John Mayall @ Sala BBK 19-02-2017

Portada

Fotos: Marta Bravo

Suele visitar la península de forma bastante habitual, pero aún así, hacía semanas que las entradas para el concierto de John Mayall en Bilbao estaban agotadas. Algo comprensible siendo una de las leyendas de blues y blues-rock más longevas en la actualidad. Otros quizá se acercaron pensando que (visto lo visto) bien podría ser la última oportunidad de disfrutar de uno de sus directos, aunque lo cierto es que la noche del domingo pudimos ver a un Mayall en grandísima forma física y en bastante buena forma musicalmente hablando.

 

 

En la actual gira no llevan guitarra solista, y es Mayall el que toca a veces las seis cuerdas (también en ocasiones el clásico órgano Hammond); aunque al protagonista se le vio casi siempre tras su teclado Roland, que es su instrumento principal ahora mismo. Y, puede que algunos se pregunten: ¿será posible ver un buen y característico concierto de blues sin apenas sonidos de guitarra? Parece complicado, pero tras las dos horas de melodías que nos brindaron Mayall y los suyos la respuesta es sin duda afirmativa. El bluesero inglés, de 83 años, vino inmejorablemente acompañado de Jay Davenport a la batería (Junior Wells está en su currículum) y de Greg Rzab (los Allman, Clapton, Santana, etc.) al indispensable bajo. Abrieron la tarde-noche  con Nothing To Do With Love, grabada por Mayall en 2009, y acto seguido saltaron hacia atrás en el tiempo hasta el excelente y distinto Blues from Laurel Canyon, de 1968; de ahí sonó The Bear, composición que Mayall dedicó al apodado “el oso” del grupo Canned Heat.

 

 

Durante todo el concierto sonó mucho blues, qué duda cabe, pero también se avistaron cadencias jazz (sobre todo por el formato) e incluso rastros de funk en algún que otro tema. Mayall tocaba mucho su armónica, a veces al mismo tiempo que con la otra mano se encargaba de las teclas. Gracias a este y a otros “trucos” como el uso de la técnica “slap” por parte del versátil bajista, pudieron llenar todo el hueco musical que cabía esperar. En teoría presentaban su más reciente trabajo, Talk About That (2017), pero de este sólo incluyeron un par de temas, It´s Hard Going Up (de título bluesero a más no poder) y la marchosa Don’t Deny Me. Ni siquiera tenían a la venta el álbum en cuestión en la mesita que el propio Mayall se encargó de atender antes y después del concierto. Ahí sólo había un par de álbumes de estudio de hace pocos años y un directo de 1967 (con Peter Green en las filas de los blues breakers)  que en seguida adquirí por pura curiosidad melómana.

 

 

El fortachón abuelete (con más barriga que en anteriores visitas) no habló demasiado con el público, sólo reconoció que le parecía que tras el aplauso estábamos demasiado callados, y es que por variar, a algunos nos gustaría mucho poder disfrutar de su directo en otro ámbito más de bar, tipo el Kafe Antzokia. Aquella noche de domingo no se marcaron un setlist con demasiadas canciones ya que la media de las mismas fue de 6 o 7 minutos, con lo que exploraron en gran medida las posibilidades que la música instrumental brinda a los que de verdad saben improvisar.  De los olvidados años noventa de Mayall sonó I’m a Sucker For Love y de los siempre complicados años ochenta interpretaron Give Me One More Day, canción que relata el abandono total del alcohol por parte de Mayall. Have You Heard era una de las más esperadas, o al menos cualquier tema que se encontrara en ese sensacional y primerizo trabajo al que se le conoció como “Blues Breakers with Eric Clapton así como Beano Album“. Este “slow blues” sonó totalmente delicioso y de ahí pasaron a cerrar con Chicago Line, tema incluido originalmente en el primer álbum del inglés (1965), y que alargaron en beneficio de un público que estaba esperando exactamente eso. Y seguramente aún más alegró al respetable toparse con un bis que también suele ser muy ansiado en sus shows: Room To Move es una canción sustentada por la rítmica armónica de su creador y que suele arrancar a muchos a bailar. En esta ocasión sonó más pausada y su impacto se vio algo lastrado precisamente por eso, y también por desarrollarla sólo hasta los 3-4 minutos, dando la sensación de que tenían prisa por salir del escenario. O quizás es que debemos aceptar (sin cuestionárnoslo demasiado) las limitaciones de la edad para con el arte. Pero tampoco se le vio mal, sólo más mayor, dando un buen concierto y sorprendiendo con este arriesgado y curioso formato musical. Creo que no sería tan descabellado que pudiéramos llegar ver al Mayall de noventa años aún en la carretera. Si la salud le acompaña no necesita nada más, pues sabemos que el blues siempre fue y será su vida.

 

En: Crónicas

Acerca del autor

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no se publicará. Los campos obligatorios están marcados (obligatorio)

AÑADE TUS EVENTOS A LA AGENDA