Diego A. Manrique “No puedo poner el Pet Sounds de Beach Boys y no sentirme en una nube”

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Entrevista a Diego A. Manrique el 16-01-2015 por Jon Bilbao

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Diego A. Manrique (la A es de Alfredo) es de los poquísimos críticos musicales españoles que comenzaron su andadura profesional durante la dictadura y que a día de hoy aún continúan haciendo lo que les sigue apasionando: hablar de música y escribir sobre ello como única forma de ganarse el pan. Mientras muchos de sus coetáneos dieron el salto a la prensa deportiva o a otros contextos en los que las condiciones les eran más favorables, Manrique ha continuado en el ingrato mundo del periodismo musical, ya sea en televisión, en radio o escribiendo en prensa, siempre con su característica narrativa, que resulta atractiva, rica y lo más importante: esclarecedora.

Nació en 1950 en Pedrosa de Valdeporres, un pueblecito cercano a Villarcayo. Se desvirgó musicalmente con The Beatles, sus primeros trabajos en materia musical fueron en las revistas Triunfo, Vibraciones y Disco Express y durante años realizó programas musicales de radio y de televisión (sí, ¡antes existían éste tipo de programas en la caja tonta!). El lugar en el que más tiempo permaneció fue en el programa radiofónico El Ambigú, del que Radio 3 le echó en el verano del 2010 tras dieciocho años de emisiones. Lo hicieron a lo zorro, terminaron su contrato en pleno verano, pusieron programas enlatados y le ofrecieron volver en septiembre “a prueba”, con condiciones muchísimo peores y con posibilidad de despedirle sin necesidad de alegar nada. Más fuerte nos pareció enterarnos que en el momento en el que tomaron esa decisión Manrique era director adjunto de la emisora. Al final (salvo por no poder disfrutar nunca más del Ambigú) fue para bien ya que ganó el juicio ante Radio 3 y ahora compagina sus colaboraciones en prensa con el programa de podcast “La Zona Salvaje“, con el que sigue dando rienda suelta a algunas de sus pasiones musicales.

Aprovecho una pequeña escapada a Madrid para acudir a un festival y entrevistar a Diego Manrique, con el que quedo en un lujoso y céntrico hotel de la Gran Vía. En sus amplios salones y durante más de hora y media charlamos acerca de Sabina, el gruñón Van Morrison, la capital importancia de Chuck Berry, los entrevistados y sus peculiaridades, sus inicios en el negocio, películas y series actuales, algunos de sus discos favoritos y su libro Jinetes en la tormenta, que ya hace dos años que se publicó. Es genial conversar con él, entre otras cosas, porque se apoya en experiencias que ayudan a dar respuesta a las preguntas que desde Stereozona le lanzamos. Y además desprende una simpatía y una cercanía poco habitual en veteranos del gremio. Durante la entrevista dejo el pequeño trauma de Radio 3 fuera, porque hay cosas de las que ya se ha hablado demasiado y ciertos temas están mejor como parte del pasado. Y el presente aún nos desafía a diario.


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-Buenos días Diego. Hace ya un par de años que se publicó “Jinetes en la tormenta”. Ahora que ya se puede hacer una valoración global, ¿qué impresión tienes?  pensabas que venderías más ejemplares o menos..?

-Me parecía que no tenía sentido vender encuadernados unos artículos que básicamente están disponibles en la web del País. Sí que tuve la presencia de ánimo para organizarlos, depurarlos, clasificarlos y meter en el principio de cada artículo una anécdota que no se cuenta en el reportaje o sobre el impacto que tuvo su publicación. Y eso le da al libro un carácter un poco enciclopédico porque tiene dos índices de canciones y discos y otro onomástico, de personas. Y funcionó bien. El libro creo que tiene tres ediciones en el formato caro, me parece que ya van dos del formato de bolsillo. Ha funcionado estupendamente. Y ahora que me han dado el Premio Nacional de periodismo cultural, pues está claro que me lo han dado por el eco que ha tenido el libro. No es que sea mi libro ideal, me parece que tiene algo de morrazo, de echarle cara pero… el otro día alguien me decía “le cogí, no le podía dejar y luego lo he usado para buscar información sobre alguien y tal..” así que está bien.

-Para la selección de los artículos del libro ¿te guiaste por los estilos musicales que más querías destacar (para seguir una línea concreta) o los seleccionaste en base a los que para ti eran “los mejores” artículos?

-Ellos querían grandes nombres. No querían Elmore James sino en todo caso B. B. King si había que sacar un bluesman. Yo como no tenía ningún tipo de esperanza en el libro tampoco me peleé por ello. ¿Que queréis Antonio Vega? ¿Y Michael Jackson? pues vale. Para mí no es problema porque muchas veces cuando te enfrentas a alguien con quien no estás muy implicado emocionalmente igual escribes mejor que cuando es sobre alguien que forma parte de tu retablo particular. En ese sentido nunca me he quejado cuando me han encargado artistas que no son en absoluto de mi cuerda: hice una buena entrevista (esa no está en el libro)  con Luis Cobos. Y yo empezaba diciendo que a mí éste señor no me interesa nada, ni humana, ni musical ni ideológicamente. Pero este señor tiene una historia. Éste hombre tenía un grupo de soul en los años setenta que se llamaba Conexion y a principios de los ochenta era el que tocaba en todos los discos modernos.

-Publicas tanto en revistas especializadas como en medios más generalistas. ¿Cambia el proceso para abordar un artículo según escribas para unos o para otros? imagino que la línea editorial de ruta 66 y de rolling stone no se parecerá demasiado..

