The Raveonettes @ Kafe Antzokia 22/02/2013

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La crónica más complicada (y no importa si hablas de un libro, un disco, una película o un concierto) es aquella que se hace sobre algo mediocre. Cuando no hay ni pasión ni ira contra aquello de lo que vas a hablar y lo único que puedes decir es que “ha estado bien”, ahí surgen los problemas porque lo destacable no tiene suficiente fuerza y lo malo no es lo suficientemente horroroso. Pero a veces pasa. En este caso ha ocurrido con el concierto de los daneses The Raveonettes el pasado viernes en el  Kafe Antzokia bilbaíno.

No fue un mal concierto, pero tampoco creo que fuese uno de esos conciertos que cambian la vida de nadie, fue un show intrascendente perpetrado por un grupo que, como demostró al final (el final fue bueno, pero ya llegaremos) podía dar mucho más de lo que dio. Los primeros compases, pausados, con temas melódicos de la banda como Hallucinations, Blush, Apparitions o las novedades The Enemy y Observations no auguraban lo que vino luego y resultaban demasiado lentos para un concierto un viernes por la noche en una sala en la que tienes que estar de pie. Prueba de ello era que gran parte de la primera fila pasó un buen rato sentada en las escaleras.

Y no fue un problema de las canciones, She Owns The Streets es una de las más destacables de su último disco (Observator, 2012), ni de los propios Raveonettes, que lo dieron todo en el escenario (especialmente él), el problema fue el propio concierto, al que le faltaba energía. Y no fue hasta su temazo, Love in a Trashcan que la cosa empezó a mejorar y a resultar menos fría y más apasionada, cuando ellos empezaron a divertirse más y el público (que a pesar de todo había intentado estar animado y activo desde el primer minuto) comenzó a pasárselo de puta madre. El potente dramatismo y el poderoso ruido que son capaces de crear los Raveonettes no terminó de surgir del todo hasta los últimos compases del concierto, con Attack of the Ghost Riders, My Tornado y especialmente con Aly Walk With Me, posiblemente la mejor canción del concierto, un cierre espectacular, destructivo, ensordecedor y jodidamente apasionado que levantó los mayores aplausos entre los asistentes.

Los bises, aunque breves siguieron esa línea con Heart of Stone que se encontró el problema de abrir los bises tras la despedida y terminó sabiendo un poco a poco, y con un cierre tremendo con uno de los temas más cañeros y destacables de la banda cómo es Cops On Our Tails. Un final que en cierto modo compensó el inicio y que ayudó a que la sensación generalizada fuese positiva. El problema, o más bien lo que cabe preguntarse, es si toda esa fuerza compensa las casi doce canciones anteriores, si esas buenas vibraciones del final pesan más que ese principio lento y aburrido. Al fin y al cabo si podían hacer lo que hicieron al final, eso podía haber llegado mucho antes.

No fue un mal concierto, pero tampoco fue algo tremendo (y la sensación fue que podía haberlo sido). “Estuvo bien”. Y ya.

Texto: Cosme Gumuzio

Fotos: Helena Goñi

En: Crónicas

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