The Blasters + Phantom Four

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Redactor: Jon Bilbao

Fotos: Marta Bravo

Blasters Bilbao

 

Los cuatro fantasmas de Amsterdam saltaron a las tablas y durante cuarenta y cinco minutos tocaron surf rock con pausada elegancia cuando era necesario y derrochando fiereza cuando así lo pedía el tema. O todo en una misma canción, porque tienen bien sabido que las variaciones de intensidad dejan una inefable sensación de familiaridad en el que escucha. Los chicos de Phantom Four bajaron al final de su bolo a tocar a la (cada vez más cuantiosa) audiencia y se despidieron con una ovación digna de un Dick Dale de paso por el Azkena.

Otros cincuenta y cinco minutos después aparecieron The Blasters en el escenario, Phil Alvin fumando un cigarrito y sus cuatro compinches (dos de ellos, bajo y batería, Blasters originales) de lo más tranquilos. Para ellos, que están de gira, será normal tardar casi una hora en salir (en lugar de los quince-veinte minutos reglamentarios) siendo esa noche en particular una perra noche de domingo, pero para casi todo el resto de los mortales eso no hizo sino pausar un poco las ansias, incluso la de los tipos con tupé que pululaban por la sala.

Blasters Bilbao

 

Aún así los Blasters son muy admirados por cualquier amante del rock de forma que el silencio se rompió con unos efusivos aplausos, y en pocos segundos ya estaban lanzando American Music, tema de su primer disco (de idéntico título), con el mismo brío y desenvoltura que en 1982. No se me había presentado la ocasión de verlos en directo, pero lo que auguraba fue lo que encontré. Clasicazos instantáneos de rockabilly infeccioso ochentero pero con inequívoco regusto cincuentero como No other girl o Border Radio sonaron por la desbordante garganta del hermano mayor Phil (el menor, Dave, dejó el grupo en 1986 y tocó con ellos en 2002) y por la guitarra de Keith Wyatt (nuevo sustituto en las seis cuerdas), además del tema que apareció en Abierto hasta el amanecer, más que apropiada para una noche de esas tesituras: la aterciopelada Dark Night.

También sonó la perfecta I´m Shakin´ (original de Rudy Toombs y popularizada por los Blasters en su segundo, homónimo, disco) con esos clasicos parones y su inparable beat que sólo los grandes saben imprimir a un tema. Versionaron también al bueno de James Brown (“Hace dos años perdimos a James Brown y la vida ya no es la misma”, proclamaba Phil) con el imperecedero, soulero canto/ruego al amor que se fue o se enfrió, Please, please, please, e incluso dedicó un tema a su hermano y antiguo compañero de banda, Dave Alvin. Tocaron un bis y se marcharon. Durante casi dos horas fue como si el Eyjafjalla hubiera soltado lastre en la concurrida sala.

En: Crónicas

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