En las revistas musicales asumes que el lector comparte contigo una serie de referencias y ahí puedes meter guiños que en un periódico o en una revista convencional no lo puedes hacer porque te puede estar leyendo un señor notario, o una señora ama de casa que no tiene porqué saber quién es George Martin y tienes que poner “el productor George Martin”. Y explicar un poco, si dices rockabilly comentar “esa variedad sureña del r n r que se llama rockabilly”. Sí, debes  tomar esas precauciones y en ese sentido es mucho más grato escribir para revistas musicales porque hay una complicidad y eso te da placer porque puedes tomar el pelo al lector, puedes provocarle.. sin embargo en El País no puedes provocar a un público que es enorme y anónimo. Yo siempre disfruté mucho haciendo las dos cosas y bueno, las circunstancias me fueron alejando de Rockdelux y también incluso un poco de Ruta en la época en la que lo llevaban tanto Jaime como Ignacio que eran muy fundamentalistas y eso a mí me chocaba. Me fui desconectando un poquitín. Ahora estoy haciendo Rolling Stone porque me insisten mucho, el director actual es un tío que trabaja en la Ser, Iñaki de la Torre, es un músico, lo cual es chocante en el mundo periodístico. Es muy insistente  y termina por convencerme. Éste mes he hecho un artículo larguísimo sobre Joe Cocker; yo no hubiera escrito un artículo sobre Joe Cocker por propia voluntad, ya me negué cuando  me pidieron que escribiera la necrológica para El País. Éste tío ya sabemos que degeneró pero en el 68-69.. ¡era una fuerza de la naturaleza! y era la cosa más bestia que había sobre un escenario. Y yo creo que como en todas hay una historia ejemplar; el niño inocente que le sueltan en una tienda de juguetes y de dulces donde tiene todo, sexo, drogas y permiso total para hacer lo que le de la gana. Y un tío que ha sido fontanero, que viene de la posguerra inglesa con más privaciones que la hostia…pues enloquece, y se le funden los plomos. Lo que teníamos después, en los setenta, ochenta, noventa y principio de siglo era un Joe Cocker tipo zombi, que sabe hacerlo bien pero que está con la mitad de sus neuronas que se quedaron en las giras aquellas.

-¿Cuándo comenzaste a escuchar música por tu cuenta? ¿Con qué empezaste?

Yo vivía en Villarcayo que está en un valle y no llegaban bien las emisoras. Por la noche escuchaba Radio Bilbao pero de día no escuchaba las emisoras españolas ni siquiera las de Burgos. Y sin embargo sí que entraba Radio Luxemburgo y las radios francesas. Entraban muy bien. Y un día escuché a los Beatles en el Olympia de París. Yo no había escuchado ni a los Beatles ni a sus antecesores ni nada, ¡y se me puso el  vello de punta tío! (risas)  Sobre todo porque en aquel tiempo cuando se hablaba de los Beatles era para ridiculizarlos. Se les consideraba como un delirio de la decadente democracia británica y tal: en los periódicos te sacaban fotos de ellos que estaban retocadas, les quitaban la melena y aparecían con la cabeza rapada y era todo burla. Si tú buscas ahora en la prensa española (las que tienen archivos de aquella época) las noticias sobre los Beatles o sobre el rock and roll no están en las páginas de cultura y espectáculos sino en las de sucesos. Había un desprecio  tremendo y los periodistas se burlaban, nadie podía imaginar que eso podía pegar en España. Yo no había escuchado ni a Elvis ni a Chuck Berry ni Little Richard ni a nadie, no sabía nada. No sé si habría escuchado quizás de rebote a los Teen Tops pero… nada. Fue un punto donde decidí ésto me gusta y por otro lado pensé “joder, ¿porqué todo el mundo se mete con ésto?”, hay que defenderlo, ¿no? Y ahí empecé, fue primero empezar a comprar revistas, luego discos antes de tener tocadiscos y ya viniendo a Madrid comprar revistas en inglés y aprender cómo se podían pedir los discos al extranjero. Era como una necesidad de saber más que lo que te contaban las revistas musicales, y eso que había algunas revistas musicales buenas aquí en España pero tenías que buscarlo. Y luego llega un momento en los años setenta en el que piensas “coño, si lo que están publicando firmas a veces prestigiosas es absolutamente inútil, no tienen ni puta idea de lo que está pasando, no distinguen nada”. Había gente que presumía de estar en la onda, como Francisco Umbral; para ellos el rock era un baile, no asimilaban que el rock podía ser una cultura, un estilo musical, un estilo de vida (eso más tarde)… para ellos el rock era como el mambo, el cha cha cha, el charleston… lo veían sólo como una forma utilitaria: el rock es una cosa que los jóvenes bailan y ya está, no tiene ninguna entidad como fenómeno musical ni como fenómeno cultural, y por eso es por lo que yo a principios de los setenta empecé a escribir puramente rabioso con las cosas que se decían y la ignorancia general. Salió aquí un libro que hizo mucho daño que fue “la enciclopedia del pop” de Jordi Sierra i Fabra; esa enciclopedia no incluía a Chuck Berry ni a Bo Diddley…a cambio sí que detallaba montones de grupos que ahora están totalmente olvidados y era porque no había ninguna  consideración por las raíces de la música y por las formas más elementales del rock. Me sonaba a racismo. La música de los negros era para bailar, la música de los blancos era arte. Ese también fue uno de los motores de pura rabia. Por ejemplo en España se conocía mucho a Creedence Clearwater Revival, eran popularísimos, pero  entonces se les despreciaba, se decía que eran basura comercial. Claro, no leían las letras, no entendían nada. Y tenían unas letras mucho más fuertes que las obras completas de Emerson, Lake & Palmer. Y eso es lo que me motivó, un poco de indignación al ver cómo se le maltrataba.

