Paul Collins Beat @ Pabellón Universitario, Vitoria-Gasteiz (19/10/2011)

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“King Of Power pop” (El Rey del Power Pop) se autoproclama el propio Paul Collins en su nuevo trabajo. Ése es su título, pero es que después de todos estos años qué duda cabe de que, ciertamente, lo es. Pongámonos en situación: tras pasar de las baquetas en el grupo The Nerves (los que compusieron la píldora adictiva “Hanging On The Telephone” que después popularizaran Blondie) a la guitarra y voz en Paul Collins Beat, Collins empezó a tomar control sobre su música, con unos discos que (a finales de los setenta y principios de los ochenta) sorprendían al hard rockero y también al punki, pues tomaban un poco de cada lado, sí, pero sobre todo traían de vuelta las guitarras y las melodías del pop de los sesenta. Melodías sin adulterar.

Centrados en el miércoles, Collins salió al pequeño escenario de la Universidad de Vitoria-Gasteiz para, primero, dar una pequeña e instructiva charla sobre lo que es su música y cómo lo que hacen es para ellos rock n roll casero. Justo en el primer acorde el tipo partió una cuerda y hubo que parar el tema unos minutos. Cambió la cuerda al momento demostrando así parte de lo expuesto en sus previas palabras. Tocaron canciones distribuidas sobre todo en el primer lustro de vida del grupo (79-84) como “Let Me Into Your Life”, “Work-A-Day World” o la espectacular “All Over The World” y también temas de sus dos últimos discos, véase la inicial “Rock n Roll Shoes” e incluso la balada “Parlez Vous Francais”. También hubo algo del country rock que le encanta, y con otros temas como “I Don´t Fit In” levantó a parte importante del público.

El guitarrista y el bajista que lo acompañaban son españoles (pertenecientes al grupo Los Protones) y entienden al músico a la perfección: tienen las clásicas armonías vocales y sus instrumentos al servicio del ritmo. Con “Rock n Roll Girl” ya se presentía el final, así que enlazaron ésta con “Hanging On The Telephone y salieron del escenario. Silvamos, gritamos y pataleamos y volvieron para servirnos en bandeja “The Kids Are The Same”, de 1981, dejándonos la inefable sensación de que lo de este tipo no está relacionado con la casualidad.

En: Crónicas

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