Ray Davies + George Clinton: Parliament/Funkadelic

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@ Jazzaldia (Donostia) 23/07/2014

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Escribir sobre música puede llegar a ser muy desagradecido o el mejor trabajo del mundo, según varios factores y, sobre todo, en base a la propia actitud del plumilla de turno. Haber podido asistir el miércoles pasado a un evento histórico como el que nos ocupa sólo puede traducirse como algo positivo, genial poder contarlo y sublime haberlo presenciado. El primer concierto, el de Ray Davies, cubría parte de la mejor música creada en los 60, mientras que el  de George Clinton tenía como cometido cubrir la década posterior, en la que junto con sus dos bandas publicó un buen montón de discos que, además de sensacionales iban a ser influencia de muchísimos que vendrían después. Teníamos claro, pues, al llegar a la playa de La Zurriola que estábamos ante un doble show muy especial, con mucha historia detrás y con canciones que de por sí ya definen y describen a varias generaciones.

Ray_davis_02Ray Davies (ex líder de los Kinks) apareció en escena jugueteando con su riff más conocido, sólo por despistar, y pocos segundos después ya sonaba la potente I need you, seguida de Where have all the good times gone, con la que Davies ya empezaba a sentirse en su salsa y a saltar por el escenario. I´m not like everybody else (esa joya del garaje rock) hizo acto de presencia para deleite de los más declarados fans de la banda inglesa, y desde ese momento no dejaron de sonar hits de los incluidos en sus discos y recopilatorios: sunny afternoon, tired of waiting for you, la sátira dedicated follower of fashion, till the end of the day con su efectivo riff o la psicodélica see my friend. Davies que (según vimos) a sus 70 años está en plena forma para dar bolos, recomendó que nunca olvidásemos de dónde venimos, justo antes de lanzarse sobre la balada Long way from home y de encarar la parte final del show.

Con Celulloid héroes y sus historias sobre actores demostró haber sido el puente perfecto entre Dylan y Bowie, mientras que con el inicio a capella del Days emocionó a unos cuantos. Y es que ésta y otras canciones pudieron servir de demostración para los que creían que los Kinks sólo fueron una buena y precursora banda de garaje rock, porque con los años continuaron evolucionando y a finales de los sesenta y durante los años setenta continuaron entregando buen material. Uno puede ser consciente de ello al escuchar el tema que sonó a continuación, Lola, coreada hasta la saciedad. La más famosa de las muchísimas que posee sirvió para cerrar el set, ésta fue You really got me en una versión completa y original: lo que hicieron fue comenzarla en clave swing e ir subiendo volumen e intensidad poco a poco hasta finalizarla como el tema de hard rock que es. El bis se compuso de dos canciones, primero la perfecta Waterloo Sunset (iniciada sólo con guitarra y voz) y después la stoniana Low Budget, con la que desaparecieron de escena. Éste fue el tema más nuevo que tocaron, de 1979, pero es que con un catálogo de oldies tan jodidamente grande, rico y frondoso como el suyo, quién necesita de nuevas composiciones?

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Una hora después del final del repertorio Kinks llegaban a escena parte del colectivo P-Funk, entre ellos Michael “Kidd Funkadelic” Hampton, que lleva en el grupo desde hace cuarenta años. Calentaron con una versión aún más rockera de I bet you, su clásico de 1970, y en seguida pudimos ver al maestro de la ceremonia, George Clinton, que iba dirigiendo a los técnicos de sonido para que subieran o bajaran tal o cual instrumento. Y lo cierto es que los técnicos no anduvieron nada finos, demasiadas voces, demasiados instrumentos para ecualizar y por su parte muy pocas luces. En la que más se notó fue en el clásico de Parliament Flashlight, en la que lo que más se escuchaba fueron las voces y la base rítmica, dejando totalmente aniquilada la parte de guitarras y teclados, tan importante para que la canción tuviese su color.

Durante la noche también sonó Stuffs and Things, así como muchas de las canciones de siempre de las dos bandas (Parliament y Funkadelic, por si no había quedado claro) que estiraron en una suerte de jams bailongas pero repletas de efectos guitarreros rockeros y psicodélicos. Escuchamos  P. Funk (wants to get funked up), la versión Sentimental journey cantada por una de las coristas y una sobresaliente y alocada revisión de One nation under a Groove, alargada hasta límites insospechados pero desde luego placenteros. En ésta última Garrett Shider, hijo del mítico “tipo de pañales de Funkadelic” Garry Shider (fallecido hace cuatro años), estuvo jugando con el público a pregunta respuesta, pero no de esas que cansan y aburren, no, él se dedicó a decir que repitiésemos la palabra “amor” dentro de un ritmo que los más metidos en el groove (la gran mayoría) de verdad disfrutamos. También tuvimos bajón rítmico con la esperada Maggot brain, el glorioso instrumental en el que los punteos y los chillidos del agitado público se confundían en perfecta armonía.

funkadelic_02Night of the thumpasurous people sorprendió, y aún más lo hizo Bounce 2 this, entonada con fuerza y mucho ritmo por Kendra Foster e incluida en el anteúltimo álbum del colectivo, de hace nueve años. No hicieron bis pero no había necesidad. Se despidieron con un Atomic dog del primer disco en solitario de Clinton y se marcharon por la puerta grande, habiendo ofrecido un show cargado de buenos grooves y grandísimas canciones. La mala ecualización y los contados fallos vocales de algunos coristas no se cargaron las dos horas de show, ya que por un lado fueron dueños de un loco setlist de hierro y por el otro, lo que cuenta en los bolos del P-Funk es la pasión y la diversión, y de eso iban sobradísimos. (Fotos: Marta Bravo)

 

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