-¿En qué momento empezaste a creer realmente en dedicarte al periodismo musical y pasar del derecho?

Fue en el 75, ya se empieza a ver que están pasando cosas, que no éramos solo cuatro raros en cada ciudad sino que de repente hay festivales como el de Burgos o especialmente el de Canet, que igual había quince mil personas, todas ellas ya fuera del sistema por decirlo de alguna manera. Ese año yo empiezo a colaborar con Radio Nacional, además de en Vibraciones y Disco Express. Aunque tuve que hacer la pregunta obligada, como Siniestro Total, “¿cuándo se come aquí?”, o “¿cuándo se paga aquí?” (risas). Porque eran revistas, sobre todo Disco Express, que vivían del entusiasmo de la gente y si podían no te pagaban. Conseguí que me pagaran y me di cuenta de que podías (teniendo las necesidades básicas cubiertas, una casa cedida por tus padres) vivir de ello.

-Cuéntame cómo eran esos inicios en la revista “Triunfo” a principios de los setenta. Supongo que el trabajo de archivo lo tendrías muy complicado sino poseías revistas foráneas o libros sobre temas musicales.

Sí, si. Eso fue en el 72. En Triunfo escribías sólo un artículo o dos al mes y además era una revista esencialmente  política que tenía una parte cultural pero no había mucho margen ahí para trabajar. En aquel tiempo, como no había mucho que hacer me dediqué a hacer ficheros a todos los artistas. Cajas de fichas ordenadas alfabéticamente, iba repasando las revistas extranjeras que tenía y apuntaba: Melody Maker, tal fecha, crítica, entrevista o lo que sea. Porque había carencias totales, no existía información sobre discografías, y los LPs que se publicaban aquí salían  tarde y muchas veces censurados. Y fue una batalla enorme.

-Y ya que estamos, ¿sigues conservando todas y cada una de las revistas que comprabas desde hace más de cuarenta años? perdona pero.. comprándolas variadas y en tales cantidades… ¿tienes un piso sólo para todas ellas o como te lo montas..?

Sí, están en un sótano ahora. La verdad es que las tengo un enorme cariño porque las revistas inglesas, el Melody Maker o el New Musical Experess no eran bonitas, nunca fueron demasiado bonitas, pero el Rolling Stone americano al principio era una preciosidad, incluso Creem… para mí son valiosísimas, ya no las utilizas pero esas son… pues como los abogados que no tiran los libros con los que aprendieron la carrera, los guardan aunque no los usen para nada.

– Después hiciste radio y televisión musicales, siempre sin abandonar las publicaciones escritas. ¿Fue el ambigú el lugar en el que más tiempo permaneciste? 18 años no son moco de pavo.. ¿qué es lo que más echas de menos de aquel maravilloso programa?

-El programa era fantástico para mí porque podías reaccionar inmediatamente. Hay discos que te gustan en los primeros siete días y luego cuando los escuchas más, de repente se te caen. Y el tener una hora diaria te permitía transmitir esos entusiasmos muy rápido. Luego, el programa era libérrimo, ahí podía sonar de todo, con lo cual tenía unas posibilidades extraordinarias. Entiendo que era un programa que no era para cualquiera, y además me dieron cabezonadas de poner.. yo que sé, narcocorridos. Y eso no le gusta a todo el mundo, le puede gustar a los que han vivido México y a los que toman drogas, pero para el oyente normal es un sonido muy elemental y habla de unos personajes que no tienen porqué suscitar interés. Tenía la capacidad de llegar a nivel nacional y aparte era un programa pensado para que cada edición no se pareciera en nada a la del día siguiente. Era un abanico asombroso. Así que sí, lo echo de menos porque nunca volveré a tener ese margen de actuación.

-Ahora sí que estás en radio, en La Zona Salvaje, lo haces en web y ya supongo que el alcance cambiará, pero ¿sí que tienes libertad para escoger, no?

-Si, pero no puedes comparar el impacto. Imagina a un señor que esté a la una del mediodía preparando la comida y que le pongas un disco completo de John Coltrane. Con eso, o quiere matar al locutor o e cambia la vida. (risas). Y los podcasts… ten en cuenta que el que escuche´un podcast es un convencido, te escucha a ti, te busca a ti.. así que le puedes iluminar, le puedes dar un subidón.. pero no le cambias la vida. Sin embargo me encantaba cuando me contaban algunas mujeres que escuchaban el programa (El Ambigú) cuando venían de recoger al crío de la guardería o el colegio. Y yo me decía “éste es mi público”, quiero decir, una mujer encerrada en un coche con un niño quizás odioso detrás y que le estás aliviando con la música que pones. A mí eso me encantaba, porque además siempre pensamos que al casarse las mujeres ( y es verdad) pierden cierto interés en la música porque hay otras prioridades mucho más serias, como es lógico, y el meter una flecha de veneno en su mundo me parecía fantástico.

-Y llegando al presente nos enteramos hace pocos meses del Premio Nacional de periodismo cultural que te otorgaron por tu larga trayectoria. Imagino que alegra recibir un galardón de esa índole pues ya no sólo se te valora en el círculo de los interesados sino a nivel nacional. ¿Hubo festejos al respecto?

-Me costó creerlo. Me costó creerlo porque nadie me avisó. Yo he estado en alguno de esos jurados y normalmente cuando se sabe ya quien lo ha ganado alguien le avisa digamos off the record. ¡A mí no me avisó nadie! A mí me llamó el Lassalle, que es el segundo de Jose Ignacio Wert en Cultura y estaba confuso, sospecho que no sabía quién era yo. Fue una cosa como muy chocante. Dices, debe ser verdad, porque sino no te llama un señor que no conoces de nada y que obviamente está incómodo hablando contigo porque no sabe quién eres y porque no entiende esa decisión. Y sí, la verdad es que sí, se celebró.

