Mark Lanegan, Duke Garwood, The Faye Dunaways

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Kafe Antzokia, 11-03-2015

Fotos: Marta Bravo

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Al protagonista de ésta crónica se le pudo ver en directo recientemente en el bilbaíno festival Bime y aunque el concierto fuera en el teatro con asientos y cierto aire intimista, hay que reconocer que no es que el mejor lugar para presenciar la magia de Lanegan sea un festival multitudinario. Para nada.

En ésta ocasión la noche comenzó experimental a más no poder con el bolo de The Faye Dunaways; la verdad es que llegué justito para a penas paladear el último tema de su set, pero se vio por dónde iban los tiros: psicodelia con condimentos de Krautrock , y por tanto electrónico, aunque allí también sonaron guitarras y en cierto modo me recordó un poco a los geniales Hawkwind. Comentaron que fue un bolo muy corto. Exactamente lo mismo que sucedió con el siguiente músico, el conocido como Duke Garwood, que acompañado por un acompasado batería (no debe de ser fácil serlo con las elásticas estructuras de sus canciones) barbudo como él tocó blues atormentado y sucio que sonaba más personal que nada que yo hubiese escuchado antes.

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Y llegó la hora, Mark Lanegan hacía acto de presencia con un sólo escudero para los tres primeros temas; la ambiental when your number isn´t up, low y dead on you que fue la única concesión que hizo a su repertorio de los años 90. Luego atacó con banda y el concierto sonó de cine, correctamente sonorizado y cargadísimo de expresividad. Me gustaron incluso las más discotequeras, que no fueron pocas, casi todas contenidas en sus dos últimos trabajos. Algunas de éstas fueron harvest home, ode to sad disco, riot in my house o el hit floor of the ocean. Pero esos temas suenan a rock discotequero underground, lejos de las referencias más manidas del “género”, por eso son tan especiales, porque suenan a Lanegan en sus diversas formas.

One way street fue muy aplaudida por el respetable así como la esperada hit the city; las luces se mantuvieron a poca intensidad durante todo el bolo, algo acertado para lo que sonoramente se proponía esa noche, pero probablemente un contratiempo para los muchos fotógrafos que por allí pululaban buscando el ángulo perfecto. Tras más de quince canciones se despidieron reapareciendo poco después para dar a los fans lo que de verdad ansiaban: Methamphetamine Blues y su industrial ritmo de rock. Le echó un cable para los últimos dos temas el colega Duke Garwood a la guitarra, y curiosamente no tocaron ninguna del disco que el dúo había editado en 2013, sino que se lanzaron a por la desoladora i am the wolf y finiquitaron del todo con The killing season, un nuevo clásico contenido en su último artefacto.

En: Crónicas

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