Guadalupe Plata @ Azkena 27/04/2013

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El sábado pasado la Sala Azkena dejó de estar situado en Bilbao y se teletransportó al desierto americano. Una larga carretera, un sol infernal, un coche rápido y una mujer atractiva. Ese tipo de cosas son las que invocaron los Guadalupe Plata cuando salieron a tocar. Durante hora y media larga, los asistentes al concierto fuimos transportados a ese bar peligroso, ese sitio al que no entrarías (pelea incluida) a través del blues rudo, de whisky y cuero, de estos andaluces.

No han inventado nada, es cierto, tampoco hace falta, tampoco se lo ha pedido nadie. Si eres bueno en lo que haces no necesitas más. Y estos tíos no son buenos, son los mejores. Sustituir un contrabajo por un barreño, un palo y una cuerda y que no eches de menos el instrumento ya deja claro del nivel al que juegan estos tíos. Paco Luis Martos toca el barreño cómo si nunca nadie hubiese inventado el bajo, Carlos Jimena lleva el ritmo en las venas y para Perico de Dios la guitarra no es un instrumento, es una extremidad más, y la explota hasta que no puede dar más de sí.

Semi-instrumentales (o más bien semi-cantados), de letras sencillas y ritmos directos. Canciones que van al grano, a la entraña, y que son capaces de enloquecer a cualquiera. Que se lo cuenten si no al espontáneo que subió al escenario o a los dos que terminaron pegándose durante la actuación, eso sí, sin que en ningún momento se detuviese la música, porque los tíos rudos no paran por nada ni por nadie, primero va la música y luego lo demás. Y si se tienen que matar, que se maten.

El sábado fue una noche no apta para cobardes. Una noche de blues rudo, de rock de sexo y tatuajes. Guadalupe Plata son una de las mejores bandas estatales ahora mismo. Estos andaluces que suenan a Arizona devolverían la fe en la música a cualquiera, y lo hacen sin innovar siendo crudos y salvajes, prueba de ello su interacción con el público, nula a excepción de un último saludo con la mano al final. Salieron, hicieron lo suyo y se marcharon, yendo al grano. Porque a veces no hace falta nada más.

(Texto: Cosme Gumuzio. Fotos: Helena Goñi)

En: Crónicas

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