-Pues que no te conozca la persona que te llama para contarte lo del premio es raro, bastante irónico, ¿no crees?

-Yo creo que el premio es históricamente raro. En el sentido de que ese premio se ha dado siempre al perfil de periodista literario, al periodista que cubre el mundo de la literatura. Que se lo den a alguien que cubre esencialmente el mundo de la música no había ocurrido antes, por eso esa gente no sabe nada del mundo de la música y les desconcertó. Y sí, debía haber buscado al menos en wikipedia para saber quién era yo, pero no, estaba desconcertado el tío. También es cierto que en éstas cosas, los que lo convocan (el ministerio de Cultura) sea del PP, del PSOE o del que sea, siempre intentan que gane uno de los suyos. O montan los jurados de tal forma que se consiga eso, y eso a veces funciona o a veces no, a veces al contrario, el insistir en que gane uno de los tuyos hace que el resto del jurado se ponga en contra. E imagino que habrá pasado algo de eso, que habían reservado el premio para otra persona y esa persona fue rechazada. Algún día lo sabré.

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-Hoy en día casi todo el mundo escucha algo de música en Mp3 pero imagino convencido que tú eres de los que sigue comprando. ¿Vinilo o cd? Como cuántos  discos dirías que te compras de media al mes?

-Necesito el soporte físico. No puedo funcionar con usb o con un ordenador. Necesito que el sonido corresponda a un soporte y ese soporte tenga unas fotos y una información. No soy un fanático del LP (aunque compro LPs) porque me he pasado muchas décadas cargando sacos de LPs y tengo la espalda jodida de llevar maletas de vinilos a la radio, a pinchar… y mi relación con el LP es un poco de amor-odio. Es más bonito, aunque  no estoy seguro de que el sonido sea mejor, me gustaría que alguna vez se hagan pruebas a ojos cerrados, a ver quién reconoce cual es el que suena mejor. Así que depende de eso, lo que encuentre en una tienda. No compro regularmente, pero por ejemplo el otro día me chivaron que en la fnac había dos cajas con la integral de estudio de Johnny Hallyday y que valían trece euros cada caja con trece CDs, fui allí las encontré (a mí Johnny Hallyday no es que me fascine pero es la vida del personaje y cómo ha cambiado de estilo y tal) y las compré, porque encontrarte por 26 euros un taco de otros tantos CDs… pero claro, vas allí y terminas comprándote veinte cosas más, entonces el puto chollo  se ha transformado en una factura de 250 euros…
De todas formas ahora viajo menos al extranjero, donde es un peligro entrar a determinadas tiendas. En las famosas Amoeba de California he matado a la tarjeta de crédito y gracias a que le dije “mire, sé que le sonara muy raro pero es que me he gastado tanto aquí que le ruego que guarde éstos discos un par de días, que yo voy a intentar que me manden dinero desde España..” Y así lo hice. En Londres por ejemplo suelo ir al Soho, que tiene unas tiendas de discos asombrosas. Lo de siempre, vas buscando algo, no lo encuentras pero ha cambio encuentras cuarenta que no sabías que existían con lo cual… es una verdadera ruina. Pero sí, básicamente necesito soporte físico y llegado el momento no me importa que sea LP o CD; de hecho, el CD es muy cómodo para trabajar. En el sentido de decir al técnico  “ponlo desde el segundo catorce y desvanécelo en el 3´ 47´´. Eso te ayuda mucho.

-¿Alguna vez trataste de aprender a tocar algún instrumento musical?

Sí, una vez que estuve en un internado religioso. En esos sitios siempre hay guitarras y me enseñaron a tocar “La casa del sol naciente” que es lo máximo que he aprendido de música. Durante muchos años lo primero que aprendían los chavales españoles era un tema que se llamaba “Romance anónimo”, de la que hacían versiones instrumentales los primeros conjuntos españoles. Y “La casa del sol naciente” me la enseñaron y resulta que era muy sencilla, pero nunca desarrollé una pasión por tocar. Yo creo que son dos disciplinas diferentes, o sea, cualquiera que conozca cómo es la vida de los músicos españoles se da cuenta que no es una existencia envidiable. Mis máximos respetos pero yo no tengo esa inquietud. Eso de que los críticos tienen envidia de los músicos… no es mi caso. No podría vivir la vida de los músicos y menos ahora que estamos en unos tiempos de pauperización. Y a pesar de los chistes malos que se hagan sobre los críticos yo creo que somos indispensables porque hemos ayudado a millones de artistas que hubieran desaparecido de la faz de la tierra si no fuera por la obsesión de los críticos. O sea, nadie se acordaría de quienes son los MC5 ni posiblemente la Velvet Underground, o Love o lo que quieras.. si no fuera porque hemos estado dando la lata. Entiendo que los músicos tengan que odiarte y que no les gusta que les critiquen pero ¡por favor! que no sea con el tópico de “es un músico frustrado”. Es una cosa que está por encima de mis posibilidades, es como decir que eres un funambulista frustrado por quedarte admirado ante un funambulista que se desplaza entre dos rascacielos pero no lo voy a ser ni me interesa serlo ¿no? (ríe)

-¿Cuál dirías que es el mejor concierto en el que has estado? Lo que me lleva a  preguntarte también si valoras más el hecho de que el grupo o solista lo clave técnicamente o bien que a tí te llegue. 

