Perfect Night (tributo a Lou Reed) @ Kafe Antzokia

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Con la muerte de Lou Reed ha ocurrido lo que suele ocurrir en muchos de estos casos: medios generalistas que prácticamente no sabían de su existencia (o que al menos no le hacían ningún eco) ensalzan en extensos artículos las proezas del poeta de Nueva York. Es el debate de siempre: o nos jode que ocurra eso y lo vemos como injusto, o bien se puede ver como una ironía que pone a Lou en el mapa musical actual, para que pueda dar aún más por saco desde el otro barrio.

Pero ésta iniciativa se ha celebrado dentro del ya aclamado “Izar & Star”, y ha contado con fans y estudiosos del mundo de Mr Reed: o sea, pedazo invitados de lujo y con una propuesta nada manida. Además de postre teníamos tres pinchadas de categoría: Iñaki Orbezua (Hanky Panky), Eduardo Ranedo (Ruta 66, Radio Euskadi) y el mítico Ignacio Juliá (Ruta 66), lógico que las entradas se encontraran del todo agotadas. El escritor vasco Kirmen Uribe, por ejemplo, tradujo algunos de los temas del americano al euskera y los recitó; sin música en el caso de Candy says y acompañado por los acordes del músico navarro Petti (y sus loops) en la certera Dirty Boulevard. Aunque la programación de esos loops tropezó en ciertos momentos iniciales, finalmente lo resolvieron sin problema y el público coreó aquel tema candidato a favorito. Petti tocó él sólo (ayudado por guitarra y voz) la versión (también en vasco) de una de las razones por las que amamos el disco New YorkRomeo had juliette. Justo antes había dado la salida Mursego, a los que no llegué a tiempo, pero de los que me comentaron que facturaron un fantástico set muy a su aire en el que tiraron de rotundos clásicos: I´ll be your mirror, Walk on the wind side y la tenebrosa Venus in furs. Una pena no haberlo presenciado.

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Sonic Trash salieron para recordarnos que ellos también sienten muy dentro las melodías de Lou y lo hicieron inmejorablemente con la fresca Hangin´Round del disco Transformer, continuada por un setlist que a partir de ahí empezó a animar mucho más a la peña; fueron los disparos de Run run run, Here she comes now o White light white heat los que dieron cuerda a gran parte del público. Justo en ese momento me encontraba pidiendo en la barra y dio comienzo la deconstructora  Heroin, que me recordó las ganas que tenía de disfrutarla en directo, desde aquella lejana tarde en la que a los 15 años esa canción me voló por primera vez los sesos. Rafa Berrio salió al escenario con su banda y su carisma, y sin yo saber demasiado del tipo me parecía que iban a ir a por el  Berlin, y sí. Caroline Says (primera parte), How do you think it feels y el apoteósico final con Sad Song dejaron buen sabor de boca y esparcieron incluso el buen rollo, a pesar de la sombría temática que estaban tratando.

Seguidamente tuvimos a la gente de Hermana Raya sobre las tablas (con miembros de Lisabö y Atom Rhumba) para reproducir un pedazo del tema de Jonathan Richman, titulado Velvet underground . Tras eso se lanzaron sobre el experimento que anunciaron que realizarían: 4 baterías, dos guitarras y un bajo para atacar la locura sónica que compone Sister Ray. En mi opinión podrían haber sacado más partido a las cuatro percusiones, pero cierto efecto sí que causó. Y salen We are standard para poner el broche final a una noche perfecta. Comienzan a su rollo con Oceans y continúan con la hipnótica  All tomorrow´s partys. Baladón con la eterna Pale blue eyes y un Waiting for the man (de la que comentaron que habían prometido no volver a interpretar, pero que esa era una noche especial) que tuvo fuerza suficiente para cerrar la noche con gran satisfacción. Ahora algún que otro “pero”, según se mire.

Entre las actuaciones, por lo general, pasaban unos 15 minutos de reloj, que a los que lo estábamos pasando bien nos daba un poco igual. Cierto es que no era un macro concierto de tributo, sino varios conciertitos, de cada grupo con su propuesta, y en ese sentido es lógico que tuvieran que preparar cada set, pero una buena idea hubiese sido economizar medios compartiendo parte del material (es que cambiaban hasta cables y micros!), cosa que no ocurrió y ralentizó bastante el bolo. Pero teniendo en cuenta que ésta era la gran noche de Lou Reed y de sus fans, de esta manera había posibilidad de hacer lo que a uno le venía en gana en esos tiempos muertos: reír, beber, hablar, drogarse, tontear.. El setlist general estuvo muy bien: no fue predecible pero sí que rescató algunos “must”, y fue en todo momento una propuesta original y personal. Visto lo visto, y pensando en muchos de los hits y no hits que se quedaron fuera del evento, no sería descabellado pensar en una segunda noche de tributo al poeta, sea cuando sea, seamos quienes seamos, pero con auténtica y contagiosa alegría. (Texto: Jon Bilbao. Fotos: Adriana Magaldi)

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En: Crónicas

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