¿Música y drogas, extraños compañeros de cama?

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Más del 90% de los músicos se drogan, o se han drogado alguna vez, me dice la encuesta no-científica que he podido realizar.

Uno de ellos me dice que consume cannabis. Muchos de ellos que fuman tabaco. Más de uno anfetaminas y otras drogas sintéticas. Y casi la totalidad bebe alcohol. No he podido hacer una comparación con otras profesiones, pero podría conjeturar que los músicos son de los que más se drogan. ¿Por qué es esto así?, ¿es porque en la música recalan las personas con mayor riesgo de abusos y dependencia de substancias?, ¿es porque los músicos tienen mucho tiempo de ocio y esparcimiento?

Otra teoría es que la música es una actividad intelectual que requiere un alto componente de creatividad y necesita constantemente traspasar “las puertas de la percepción por utilizar la expresión que da título a uno de los libros de Aldous Huxley. La creatividad es algo que todos llevamos dentro, pero en profesiones que se estructuran fuertemente en la innovación y creatividad, como la música, es una cuestión de vida o muerte encontrar la forma con la que abrir “las puertas de la percepción” y parece ser que las drogas es el atajo más rápido.

La conexión entre la música y las drogas viene de muy antiguo desde los ritos y cultos órficos de la Grecia clásica. Los greco-latinos alababan los poderes mágicos que la música genera y como la intoxicación ayuda a encontrar a las musas para la épica, la poesía y el discurso intelectual (filosofía). Platón nos habló de las fiestas donde el vino corría a espuertas (simposios) y la habilidad de Sócrates para beber grandes cantidades de vino sin emborracharse o como él mismo decía para “embriagarse sobriamente” y alcanzar un conocimiento trascendental.

Años más tarde, digamos miles de años más tarde, la conexión entre música y drogas sigue siendo igual de fuerte. Muchos géneros musicales corren en paralelo a los cambios y tendencias narcóticas de la sociedad. Dime un género musical y te diré su droga e iconografía romántica asociada.

Si dices blues, yo diré whiskey e incluso barbitúricos; si dices jazz o reggae, diré marihuana; si dices punk, digo anfetaminas; si dices rock, diré alcohol (especialmente cerveza), cannabis y hasta heroína; si dices música de club o disco, diré drogas sintéticas. También hasta fuera de las coordenadas de la música popular contemporánea puedes hallar rastro del uso de substancias para activar la creatividad. Beethoven era un bebedor compulsivo y el uso de opiáceos era común entre los compositores de música de cámara del Renacimiento.

 Hendrix, Morrison, Parker, Cobain, Winehouse… y más nombres que podríamos recordar tienen una cosa en común. ¿Hasta que punto las drogas influenciaron su talento y creatividad para bien o para mal?, es otra de las preguntas que podemos hacernos. No sé si la música y las drogas son extraños compañeros de cama, cada uno tendrá su opinión que me gustaría saber si dejáis un comentario, pero lo que si que sé es que su relación, con sus desavenencias y momentos de “subidón”, no está cerca de terminarse.

En: Crónicas

Acerca del autor

Aníbal Monasterio Astobiza es licenciado en Filosofía por la Universidad de Deusto (2003), Máster en Psicología Social por la Universidad del País Vasco (2010) y Doctor en Ciencias Cognitivas y Humanidades por la Universidad del País Vasco. Le gustan los huevos fritos y las patatas fritas.

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