– Hay dos circunstancias: una si vas a un concierto en plan relax y no tienes que escribir nada sobre ello, pues puedes estar muy tranquilo, o incluso pasar un tiempo en la barra o hablando. Pero si llego yo a un concierto y debo escribir sobre ello me pongo a la derecha del escenario, me pego allí y tomo notas desde el principio y hasta el final, o sea que es poco divertido: estar allí mientras la gente te da codazos y tu apuntando… Yo las impresiones musicales que tengo más marcadas me llegaron por sorpresa. Estar en Río de Janeiro en el ensayo de una escuela de samba, hay ahí cincuenta negros en una tarima, y de repente todos cogen un palo y dan a un tambor y hacen: “pap”” y es… (gesticula un gran asombro) , porque ahí en ese momento se desencadena todo. Y no era el desfile de carnaval, se trataba de un ensayo pero ¡qué barbaridad!. También haber estado en el local de ensayo del Septeto Habanero (lo que queda ahora del grupo, que ensayaba en la Casa de Galicia de La Habana) y de repente unos instrumentos.. guitarras rotas, arregladas con cinta aislante, unas trompetas oxidadas.. pero amigo, les habíamos traído un ron fuerte y aquello de repente hizo así: “yup!”.
O el impacto (porque no estábamos preparados) de ver a Morente con Lagartija Nick. Aún no lo sabíamos, entonces salía Morente con el flamenco y había unas cortinas, de pronto esas cortinas se corren y te hacen: “Braaaah” y  entra todo el volumen. Fue como si te hubieran metido dos gramos de lo que sea en vena. Los conciertos que mejor recuerdas son los que te proporcionan una sorpresa, tú no te vas a sorprender por ningún concierto de los putos Rolling Stones, no te vas a sorprender de artistas que están tan engrasados… ZZ Top.. su concierto es como si fuera un disco, joder, no tienen ninguna gracia. ¡Dylan! , Dylan a veces te sorprende de lo malo que es (risas), o sea, no puede ser verdad que éste tío esté asesinando a su propias canciones. ¿McCartney? McCartney por ejemplo sabes que te lo va a hacer muy profesional. Pero no suele haber elemento sorpresa y el elemento sorpresa sí que me encanta.

-Es lo que más te motiva de la música.

-Sí la cosa de que alguien te agarre del corazón y te sacuda. También me jode mucho los grupos que intentan conquistarte con volumen máximo, los Spiritualized o cosas con un volumen doliente… que dices ¡vete a tomar por culo tío! si me quiero suicidar ya hay otras formas.. (risas). Odio cuando sales de un concierto con el oído dolorido y zumbando. Me pasó hace poco con Jack White, que dices ” ¡pero hijo puta! ya sé que quieres ser Led Zeppelin, pero por favor prueba a ser Led Zeppelin en un sitio que tenga mejor sonido y no en ésta puta sala Riviera que es el infierno para música en directo.”

-¿Y si entrases a valorar tu disco favorito de siempre? ¿en base a qué lo decidirías, a lo vanguardista que sea o a la de veces que puedes reproducirlo sin cansarte?

-Pues por ejemplo, los discos de Miles Davis de le época eléctrica, a partir del Bitches Brew, son discos tan raros y tan nebulosos que los puedes escuchar mil veces porque no ves la arquitectura. Luego hay discos que te reconfortan, siempre vas a escuchar con más gusto un Pet Sounds que no otros discos más complejos porque el Pet Sounds es acogedor. Y por otro lado soy muy precavido, procuro no abusar de los discos que me gustan mucho. Si voy a una casa y alguien tiene puesto el Revolver de los Beatles digo “de puta madre” pero no esperes que yo lo haga en casa.  Para escuchar el Revolver debe haber una muy buena razón, no quiero que se me desgaste. Hay discos que sabes que son especiales por una serie de circunstancias: el Forever Changes de Love,  una pandilla de locos que un momento se les aparece la virgen (ríe), y no vuelven a hacer nada parecido. Luego hay otros discos que sabes que son importantes y que cambiaron todo; ahora estoy escuchando una caja de todo lo que grabó Chuck Berry, dieciséis CDs, veintiún horas. Claro, tienes que hacer un esfuerzo porque ahora cualquiera oye ésto y dice “qué primitivo es ésto”, contrabajo, guitarra eléctrica, piano y batería.. pues éste tío en ese momento estaba definiendo el sonido del rock n roll. Luego el bajo sería eléctrico, como los Crickets de Buddy Holly, y el piano seguramente desaparecería o se cambiaría por un órgano.. pero el sonido eléctrico de la guitarra, las historias que te está contando, ¡éste tío está fundando América! Es Cristobal Colón, le puedes odiar aunque urge reconocer que a partir de que él llega, todo cambia. Pero es muy complicado elegir los mejores discos. Algunos te gustan porque has convivido mucho con ellos o porque amueblan muy bien, insisto, el Pet Sounds.. tú no puedes poner ese disco y no sentirte en una nube como de materiales flotantes, muy cómoda, casi cómo el algodón de azúcar que te venden en las ferias.  Yo hace tiempo que no he escuchado entero el Blonde on blonde de Dylan y para mí es uno de los discos definitivos pero no quiero que se me gaste, cuando quiera escucharlo será porque hay una necesidad y porque en ese momento necesito que  me suene un poquito fresco. Por eso más de una vez he dicho que a los Beatles habría que prohibirlos, prohibirlos durante siete años. (risas). Con los Rolling Stones afortunadamente, como la mayoría de la gente no sabe dónde está la época buena, siempre te ponen lo obvio, con lo cual, puedes volver a sus otras etapas. O Hendrix que tiene tantas grabaciones..

