Steve Winwood

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Steve Winwood

 

Entré 9 minutos tarde a la sala Rock Star Live pensando que la cosa estaría a puntito de empezar. Pero qué va, este es inglés y por eso ya estaba enfrascado en la melodía cuando le ví trás su mítico órgano Hammond. Además de Steve Winwood, sobre el escenario había otros cuatro mercenarios: un batería, un guitarrísta, un percusionista y un tipo que tocaba tanto la flauta como el saxofón, dándole el aire que decidían a cada canción. Un poquito de soul, rock, psicodelia, rythm & blues o lo que les viniera en gana. Bien prontito tocaron el clasicazo de Blind Faith Can´t find my way home, una canción que ya estába adherida a la corteza de mi cerebro como una canción clásica, empática y de una belleza inconmensurable.

 

Los primeros pinitos de Steve Winwood en la música fueron como músico de sesión para grandes del blues cuando contaba con tan sólo 15 años. En seguida pasó a formar parte del Spencer Davies Group, motor que le sirvió de empuje para mostrar sus habilidades compositivas así como para ser comparado vocalmente con el mismísimo Ray Charles. Luego formó Traffic y cambió el rumbo de la música en menos de dos años, como Eric Clapton con Cream. Y en el verano del 69 prestó su voz y sus habilidosos dedos pianísticos al supergrupo formado por Clapton y Ginger Baker (entonces recién separados de Cream) y Rick Grech (del grupo Family). Y luego toda su discografía en solitario. Un buen currículum y una buena salud se trajo el inglés de 61 años que no paraba de pasar del Hammond a la guitarra y viceversa.

 

El tema a lo Peter Gabriel Higher Love despertó a esa parte del público que siempre está dispuesta a corear y a sentir la melodía. Hubo muchos temas largos, como uno que duró más de 15 minutos con presentación de músicos incluída, y diversas jams que estiraban sin cortarse un pelo. Por momentos la banda me recordó a los esenciales Booker T & The MG´S en los temas que, como en los de los MG´S, se prescinde de la voz para centrar la atención en el discurrir y en lo sorprendente de una melodía.

 

Un grupo sin bajísta se trajo Steve Winwood, algo increíble. Aún así debo decir que con su amado órgano nos hacía una base tan llamativa y atrayente que no se precisaba de más hilos para seguir. En los bises supo cerrar a lo grande, como un señor. Porque todo el que se acercase al concierto sabiéndo algo sobre él conoce esa canción. Porque es de las mejores de Traffic; con una estrofa que deja sin aliento y con un solo que creó escuela en su día. En el concierto de anoche demostró con creces que sigue teniendo también la mano ágil para las seis cuerdas (lo del Hammond es ya de tocarlo con los ojos cerrados).

 

Se despidió definitivamente con el antiquísimo trallazo que lo popularizó de adolescente: el archiconocido Gimme some lovin´ arrasó con la sala y nos mostró a un Winwood dispuesto a defender lo que hizo hace 44 años. Con ganas y con la pesada carga que supone ser un genio que está a medio reconocer.

 

Texto: Jon Bilbao

Foto: Maialen Bedia

En: Crónicas

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