Max e Igor Cavalera + Crisix @Santana 27

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De acuerdo con Keith Kahn Harris, sociólogo y teórico cultural especializado en cultura popular, y en particular en música metal, el grupo de thrash (o death) metal (dentro de la escena metal extremo) conocido como Sepultura; se puede ver como uno de los primeros ejemplos de “glocalización”. Muchos filósofos de la música y musicólogos han hablado de que la característica principal de la música es su maleabilidad lo cual permite que sea un producto de consumo global.

La música se exporta e importa de un lugar a otro. Rap se puede escuchar tanto en el Bronx, barrio de Nueva York, como hasta en Fuentepinilla, municipio de Soria. Como bien dice Harris (2000) gracias a la maleabilidad de la música se crean y diseminan nuevas formas musicales. En nuestra era globalizada esto permite procesos de apropiación y sincretismo.

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Sepultura es uno de los primeros ejemplos de “glocalización”: de pensar globalmente y actuar localmente y además de encarnar todas sus paradojas. Sus primeros años de carrera que implica su EP Bestial Devastations (Cogumelo Produçoes, 1985), su álbum Morbid Visions (Cogumelo Produçoes, 1986) y su álbum Schizophrenia (Cogumelo Produçoes, 1987); se realizaron y produjeron, en todos los sentidos, en Brasil. Solo giraron por Brasil, se grabaron en estudios de Brasil, con productores brasileños, sin embargo, como bien dice Harris (2000); en ningún momento su música expresaba nada “brasileiro” y además cantaban en inglés.

Todo esto cambió en 1996 con su álbum Roots (Roadrunner Records). La banda ya estaba asentada en Phoenix, Arizona (EE.UU.), grabaron el álbum en estudios fuera de Brasil y los distribuyeron con un sello discográfico que no era brasileño. Sin embargo, el concepto del álbum y su temática es enteramente “brasileiro”. Incorporaron folclore afro-brasileño, colaboraron con el pueblo amerindio Xavante y el percusionista Carlinhos Brown (la colaboración que más me impactó conocer en su momento, porque era fan de House of Pain, fue la de DJ Lethal).

La mirada global desde lo local que caracteriza la carrera de Sepultura no tiene una fácil explicación. Max e Igor, los hermanos Cavalera: voz/guitarra y batería, respectivamente; vienen de entornos difíciles. Su padre falleció cuando eran muy jóvenes y tenían que ayudar en la economía doméstica porque su madre no podía llegar a fin de mes. Y esto determinó que los hermanos Cavalera abandonaran pronto la escuela. La música es muy probable que sirviera para ellos para trascender y evadirse de las circunstancias personales y locales y miraran al mundo entero.

Roots, sin ninguna duda, es una obra maestra de principio a fin. El concepto del álbum se centra en la tradición y la comunidad, así como en la opresión que ha caracterizado la historia de Brasil. Sus letras hablan de una agonía y lucha constante. “We’re growing stronger everyday, stronger in every way’ (“Roots bloody roots”) y a pesar de ello “‘These roots will always remain’ (“Born stubborn”). Las guitarras suenan al revés (Un MI es Si o un RE), y si hablamos de los patrones rítmicos de la percusión, son una locura, directos al latido del corazón, y lo que es más importante, a tu cerebelo que controla tu movimiento. Usaron equipos analógicos e instrumentos de origen afro-brasileño como el “birimbao” o “yembe” además de latas y surdos.

De manera sorprendente en diciembre de 1996 Sepultura se disuelve. Max se marcha, pero regresa con un disco y banda homónima Soulfly. Posteriormente, en 1998 Sepultura saca el álbum Against (Roadrunner) con Derrick Green de origen afro-americano en las voces. Todavía siguen en activo, pero con solo uno de sus primeros integrantes, Andreas Kisser. Hasta ahora. Veinte años después podemos volver a disfrutar de Max e Igor Cavalera tocando juntos un disco que supuso un antes y un después en el metal moderno y que trascendió sus límites para llegar a un público mayoritario.

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Apertura de puertas del espacio polivalente Santana 27 a las 20:00 horas. Nunca he visto una cola de personas dar la vuelta a la esquina del edificio para entrar. Conté tres autobuses venidos de diferentes lugares. Si digo que estaba hasta la bandera no es ninguna exageración. Actuación del artista invitado, Crisix, a las 20:30 según el programa, pero fue unos 20 minutos más tarde. Crisix es una banda de trash metal procedente de Igualada, Cataluña. Muy divertidos de riffs y ritmo trepidante, como dice su leitmotiv Ultra fucking thrash!… Sueltan globos en prácticas mosher, como wall of death, y el guitarra bajó del escenario para situarse en medio de un circle pitt. Canciones que interpretaron fueron “Psycho crisix world” de su álbum From Blue to Black (Listenable Records, 2016), “I.Y.F.F.” de su segundo álbum Rise…Then Rest (Kaiowas records, 2013) o “G.M.M. (The Great Metal Motherfucker)” también de su último álbum. Si estas son las condiciones de la escena metal extremo estatal no tenemos nada que envidiar a centroeuropa o USA. Del metal extremo como un paso más allá del heavy metal me sorprende por venir de fuera de su subcultura su estética oscura, las temáticas líricas con referencias a la muerte, satanismo y algunas veces con mensajes violentos que en el campo político abrazan posiciones hasta neo-fascistas (sé que no todo el campo es orégano, sobre todo porque Sepultura con su discazo Roots si es algo políticamente hablando, es comunitarista).

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Y la hora esperada. Sepultura o Max e Igor Cavalera a escena.

Muchos pueden decir que ya no son lo que fueron, que Max está fondón, que intentar interpretar un disco como Roots veinte años después es un despropósito, porque no se va a estar a la altura…. que se han echado a dormir en los laureles o que simplemente retoman una gira juntos los hermanos Cavalera tocando su gran disco Roots para pasar por caja…  Pueden tener razón. Pero no me podrán negar que el día 5 de noviembre en la sala Santana 27 tuvimos lo más parecido a lo que fue. Por otra parte, estas críticas son un poco injustas. Sin Sepultura la escena del metal extremo global no sería lo que es.

La conspiración de los hermanos Cavalera hicieron la intro de Roots y sonó  “Roots bloody roots”. Max cogió el birimbao y tocaron “Attitude”, “Cut throat”, intro y “Ratamahata”… una locura. Le siguió “Breed apart”, “Straighthate”, “Spit” y la intro para “Lookaway” con su característico sonido Korn. “Dusted”, “Born stubborn”, no puedes huir de lo que eres, “‘These roots will always remain’, dice su letra. Igor materializó un solo de percusión con “Itsari”, “Ambush”, “Endangered species”, “Dictatorshit”. “Procreation of the wicked” (versión de Celtic Frost) y una cover tributo  a Lemmy de Motorhead, “Ace of spades”, para acabar con la versión rápida de “Roots bloody roots”.

Sin palabras.

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En: Crónicas

Acerca del autor

Aníbal Monasterio Astobiza es licenciado en Filosofía por la Universidad de Deusto (2003), Máster en Psicología Social por la Universidad del País Vasco (2010) y Doctor en Ciencias Cognitivas y Humanidades por la Universidad del País Vasco. Le gustan los huevos fritos y las patatas fritas.

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