Quique González y Los Detectives @Kafe Antzokia,12-05-2016

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Con un nuevo álbum tan interesante como el que publicó Quique González el pasado mes de marzo (Me mata si me necesitas) éramos muchos los que en los últimos tiempos demandábamos otra visita del madrileño a nuestras tierras. Ya había girado por aquí hacía año y medio acompañado de Don Ignacio Lapido y dejando una excelente sensación de triunfo, pero ahora tocaba dar salida a sus más nuevas composiciones, y por eso las tocó todas. Diría que el show se dividió en cuatro partes, y fue en la primera y tercera en las que soltó esas nuevas piezas, con especial mención a la potente sangre en el marcador, la esperadísima Charo (con la colaboración de Nina, la corista de su actual gira), o no es lo que habíamos hablado, que regala la frase “vivo en un país enfermo que se muerde las uñas”. ¡Ah! pero no hay que olvidar la que cierra éste último trabajo y que finiquitó el concierto antes de los bises: la casa de mis padres, que supuso uno de los mayores puntos emotivos de la noche.

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El estilo detectivesco estaba representado a través de un sobrio aunque elegante montaje compuesto de farolas y una oficina con siluetas de sombras; los músicos estuvieron de sobresaliente, a pesar del dolor de espalda del guitarrista y del momentáneo error que cometió la vocalista Nina al confundir parte de la letra en la preciosa de haberlo sabido. No importa, todos somos humanos y tampoco fue nada desastroso. Se vio disfrutar al personal especialmente con ¿dónde está el dinero? (y aún nos lo preguntamos: ¿dónde coño está el dinero?), Kid Chocolate y la sección que interpretaron del disco Salitre 48, del que ahora se cumplen quince años de su publicación. Tarde de perros, la ciudad del viento o la propia Salitre (sin violín y en versión rockera) fueron algunas de las escogidas para celebrar esa efeméride.

Muy acertada me pareció la decisión de dotar a su canción tenía que decírtelo (una de mis favoritas) de cierto aire blues y soulero, con Nina haciendo las voces de portentosa vocalista negra y con un solo de mandolina acompañando al conjunto. Después, hasta dos bises. El primero compuesto de cuatro canciones, de las que destacaría su día libre, y en el segundo rescató tres canciones, finalizando la velada con la pausada, fronteriza y reconfortante Dallas-Memphis. Tras éste show se puede afirmar sin atisbo de duda que Quique González está en uno de sus mejores momentos; ésto se notó en la música y se notó en la actitud, pues a día de hoy vemos al cantautor fluyendo cómodo a través de sus grandes melodías, sin ningún miedo y con una gran convicción que contagia.

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En: Crónicas

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