Shooter Jennings @ Kafe Antzokia 8/03/2014

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Cuando a principios del 2002 la leyenda del country Waylon Jennings exhaló su último suspiro su hijo (entonces veinteañero) ya tenía grupo, Stargunn, pero aún andaba Shooter no demasiado cerca de encontrar su sonido. Su padre no pudo verle triunfar como country rocker, pues no publicó su primer álbum en solitario hasta tres años después, pero seguro que de haber sido así se hubiera sentido orgulloso y no sólo complacido. Porque lo que consigue el vástago de Waylon con uno de sus conciertos es, por un lado, destacar como notable compositor e intérprete de country, pero también deja un pequeño espacio para sus temas menos convencionales y de rock más experimental; cumple expectativas, porque rinde tributo a un sonido que desde hace algunos años ya es suyo por derecho adquirido (que aquí no sólo cuentan los genes), además de hacerlo a su manera e incluir canciones que los puristas del country no soportarían.. ni soportaron.

Arranca Shooter y su banda con la cerreteresca  A hard lesson to learn seguida de dos clásicos de sus setlist que datan del lejano y potente Electric Rodeo (2006), éstas son  la Skynyrdiana Gone to Carolina y el medio tiempo Some rowdy women, que contentan a los fans de siempre. Alterna, quizás demasiado seguido, temas explosivamente festivos con baladas y medios tiempos que relajan al personal, sirva de ejemplo los fornidos riffs de  Steady at the wheel solapados en setlist con las lentas pero disfrutadas Old Friend y Wild & Lonesome y vuelta al rock en Mama, It´s just my medicine. Rindió tributo a su padre versionando la sentida Freedom to stay que arrancó más de una sonrisa. Especial mención para la banda acompañante: batería, bajo y guitarra (además de Shooter a la voz y guitarra, y ocasional teclado), formaban un cuarteto que cumplía la inimaginable función de suplir el resto de instrumentos y arreglos que cabían en el disco. Así, prácticamente todos los temas quedaron muy resueltos, especialmente el hitazo Outlaw You, en el que el guitarra solista cambió los solos de violin por los de guitarra eléctrica y a todos nos sonó de lujo. Quizás fue 4th of july (la canción más conocida de Shooter) la que menos lucida quedó en el ámbito instrumental, un poco incompleta, pero como muchos ya estaban metidos en harina coreando a viva voz la cosa siguió adelante.

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Una pega, que si hablamos de lo estrictamente musical no es problema, fue que ni Shooter ni ninguno de los músicos comentó nada por el micrófono más allá de los clásicos “Thank you very much” o “This song is called..”, que se podría achacar a una falta de interés por comunicarse con el público de forma oral. Pero en realidad, hasta Bilbao se vinieron a comunicar a través de música, ese es su oficio y no habría que pedirles mucho más, menos aún sin controlar nuestro idioma. Lo que siguió fue acertado y estuvo centrado en su último trabajo: The outsider, Other Life o la sobresaliente The white trash song pusieron, primeramente, fin a la noche. No se hicieron de rogar demasiado y para el bis optaron por empezar mostrando otra cara de la moneda que torció más de un morro entre los cerrados de mente del country. Peor para ellos. Porque, sí, el disco Black Ribbons no es de lo mejorcito de Shooter, pero el tema que abría el disco (Wake Up!) se torna esencial en sus bolos para mostrar otra faceta de sus composiciones: mezclando a Pink Floyd con Queens of the stoneage pueden salir temas interesantes como éste, con mensaje de precaución social incluido. Manifiesto 1 y The Gunslinger pusieron fin definitivo a la velada, con desconstrucción a lo jazz rock en los últimos minutos del bolo. Un pase muy completo que, desde luego, valió la pena. (Fotos: Jon de Areta)

En: Crónicas

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