Hechizo por partida triple

Portada

Hechizo por partida triple

Redactor: Jon Bilbao

Fotos: Marta Bravo

Estoy seguro, los músicos que destacan por encima del resto lo consiguen en gran parte porque consiguen hechizarte, o si acaso procuran una sensación tan parecida que hace falta un experto en encantamientos para diferenciarlo. Además lo logran porque controlan a su audiencia. No controlan sus mentes ni corazones (no vayan a pensar que me he enrolado con lo sobrenatural ni nada similar), pero tienen tal cantidad de instinto e intuición emanando de sus poros que saben si el público está a gusto o a regañadientes, a quiénes les gusta este tema y a quién le gusta ese otro, si hay en la sala alguien de su instituto y qué tal le va.

Gracias a algunas premisas como esa, sé que el instinto y la intuición son importantes, más aún siendo músico y con una gran baza de talento a tu favor, ya que mezclando todo eso se obtiene calidad y conexión con el público sí o sí.

Todo viene a cuenta de la completita noche musical que me pegué ayer. Empezamos con Audience en el Bilborock y acabamos con Heavy Trash en la Sala Azkena.

Poco había escuchado de los de Gernika y pensaba que su rollo andaba entre el country rock y el rock sureño de toda la vida, me colé. Estos cinco tíos tocan lo que les apetece y pasan del country más tradicional al rock duro o psicodélia menos convencionales en momentos puntuales. Dan pequeñas pinceladas de lo que tienen en su despensa musical y sorprenden en cada bolo. No los he visto en más ocasiones, aunque presiento sin ningún atisbo de duda que lo acontecido anoche no fue una casualidad, ni de coña.
Mención especial para el cantante principal, que tan pronto recordaba a Ian Curtis como a Rick Danko, así como para Hannot Mintegia , que le acompañaba con maestría en los coros altos y tocaba a ratos la trompeta. El batería también estuvo colosal y es que, como ya veréis, la noche Bilbaína del jueves tuvo en la batería uno de sus principales reclamos.

Se me hacía tarde por momentos y la cerveza estaba prácticamente finita cuando con mi amigo “Moreno”, bajísta de Foxy Boxxi y de Los Galerna y yo nos envalentonamos y nos piramos de allí en dirección al rockabilly más macarra, que estaba de paso por la ciudad. No hubiera abandonado la barraca Audience por casi nada del mundo, ya que mezclaban de putísima madre lo bailable y de querencia clásica con el preciosísmo del ruido controlado, pero no me quedaron más cojones si quería llegar a ver a ese famoso telonero de Heavy Trash del que se habían oído ecos hasta en Nueva Guinea.

El tipo tiene un nombre que ya deslumbra, “Bloodshot Bill”, y lo de que en cada concierto toca él sólo no sería tan especial de no ser porque toca batería (bombo y charles) , guitarra y canta al unísono mientras hace lo suyo, que suena en todo momento divertido, profesional e irreverente. Casi nada. Se pasó más o menos una hora sacando partido de sobra al rockabilly y la respuesta del público fue inmejorable. Obvio. Jamás vislumbré algo tan salvaje (y de tanta calidad) como aquello.

Bloodshot BillJon Spencer

Mi colega, “Moreno”, había flipado en colores con el tal Bill; igual que yo, para que vamos a mentir. Y tocaba ver a “ese nuevo grupo que tiene Jon Spencer”, como afirmaba tajante el colega. En disco suenan muy bien, diferente a Jon Spencer Blues Explosion, haciendo hincapié en el rockabilly cincuentero a través de la deconstrucción vía garaje. En directo sonaron explosivos, incendiarios y sexuales. Los dos protagonistas, Matt Verta-Ray y Jon Spencer estuvieron estupendísimamente protegidos por una fornida base rítmica que asaltó nuestros oídos.

Y es que, debido al aforo completo del azkena, nos colocamos a un lado del escenario y escuchamos la batería (menudo máquina) y el contrabajo (la madre de las máquinas) a dos palmos de nuestros cuerpos. El contrabajísta era también de los que se quedan con la copla, observador y comunicador, vaya; y tocaba su instrumento como poseído por el maligno y con una soltura que dejaba perplejo a quien le escuchara. En ese ambiente, y con el resto del calor propiciado por la peña bilbaína, Spencer y Matt se encontraban de lujo y así mismo fue como tocaron. Temas potentes y desgarradores, empalmados unos con otros, hacían casi imposible entretenerte con cualquier otra cosa que no fuera el show.

Bloodshot Bill

Aún no he podido descargarme el último plástico, “Midnight soul serenade”, pero por lo que oí siguen en la línea de sus dos anteriores discos, a galope por los senderos en los que no hay pegas a la hora de unir actitud rockera con soul o blues. Sonaron temas como la fiestera “The Loveless” , así como mi canción favorita del grupo: “Take my hand”. Eso sí, en una versión diferente a la original (no le vi ninguna pega) que hacía hincapié en una letra hablada al más puro estilo Elvis y que duró al menos un cuarto de hora. Tampoco aburrieron los Heavy Trash, como ninguno de los conciertos de la noche, y como colofón se nos acercó el contrabajísta a charlar con nosotros. Mejor dicho, se acercó a mi colega bajísta y le preguntó que si tocaba el bajo, “Moreno” asintió y el americano estuvo enseñando a mi amigo algunos trucos de cómo golpear el contrabajo y tocar las cuerdas sin perder el ritmo. Empatía surgida de algunas miradas, ya veis; ni sabemos aún cómo adivinó el tipo que le daba a las cuatro cuerdas. El hombre se tomó sus molestias y al final acabó abrazado a mi amigo, dejando clara la premisa de la que hablaba al principio: Con instinto e intuición (y talento) se puede hechizar hasta al más descreído.

En: Crónicas

Acerca del autor

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no se publicará. Los campos obligatorios están marcados (obligatorio)

AGENDA:: próximos eventos
AÑADE TUS EVENTOS A LA AGENDA