The Drones + Inoren Ero Ni

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@ Kafe Antzokia 19/07/2014

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Esa noche el público se lo tomó muy tranquilamente y tardó en aparecer, haciendo que pensáramos durante un rato que aquello iba a ser un fracaso de asistencia ya que contándonos a nosotros estábamos menos de diez personas en la sala bilbaína. Según aparecieron los teloneros en escena la cantidad de personas se cuadruplicó, y para cuando terminaron el set la sala ya estaba a rebosar. Se trataba de Inoren ero ni, cuarteto gipuzcoano con vocalista sobrexcitado incluido, que durante algo menos de una hora soltaron lastre del bueno, con originales melodías y con algunos puntos en común en sonido con la banda a la que nos habíamos acercado a ver.

Los australianos The Drones no se trajeron a la reciente incorporación que acababan de hacer al grupo (el teclista), y sustituyeron al batería Christian Strybosch por otro tipo, sin saber nosotros porqué. Aún así cumplieron, porque ésta es una de las más interesantes bandas de rock experimental de la última década y tienen sobradas cartas para ofrecer un show impactante, psicodélico pero nunca ordinario. Eso es lo que son para mí, una banda de rock experimental que va a lo suyo, y que así sea por mucho tiempo. La declaración de principios que supuso el primer zarpazo de la noche (traducida “ella tuvo un aborto por el que me hizo pagar”) ya estaba llena de la idiosincrasia drone, esto es, filosofía realista aunque nihilista y un buen puñado de distorsión envuelta en poderoso riff que a nadie con sangre en las venas dejó indiferente.

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También sonaron temas de su reciente disco (caso de la más pausada How to see through fog) acompañada de dos clásicos del primer disco con el que despuntaron hace casi diez años: éstas fueron la intensa y aún emocionante Shark fin blues  (favorita del público) y la beoda Locust, ésta última con aires a Tom Waits y sus desesperanzas. El guitarrista Dan Luscombe nos hablaba cada cierto tiempo y trataba de animar al entregado público, mientras la bajista Fiona Kitschin hipnotizaba con sus riffs de bajo y con su atrayente imagen descalzada. Gareth Liddiard estaba como siempre pendiente de hacer chillar, llorar y gemir de placer y dolor a su guitarra en cada momento, así como desgañitándose con los gritos de las historias turbias que iba desgranando.

The Drones no son , para nada, un grupo de hits. Ni siquiera de un sólo hit, pero parece que la que dejaron para el final es de las que más se acerca a esa categoría. I don´t ever want to change explotó con rabia y razón sobre un público al que le iba la adrenalina y al que no iba a ser fácil engañar: The Drones son lo que son, usan el noise-rock y el punk-blues para expresar sus variados sentimientos y ese es su trabajo en ésta vida. Y os puedo asegurar que se les da de puta madre. Estábamos charlando entre nosotros cuando Luscombe reapareció en escena para anunciar porqué no podrían volver para un bis. Por el ruido no pudimos entender si se trataba de un problema técnico, si alguno de ellos se había pasado con la dosis de psicodélicos o si echaban su película favorita en ese momento. Nos dio igual, la esencia la habíamos pillado.

(Fotos: Marta Bravo)

En: Crónicas

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