Johnny Winter

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DSC05775 12/05/2014 – Sala BBK – Bilbao

Me sorprende mucho lo que dicen de Winter en algunas de las webs promocionales de los conciertos que está ofreciendo actualmente en la península. Atrevidas frases como “nunca ha sonado mejor que ahora”. Algo que desmentirá, no sólo cualquier fan, sino cualquier persona que tenga oídos y que haya escuchado previamente al albino, sea en disco, en videos o en directo. Yo mismo me emocioné cuando lo vi hace casi cuatro años (y queda constancia en la crónica que se publicó en ésta web), simplemente porque había mejorado mucho desde la última vez que lo vi en directo. Pero eso, aunque ayuda, no es suficiente. Juguemos a las matemáticas con Johnny, a las matemáticas subjetivas debo puntualizar, pero ésta fue mi impresión: cuando en 2003 viajamos hasta un pub de Puente la reina (Navarra) a ver al mito no sabíamos que sus excesos con la heroína y otras substancias acababan de dejarlo anulado; de su gloriosa voz aguardentosa y sus dedos voladores tan sólo quedaba un 10% y, claro, el bolo fue desastroso. Debían de estar probándolo en lugares remotos y debieron creer que aquello no mancharía su reputación. Se equivocaban, porque a algunos aquello se nos quedó grabado a fuego. Y, sobra decirlo, nos entristeció a varios niveles.

Siete años después la cosa pillaba más cerca. El Rockstar Live de Barakaldo acogió el show de Winter y yo, sorprendido como estaba, pensé y comenté que había mejorado, que había “vuelto para quedarse”. Bien, en eso no me equivoqué, ya que aquí sigue y no parece que vaya a abortar sus giras. El tema es que aquella segunda vez sus cualidades vocales y guitarrísticas estaban al 30 % de lo que fueron antaño, sí, el triple de mejora comparándolo con aquella desgraciada ocasión, pero ahora, y reviviéndolo de nuevo comprendo que no es una gran noticia, quizá Winter debiera estar en su casa, relajándose, haciendo bolos privados con amigos, pero no en salas donde la gente (mucha de ella desinformada sobre su estado actual) pague por ver al autor de temazos redondos como You must have a twin o You keep saying that you´re leaving, por poner sólo dos ejemplos de aquel sensacional álbum de principios de los noventa.

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Y ¿qué ocurrió en el concierto de anoche? pues que Winter y sus compinches asaltaron el repertorio más clásico posible, ese que ya interpretaba el tipo, probablemente desde que comenzaba a dar bolos a finales de los años cincuenta. La mayoría de esos temas ya los había grabado en algunos de sus discos; Good morning little school girl, Got my babar working de su ídolo Muddy Waters, Black Jack del supremo Ray Charles o la inicial Johnny B Goode, en la que yo no podía parar de pensar lo mismo que dice la letra “Vamos Johnny, dale Johnny!”. Su voz ha mejorado, y su guitarreo sólo a veces. En sólo 3 minutos puedes ver destellos de lo que fue y de pronto sentirlo atascado en algún solo al que trata de agarrarse y hacer volar a través del tacto.

DSC05760Su banda de acompañamiento, Scott Spray al bajo (con el clásico gorro que solían llevar los bajistas de Winter), Tommy Curiela a la batería y Paul Nelson a la guitarra; éste último aportando grandes dosis de rock y hard rock, y algunos punteos que dejaban los de Winter a la altura de un quinceañero aprendiendo a seguir un blues. Es cierto que cuando se equivoca en seguida lo arregla, que ya son muchos años viviendo con ese mastil y para algo sirve la experiencia por muy jodido que uno esté. Tras Killing Floor el cuarteto soltó una triada de canciones stonianas: Jumpin´jack flash, habitual de Winter y notablemente bien cantada por éste, Gimme Shelter y el final de Its all over now, canción interpretada por sus majestades satánicas pero compuesta por la pareja formada por Bobby y Shirley Womack.

El albino bluesero volvió con la guitarra colgada (y andando él solito, no como hace cuatro años, así que algo habrá mejorado su salud) y tras volver a sentarse agarró su barita mágica. O sea su slide. Y con ello hizo callar a muchos. Dust my broom (tema de Robert Johnson popularizado por Elmore James) fue la mejor interpretación de la noche por parte del hombre en cuestión, fino fino con la melodía vocal y muy acertado con su slide intuitivo. Después de eso poco quedaba ya. Casi siempre cierra sus shows con el Highway 61 revisited de Dylan, y ésta vez no fue distinto. También con slide, hizo que nos marchásemos con algo más de esperanza en el tejano; y lo más seguro es que si está en la carretera a sus 70 años (que para él son como 90) sea porque él así lo quiere. No conoce otro modo de vida y eso es lo que decidió hacer como carrera de vida. En cierto modo aplaudo su perseverancia, independientemente de los resultados.

(Fotos: Marta Bravo)

En: Crónicas

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