Neil Young

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Foto: Marta Bravo

 

Ver a Neil Young en directo hoy día no dista mucho de lo que eran las actuaciones de éste en los 70, los traicioneros 80 o los reponedores 90. Es evidente que cosas como las edades, los diferentes músicos que le han acompañado a lo largo de los años o el nuevo público que, como los de antaño, admiran al viejo cowboy, sí han cambiado. El contexto no es el mismo pero la esencia sí.

 

Habían pasado ya once meses desde que Young aterrizase en España para actuar en el multitudinario parque de atracciones que fué el Rock In Rio (justo después del sosaina de Manolo García) y a los que le vimos por primera vez asaltando un escenario aquella noche, la espera se nos iba a hacer larga. Finálmente salió el nuevo disco de estudio de Mr Young, Fork In the Road, y se supo que un mes después de editarlo pasaría por el Velódromo de Anoeta (San Sebastián), inmejorable propuesta.

 

Vestido como un grunge, salió este señor de 63 años, aunque de alma juvenil, a proporcionarnos lo que de verdad queríamos: emociones auténticas bien facturadas, en forma de canción normalmente. Empezó con el country rock Mansion on the Hill de sus días gloriosos con Crazy Horse, mostrándo a una banda que sabe respaldarle y que sobre todo, sabe hacer que los estribillos suenen muy potentes. Parte del mérito es de Peggi Young (mujer del cantante desde hace tres décadas) que junto con otra corista que suele ir variando (en este caso era un chico joven el que la acompañaba) se unen al canadiense en sus melodías y las elevan.

 

La primera parte del show la compusieron temas clásicos e imperecederos como la cavernícola Hey Hey, My My (Into the Black), la campestre Everybody Knows This Is Nowhere o la brutal Cortez the Killer, así como una electrificada versión del clásico de cara B de este maestro, Pocahontas. También hubo tiempo para un temazo,Spirit Road, de su anteúltimo disco, que nos recordó que su método de composición sigue siendo sencillo pero efectivísimo. Tras el incendiario y chispeante riff de Cinnamon Girl se sentó al órgano y nos habló de la madre naturaleza a través de Mother Earth. Luego, unos cuantos temas del álbum Harvest (1972) enloquecieron a esos fans que únicamente tienen ese disco, así como a todos los demás; porque aunque fuera en su momento su disco más comercial era uno de esos extraños casos en los que la calidad y la comercialidad se dan la mano afablemente. Temas desnudos como The Needle & the Damage Done,Heart of Gold o la eterna Old Man tuvieron una gran acojida entre un set más calmado que incluía la joya de 1992 Unknown Legend, canción que no pude evitar susurrarle al oído a la mujer que amo, a la vez que Young nos la narraba a todos los demás.

 

Entre el set acústico y eléctrico suele usar una canción de enlace, algo medio para empalmar y que no se note tanto la subida de decibelios; esto fue Get Back to the Country, tema rescatado del irregular Old Ways (1985), que resultó ser una marchosa gemma oculta en el cancionero de este señor. Volvió con Down by the River, tema compuesto hace 40 años y que aún así suena fresco y arrebatador; ese fue Neil Young en su apogeo. Luego tocó dos únicos temas del nuevo álbum y el típico Rockin´ in a Free World para acabar. La gente sabía que habría más, así que pidieron por esas boquitas y con esas palmas un merecido bis. El piano con alas que usara por ejemplo en Live Rust (o uno muy parecido) comenzó a descolgarse lentamente y algunos de los allí presentes ya nos avecinamos el huracán. Escogió Like a Hurricane como inmejorable bis y lo soltó con toda la fuerza que aún le quedaba dentro, y como siempre, tratándo de arrancar el sudor de su banda acompañante.

 

Para acabar voy a ser brutalmente sincero: ver a Neil Young con Crazy Horse es de los pocos sueños por cumplir que me quedan, al menos antes de cumplir los 25, y he pensado que además vendría a cuento con eso de los aniversarios y de que llevan 40 años de carrera musical juntos, hacer una gira bajo el nombre de Neil Young & Crazy Horse. Aunque eso sólo sería una excusa, una disculpa para poder disfrutar de la magia de cuando se juntan esos 4 sobre un escenario. Cierto, los músicos de los que se rodea Mr Young son siempre buenos: el batería que llevaba en esta gira era impresionante, el bajista también usaba bien su instrumento aunque le faltara ese algo que imprime siempre Billy Talbot en sus notas y el guitarrísta Ben Keith, bueno, aunque se le note cascado siempre es un perfecto aliado para Young, con quien ha trabajado desde comienzos de los 70.

 

Respeto lo que hace Neil Young. Lo respeto, sobre todo, porque sé o intuyo que cree en lo que hace, y además, hace siempre lo que le viene en gana y eso es admirable. Se monta nuevas bandas y nuevas y diferentes giras cada cierto tiempo, llevando por innumerables carreteras su cargado e impecable cancionero del que ya pocos pueden presumir, además de no parar de crear y no vivir del cuento como otros dinosaurios. Simplemente elogiable es la carrera total de Neil y no hay discusión posible si analizamos la historia de la música, es sólo que sobre el caballo loco yo lo veo además de brillante, cabalgando sobre la cresta de la ola.

 

Texto: Jon Bilbao

En: Crónicas

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