IZAR & STAR (Costa oeste Vs Crosby, Stills & Nash y Margo Cilker & the drunken angels Vs Car wheels on a gravel road – Lucinda Williams)

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(Fotos: Marta Bravo)

Quienes sean asiduos a los conciertos locales o a las muchas “jams sessions” que se celebran cada semana en Getxo-Bilbao o alrededores ya sabrán que éstas eran las personas indicadas para realizar éstos tributos de sabor folk y country-rock americano, porque es la música que les gusta y porque tienen las habilidades y el gusto para llevar a cabo tal acción y salir triunfantes.

El trío La costa oeste (que en sus conciertos suelen versionar grupos, precisamente, de la costa oeste americana) venía acompañado de otro experto en éstos sonidos, el bajista Jokin Salaverria, que ya está de vuelta en casa tras varios años tocando con Jonny Kaplan en los Estados Unidos. Abrieron con you don´t have to cry, dejando claro que sus penetrantes armonías vocales estaban a la altura de las de los tributados, y haciendo que parte del público comenzáramos a corear desde el minuto uno y hasta el final. Peter Abels (que denomina a su proyecto en solitario igual que su nombre) actuó en general de cantante solista, entonando el himno helpless de Neil Young, la oda al amor libre de Stills (love the one you´re with) y emulando bastante bien las voces de Crosby en los gritos finales de Ohio así como el marrakech express de Graham Nash, en la que imprimió un color de voz muy similar al del ex-Hollies. El músico holandés se desdobló en las cuatro personalidades.

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Tanto Pit Idoyaga (The Fakeband, Spaguetti western) como Daniel Merino (Dead Bronco, Smile, Spagueti western…) asimilan y cumplen a la perfección su función de guitarristas y coristas y dan la impresión de estar compuestos de 50 % country y 50 % rock. Un par de temas fuera del catálogo C,S, N & Y sonaron en la noche del jueves; éstas fueron el blackbird del álbum blanco de The Beatles así como human highway, canción de Young en solitario que, como comentó Merino, “Crosby, Stills, Nash & Young ya la habían tocado en un concierto del 76”. Muy bien, no seré yo quien ponga pegas a escuchar algo del tío Young. También el amigo y productor Saúl Santolaria salió a cantar uno de mis himnos hippies favoritos, carry on, y John Franks, el vocalista de Smile, se marcó un teach your children intergeneracional que sonó fina fina. Terminaron con la inevitable Suite: Judy blue eyes, que me hizo pensar en woodstock y en los sueños que aún perduran, así como en los que hace tiempo que se apagaron. La mente vuela cuando la música acompaña bien. Los cuatro protagonistas estuvieron fantásticos, casi increíbles, y es que era de esperar.

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La joven americana Margo Cilker (San Francisco) estuvo por éstas tierras estudiando en la universidad, después marchó y ahora parece que ha vuelto para quedarse. Tremendo motivo de alegría para todos nosotros, que hemos podido escucharla sobre escenario haciendo tanto versiones (de Ryan Adams entre otros) como temas propios que hacen a uno preguntarse si de verdad tiene veintipocos años, pues suenan con una madurez poco habitual. Para éste tributo doble Margo decidió versionar el disco más celebrado de su compatriota Lucinda Williams, el car wheels on a gravel road (1998), que en su día obtuvo un premio grammy y que estaba lleno de melodías de carretera y de canciones sobre separaciones sentimentales y autopistas.

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La banda que armó se llama The drunken angels (los angeles borrachos) en homenaje a una de las canciones de ese sobresaliente trabajo, y cuenta con Merino e Idoyaga (que hacían doblete) a las guitarras y coros, el omnipresente Natxo Beltrán (ex Atom Rhumba) a la batería y Juan Uribe (en The Fakeband con Idoyaga)  al bajo. Juntos dieron lumbre a muchas de las canciones del disco homenajeado (no todas) como metal firecracker, el tema homónimo, el baladón still i long for your kiss o la esperada drunken angel, que cuando sonó se desató el generalizado aplauso. Entre medias también tuvieron tiempo de repescar algunos temas de la de Louisiana que no se encontraban en aquel disco: recuerdo the night´s too long, del homónimo de 1988 y  there´s something about what happens when we talk, del sweet old world (1992), ambos sensacionales trabajos que cuando se editaron no tuvieron el reconocimiento que seguro merecían.

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Can´t let go parecía perfecta para cerrar el set, por su acelerado ritmo country y por el sonido de canción de bar cervecero en el que nunca amanece. Esos cuatro minutos fueron pura celebración. Se entiende perfectamente que el público pidiera más, a lo que la banda contestó que si queríamos saldría Margo a cantarnos algo. Sin dudarlo ni un segundo asentimos todos y ella nos regaló la aparente serenidad de Jackson, en la que se habla de viajar para olvidar a alguien, que es el resumen de la temática general del disco. Y con éste presenciábamos el excelente segundo concierto de la noche. Y es que… ay, jueves así deberían ser para enmarcar.

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En: Crónicas

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