-A mí me parece que “Física y química” y “Yo, mi, me, contigo”, de Sabina están a la altura de “19 días y 500 noches”. ¿Qué es lo que te fascina de éste último para ser tu favorito?

-También es cierto que 19 días y 500 noches tiene dos o tres canciones que no deberían estar ahí: “Como te digo una co te digo la o”,  “Dieguitos y Mafaldas” ¡que tiene la orquestación salsa peor hecha del mundo! pero aún así yo creo que es un disco que muestra una enorme variedad de Sabinas, en esos discos que tú dices no hay tanta variedad de Sabina. Y esos discos anteriores tenían un problema de producción, no es la pureza que tiene 19 días y 500 noches, y sobre todo lo suelto que está el hijoputa, por ejemplo cuando cita al propio Alejo Stivel en una canción “estoy aquí en mi casa muy, muy aburrido, pasando como un tonto las horas sin sentido”. O la canción de “Barbie Superstar”, cuando dice “me la encontré en el tigre de un bar y me dijo: qué pasó con la canción que me ibas a hacer cuando eras poeta?” “y dice: terminaba tan mal que no la quise empezar”. Sé exactamente lo que está diciendo porque he visto a mucha gente que se ha hundido. Para mí Sabina siempre sacaba discos feísimos de portada, feísimos de sonido y súper inciertos, junto a grandes canciones había algunas cosas horripilantes, entonces de repente te saca éste: la portada es aceptable, el sonido está muy bien y casi todas las canciones son de morirte… el cómo juega con su mismo personaje canalla, cuando dice “el día que me muera me vas a disculpar pero yo me ausentaré del tanatorio para ir a meterme unas rayas..” ¿quién es el hijoputa perverso que puede imaginar algo así? ¿cómo se puede ser tan malo? Yo siempre he criticado a Sabina pero en ese disco estaba más abierto a la música. Le acompañé a un concierto que dio en Laredo y era un gusto porque al terminar el concierto pasaba por el ritual del besamanos que era una cosa horrible (atender a cien personas que te cuentan: “tú conoces a mi madre, mi hermano hizo la mili contigo bla bla bla”). Luego terminábamos en la habitación del hotel; decían “¿cuál es la mejor canción del mundo?”. El y Pancho Varona se ponían a discutir, uno tocaba a Leonard Cohen, el otro a Dylan y al final de esa noche coincidieron en que la mejor canción era el “Don´t let me down”, de John Lennon. Y dices, a éstos tíos les gusta la música, no tienen cultura musical de investigar la serie B, pero gozan. Ahora es cuando se ha pasado más al mundo literario y… me lo ha contado varias veces, que ya no escucha música, que le da lo mismo. Y le digo “tienes un problema tío”, porque si te vas a pasar la vida como llevas ya veinte años imitando a JJ Cale, quizás sería bueno que te buscaras alguna alternativa de fórmula en la cual puedas encajar tus letras. Así que yo le doy un poco por perdido. No queda más que el teatro mediático de si le da un achuchón o no sé… no creo que haga grandes discos porque no vive la noche, no le apasiona la música y está más preocupado por la hechura de las letras que no por el impacto de sus canciones. Que sus canciones tenían mucha verdad, joder

-Hace unos años vi a Van Morrison en el Euskalduna de Bilbao y el concierto me encantó, ejecutado a la perfección y con “soul” , al menos en la parte musical. Porque creo que conoces bien la personalidad de Van, y en las dos horas del concierto no dijo ni una sola palabra por el micro que no fuese cantada. Una cosa es no explayarte demasiado, pero ni un “gracias” ni nada.. es muy excesivo, ¿no crees? ¿llegaste a entrevistarlo?

-Nunca le he entrevistado pero he visto cosas peores. ¡Le he visto reñir a los músicos por el micro! o sea, lanzar insultos. Cuando actuaba con la hermana de Jerry Lee Lewis, la Gail Lewis, la banda estaba verde, entonces el hijoputa les echaba la bronca y veías al músico que se acojonaba. ¡No se puede ser tan miserable! Es cruel. Otra vez, en La Riviera, en un concierto que había estado cojonudo, hacia el final empieza a tocar “Gloria” y en ese  momento se oye a un borracho que dice “¡qué bien!”, y el tío coge y corta. Y dices, ¿se puede ser más asqueroso, más tacaño, más intolerante que tú? Hace poco lo pensaba, ¿me voy a ir de éste negocio sin llegar a entrevistar a Van Morrison? y eso que hubo un par de veces que me dijeron “estate atento que ésta tarde te llamamos y te vamos a decir hora y sitio para la entrevista”. Al final no hubo cita pero, la última entrevista que he leído (que la hizo en la revista Mojo) es de acojono. Fue en un hotel de verano, con muy buen tiempo, con un montón de gente en la terraza y entonces sale Van Morrison vestido con abrigo, bufanda, sombrero y gafas oscuras, y cien personas se giran para observar quién es ese loco.  Te das cuenta que ha perdido cualquier sentido de la realidad. Hay una frase sobre Van Morrison que venía a decir  “si Van Morrison fuera encima guapo y simpático sería el dictador del mundo”, y eso te tranquiliza, que no es ni guapo ni simpático. (risas). La verdad es que crea mucha frustración. Aunque puedes ir y si resulta que tiene un concierto inspirado… cada vez menos porque el cabrón viene en avión; antes, si hacía conciertos en España, venía y se quedaba una semana pero últimamente viene en avión desde Irlanda y lo tiene a la salida esperándole para llevarle a su casa. Eso ya te dice que el concierto va a durar hora y media y no tres horas.

