly Beats, quinteto que lleva una década publicando, fue un clásico bolo de garaje rock con alguna que otra sorpresa, como la acertada, acelerada y gloriosa versión de Paul Collins, “Walking out on love”. Puro power pop tarareable. Algunas de sus canciones llevaban el sello 13th floor elevators a través de riffs sesenteros que recordaban al mítico “you´re gonna miss me”. O sea, mandanga de la buena, para pasar un buen rato.

Una pequeña desilusión sí que hizo mella en mí cuando supe que no tocarían el Native Sons (1984) al completo, el disco que los elevó al terreno de los clásicos, y que éste año cumplía precisamente tres décadas. No hubo mayor problema, bastó con comprender que no todas las bandas actúan igual y que las prioridades también suelen variar según la circunstancia y las personas. No cayeron pocas de aquel debut (en lp)  y de hecho abrieron fuego con “tell it to the church on Sunday” para seguir desgranando ese material con la animada ”run dusty run” y la joya de la corona “Ivory tower”. También escuchamos temas de otros discos como la coreada “lights of downtown”, “Gunslinger man” o “you just can´t ride boxcars anymore”, ésta última a cargo de la portentosa voz del bajista Tom Stevens, que cantó la voz principal en un total de cuatro temas.

Hay quien opina que los mejores temas son los que Stephen McCarthy lleva la voz principal, y es cierto que canta muchos de los hits como la super country “(sweet) mental revenge” o el rock alternativo de ” i had a dream”, pero las que lidera Sid Griffin no se quedan demasiado atrás: por ejemplo “final wild son”, en la que cruzan a los Flying burrito brothers con el primer Dylan eléctrico y el resultado es acojonantemente bueno.

También destacable la versión azucarada del “i want you bad” de los siempre vigentes Nrbq, así como el esperado “looking for Lewis and Clark” con el que se despidieron en el bis. El día fue muy completo y la noche se nos hizo corta, pero asistimos a un evento único (se reunía la formación original de Long Ryders tras separarse a finales de los ochenta) en el que la música y la causa eran los puntos más importantes de todo el asunto. Esperamos que se repita la hazaña el año que viene.

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En: Crónicas

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