Stiff Little Fingers dejan huella en unos pocos y para el resto de mortales pasan desapercibidos

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Kafe Antzokia, 26-11-2014

Fotos: Marta Bravo

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Si conoces a éste grupo irlandés probablemente sepas de su importancia histórica en el punk rock y del poco espacio que hay dedicado a ellos en los libros sobre el género. Pasa con algunos de los grupos más grandes a nivel artístico: dejan huella en unos pocos mendas y para el resto de mortales pasan desapercibidos como gotas de lluvia sobre el mar. Así suele ir la vida.

Éste ha sido el concierto de punk-rock en el que mejor me lo he pasado, y eso que tuve la suerte de ver a estandartes como Bad Religion o Buzzcocks en su día. Aparte, y sin exagerar, Burns y los suyos facturaron anoche uno de los mejores bolos que he visto en mi largo recorrido por las salas de conciertos, independientemente del género musical. Su show emana energía honesta y eso parece que siempre contagia; sus canciones son gritos a la libertad que demasiadas veces vemos coartada por unos tipos que, no sabemos muy bien cómo, manejan el cotarro. Como esa incial “Wasted life”, de su  debut de 1979, que puso a todos los allí presentes a corear como si no hubiera un mañana.

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Interpretaron pocos temas de su último álbum (el décimo de su carrera, en estudio), entre otras “throwing it all away”, “when we were young” y “full steam backwards”, que como comentó Jake Burns trata de cómo todos intentamos ahorrar y los bancos y otras entidades nos joden a base de bien. De las novedades también hay que destacar “my dark places” de la que Burns dijo que cuando la compuso estaba bajo los efectos de la depresión y que pensaba que sería su última canción. Por suerte no lo fue, y el motivo podría ser que la canción tiene la fuerza necesaria para  que exorcicemos nuestros demonios interiores. Más aún cantándola sobre las tablas. Uno de mis momentos favoritos de la noche fue cuando se lanzaron sobre “not fade away”, aquel tema entre punk-pop y rock alternativo que aparecía en su tercer lp y que, mirando ahora atrás, supone el puente perfecto entre Buzzcocks y Husker Du.

No prescindieron de los habituales  (aunque controlados) sonidos reggae de los que hacen uso, y primero con “doesn´t make it alright” de The Specials (de la que comentaron que quisieron grabarla primero ellos pero los Specials les ganaron en rapidez) y después con el ya clásico “roots, radicals, rockers & reggae” de Bunny Wailer pusieron a bailar a todo dios haciendo que se formara un discreto aunque presente pogo. Con “Strummerville” homenajearon a uno de sus héroes, el avispado Joe Strummer, y otro momentazo del bolo fue cuando sonó “barbed wire love”, con esa gloriosa parte central en la que de pronto pasan del punk-pop al doo-wop y hacen que sintamos que estamos en 1959.

“Suspect device” cerró el setlist y en breve regresaron con “at the edge” y la obligatoria “alternative ulster”. Los cuatro (con dos miembros originales, Burns y el bajista Ali Mc Mordie) hicieron justicia histórica a una banda necesaria, entonces y hoy día, y dejaron su reputación muy alto. Dónde, por sus logros, merecen estar.

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En: Crónicas

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