-¿Quién ha sido el entrevistado que peor te lo ha hecho pasar durante una entrevista?

-Eso es facilísimo, ¿no?

-¿No será Lou Reed?  

-Lou Reed , claro. (risas)

-¿Le has entrevistado varias veces?

-Sí, si. Pero está muy bien porque precisamente esa tensión que generaba hacía que las entrevistas fueran eléctricas, ¡saltaban chispas de un lado a otro! Y luego también recuerdo una entrevista con Van Halen en Madrid, la entrevista fue horrorosa porque me sentaron a mí delante de los cuatro, los cuatro en un sofá. Cuando cuatro músicos están juntos empiezan a vacilar entre ellos y terminan por vacilarte… yo me quejaba al de la discográfica. Al final, cuando termina la entrevista, se levanta David Lee Roth, se me acerca y me dice en español: “¡sí, yo también creo que son unos hijos de puta y unos cabrones!” (risas). Luego, gente que te miente. Billy Corgan de Smashing Pumpkins. Le estaba entrevistando y le pregunto por una canción que tiene una referencia a Martha. Le digo “¿quién es ésta Martha?”  Él mira a los otros y dice “pues es Martha Stewart”. Martha Stewart es una famosa de la televisión americana que sienta cátedra en los buenos modales, en cómo decorar tu casa y cómo cocinar. Y me cuenta una milonga porque luego me entero que la Martha de la canción era su madre. Decidieron que yo era el tonto y que me iba a contar una milonga,  fue desagradable descubrir a posteriori que se estaban riendo de tí. La entrevista tuvo lugar en Nueva York, hubo que ir hasta allí, superar los controles de los aeropuertos…para que un tío te tome el pelo y los otros le sigan la gracia.  Me jodió profundamente.

-¿Y después de la entrevista? o sea, ¿quién recuerdas que se haya mosqueado al leer la entrevista completa o el artículo completo? ¿Alguna vez te ha denunciado el artista o su equipo por airear según qué datos?

-No ha habido grandes represalias.. el único que se puso estúpido fue Miguel Bosé. Cuando empezó con aquello del Séptimo de Caballería escribí que aquello era absolutamente intolerable, que con el dinero público hubiera convertido aquello en una plataforma de lanzamiento de los artistas de su oficina de management y de su discográfica, Warner. Me parecía tan alucinante como si hubiera un sólo programa de fútbol en la televisión y se lo encargaran a Cristiano Ronaldo  y sólo salieran jugadores del Real Madrid. ¿Qué pasaría? El país futbolero quemaría TVE…pues ésto era lo mismo. La siguiente vez que lo entrevisté (no por placer, desde luego, no me interesa su música para nada) quedamos en la terraza del Círculo de Bellas Artes, que tiene unas vistas maravillosas pero sin medidas de seguridad. Entonces, Miguel Bosé se presentó con un gorila, un guardaespaldas con cara de malote. Estábamos allí los tres y me dice medio en broma, medio en serio  “porque yo puedo hacer que te tire y nadie se iba a enterar”. Y daba la puta casualidad de que ese guardaespaldas había sido portero de un bar de Malasaña, nos conocíamos y yo sabía que era una buena persona, más allá de su exterior. Es la hostia, pensé, éste miserable que su familia materna viene de Milán y se quiere hacer el siciliano conmigo. Y desde entonces me alegro mucho de no haber seguido tratando con Miguel Bosé. Me pareció terrorífico y grotesco. La verdad es que no tengo grandes anécdotas que se puedan contar, de entrevistas que terminen mal. Pero es que hay artistas para todo. Por ejemplo Santiago Segura. Pensarías que la vida le sonríe: gana millones, parece feliz y sin embargo no ha olvidado una crítica chiquitina que yo hice de la banda sonora de Torrente 2. Un día nos encontramos en la  Librería Fuentetaja. Estaba con su hija pequeña, que es una preciosidad, y la digo: “hola, qué tal, ¿quieres unos caramelos?”. Y él suelta en voz alta: “te he dicho que no cojas caramelos de gente mala como éste señor”. Todos los presentes en la librería se vuelven hacia mí, pensando que yo soy un pedófilo o yo que sé. El hijoputa no había olvidado una crítica de chichinabo en El País de las Tentaciones, que eran textos diminutos. Ni me acuerdo lo que escribí pero me enfiló. Que conste que, hace un año, coincidí con él en Bilbao, en el Festival de la Risa, entrevistamos juntos a Robert Crumb y bien, ambos nos ayudamos el uno al otro.

-Alguna película de éste último 2014 que nos recomiendes …?

La verdad es que me he estado dedicando más que nada a ponerme al día de series.

-¿Y en series qué nos puedes recomendar? Sé que True Detective te gustó.
-Sí, me gustó porque me equivoqué y empecé a verla por el capítulo final, con lo cual todos los anteriores para mí eran un flashback, ¡parecía tan vanguardista que enseñaran al monstruo desde el primer capítulo! (risas). Y sólo al final cuando terminé de verlo, me di cuenta del error. Sí, hay partes de esa serie que me gustan mucho y otras que me aburren. Me encanta Los Americanos, me encanta House of Cards, también The Knick y tampoco son redondas, ni mucho menos. No son personajes con los que te puedas identificar tanto como con Don Draper o como Walter White, bueno, Walter White es un horror, quizás empatizas más con el chavalín. La última película que he visto tampoco me convenció mucho, fue el biopic de James Brown.

-Por cierto, yo no he podido verla, no sé en qué cines ha salido. En Vizcaya parece que no ha tenido distribución y en general en España muy pobre.

-Sí exactamente, verían las cifras de los primeros días y nada.. saldrá en dos meses en dvd. Está bien, aunque sabes que cualquier relación con la realidad es ínfima. ¡Pero tiene cosas muy buenas! es una versión amable de quién era James Brown pero se aguanta. Imagino que es como el propio Mick Jagger se querría ver retratado: un engañador, un vividor, un pícaro.. alguien que se burla del mundo y consigue que el mundo pase entre sus piernas.

-Tengo que preguntártelo porque no creo ser el único que lo piensa: ¿qué le pasa a la radio hoy en día? no hablo de webs, en las que seguro habrá más variedad, pero al girar el dial por lo general sólo encuentras radios comerciales que vayan del palo que vayan siempre son lo mismo, repitiendo TODOS LOS DÍAS las mismas canciones. Por otro lado tenemos radio 3, que aunque es más variado me parece demasiado especializado para el público general. ¿Es posible una radio de calidad para todo el mundo? Yo no lo veo como una utopía, ¿qué opinas tú?

-El modelo económico de la radio era la payola, como lo llamaban los americanos. Yo te doy éste dinero, aunque este camuflado como publicidad,  para me pongas ésto. Ha pasado el tiempo y las discográficas ya no pagan para que pinches discos porque ya no tiene sentido invertir en discos más allá de algunos objetivos. Las radiofórmulas están intentando dar bandazos para programar de la forma más barata, incluso  los locutores no pueden poner los discos que les gustan.  En algunas emisoras, la playlist la decide un equipo de suecos expertos. Los suecos vienen aquí cada año o cada medio año, convocan a veinte personas que podrían responder al perfil de oyente típico de  la cadena, les ponen unos segundos de cada tema y esperan que éstos puntúen o den su aprobación. Por lo tanto cualquier tipo de imaginación ha desaparecido, es seguir el mínimo común denominador. Así que todas las emisoras andan absolutamente acojonadas y no hay valor para decir “vamos a hacer una radio fuera del coñazo actual, que tenga chispa, información…”. Son incapaces porque tienen mucho miedo. Y el grado de control es tal que las cabinas de las emisoras no hay reproductores. Es decir, tu sólo puedes poner la música que está en el ordenador, para que no se te ocurra ni de puta casualidad pinchar el disco de un artista nuevo. No lo puedes meter en la lista de lo aprobado. Hasta que algún día alguien consiga engañar a los jefes y le permitan salir de la radiofórmula de oldies. Me alucina que, mientras tanto, unos técnicos suecos imponen lo que va a sonar en España. Además, hay muchas horas donde  ¡ni siquiera presentan los discos! Es bastante alucinante: cubren una necesidad pero se podría hacer con personalidad, con algo de gracia.

-Y aún más huérfana se encuentra la televisión musical española, prácticamente nula. ¿Acaso no vendería un programa musical, variado y bien estructurado? ¿por qué crees que nunca llega a ocurrir?

-Yo creo que falla el concepto de a qué público llegar. Aquí automáticamente, cuando se habla de un programa musical, los directivos de la televisión piensan en chavalitos, lo cual es un error. Los chavalitos tienen acceso (con su tecnología) a todo lo que les interesa  y sobre todo un fin de semana por la noche ¡no están en la puta casa! Creo que el planteamiento sería desarrollar  un programa intergeneracional, porque hay mucha gente de treinta, cuarenta, cincuenta y sesenta años que sigue comprando discos, que básicamente mantienen a la industria del disco porque son los que pueden comprarse las cajas e invertir en discos inciertos…etc. Yo creo que habría que trabajar por ahí y no andar presumiendo de  “ji ji ja ja, qué modernos somos”.

-Igual ocurre un poco como en la radio¿ no? miedo a abrir más el abanico de las posibilidades. Te ponen Melendi y cuatro cosas más.

-En éste país no puedes mezclar lo comercial con lo creativo, pero yo creo que, aún con ese prejuicio, te quedan un montón de territorio. Entre Pony Bravo y  Rosendo o El Drogas, sin olvidar a los cantautores más imaginativos; yo intuyo que habría mucho margen para hacer un programa variado y no quedarse únicamente en los grandes nombres y en los nombres fashion. ¿Tú has visto alguna vez a Los Suaves en televisión? Los Suaves es un grupo muy raro, raro de cojones, y nadie se la ha jugado a sacarlos en televisión tal como son, haciendo lo que hacen, desde una primera aparición que con Angel Casas en el 82 o así. Habría que buscar una fórmula que te permitiera mostrar una selección de todo lo que se está haciendo y no quedarse sólo ni en los clásicos ni en lo indie sino buscar entre medio. Buscar por los márgenes, lo que incluye grupos que llenan polideportivos.

-Ya que estamos a comienzos del año, ¿tienes algún deseo para éste 2015?

-Quizás tomarme una semana o quince días sin necesidad de trabajar. Pero es muy difícil para un freelancer. Y siempre tuve el sueño de pasar las Navidades en un país donde no se celebren esas fiestas. Durante un tiempo planeé irme a La Habana y resulta que la última vez que estuve a primeros de diciembre ya estaba la ciudad llena de símbolos navideños y Papá Noeles. El problema es que te quedan muy pocos… ¡Corea del Norte! (risas). Sí, sería maravilloso  disfrutar de un cambio de año sin enterarte, sin putas campanas, sin discursos de nadie, sin uvas… y es mi pequeña frustración porque incluso los países más paganos como Islandia o Finlandia tienen también tradiciones similares  para el cambio de año.

-Pues te deseamos de corazón buena suerte para ambos propósitos. ¡Hasta pronto Diego!

-Gracias ¡Hasta pronto!

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