Crónica del BIG Festival 2013

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BIG Festival 2013 – 1ª jornada

Era un 18 de Julio y el calor apretaba en Biarritz. Tras tres horas y media de tórrido viaje en bus, todavía me quedaba localizar el hotel y buscar la zona de prensa, o de presse. Todo eso a treinta y pico grados y sin un ápice de brisa. ¿Pero qué más daba? Estaba en el lugar y momento indicados. Estaba en el BIG Festival, con eso bastaba. Por delante dos días de conciertos, recargas de batería, espera, pateadas, emociones, comunicación gestual y duchas, muchas duchas.

Tras dejar todos los bártulos en el hotel y conseguir los pases, mi compañero Blasco y yo nos acercamos al Estadio Aguilera, recinto donde tendrían lugar los conciertos. Ambos esperábamos ansiosos la actuación de un mito, de un semidiós del rock & roll: Neil Young. Y además venía con su banda, Crazy Horse. Todo apuntaba a una noche memorable, y aún más para dos chavales que no habían visto a Neil en su vida.

Al entrar al recinto, casi de inmediato nos acercamos al frontstage a enterarnos de cómo y cuándo podríamos sacar las fotos. Las normas eran las típicas: fotos en las tres primeras canciones y sin flash. Fue llegar y al de cinco minutos Gary Clark Jr. comenzó su actuación, así que desenfundamos cámaras y al lío. Después de 15 minutos de hincharnos a fotos, el típico maromo de seguridad, o securitée, nos condujo a la salida con cara de pocos amigos. Nosotros a lo nuestro, fotos y más fotos. Clark Jr. ofreció un genial concierto, repleto de cuidados solos y una mezcla de ritmos blues con música negra. Habría quien reconociese algo de Hendrix en ese joven tejano de 29 años. Conforme avanzaba el recital de guitarra, la gente se fue dejando ver, ya con vistas al concierto del Neil Young.

A eso de las 11 comenzó la joya de la corona del BIG, a cien desde el principio. Exceptuando algún tema mítico como Heart of Gold o Singer Without a Song, casi todos los tocó con su banda, proyectando una energía y viveza que muchos quisieran a los 68.

El público, al igual que Young, estaba entregado al Rock & Roll, y eso favoreció, sin duda, al ambiente general de la noche. Neil, enchufadísimo a la guitarra, consiguió sorprender a propios y extraños. La gente nos comentaba que pese a haberle visto en solitario, tocando con Crazy Horse era otra historia, una historia más movida y salvaje. Y desde luego lo fue. Los allí presentes pudimos disfrutar de un Neil enérgico, a gusto con la gente y con su banda (las continuas que cruzaban los delataban) y que, en general, lo quiso dar todo. Comenzó con Love And Only Love, dejando claro que la noche sería puro amor, amor al rock de cinco estrellas.

El tema Walk Like A Giant, a mi juicio, fue el eje de los 130 minutos de actuación. Las pantallas proyectaron rayos y tormentas mientras Young hacía sufrir al amplificador. Tormenta de rock y solazo de unos 5 minutos. Continuó con temas más que reconocidos (Singer Witout A Song, Blowin’ In The Wind) y con alguno que recuperaba para su gira Alchemy Tour, como Human Higway. Para terminar un clásico, que seguro que no dejó indiferente a nadie: Rockin’ In The Free World. Después volvería con dos bises, y al son de Hey Hey, My My concluyó un concierto que, a juzgar por la entrega del público, perfectamente habría podido durar todo el festival.

El repertorio exacto fue el siguiente:

1. Love And Only Love
2. Powderfinger
3. Psychedelic Pill
4. Walk Like A Giant
5. Hole In The Sky
6. Heart Of Gold
7. Human Highway
8. Blowin’ In The Wind
9. Singer Without A Song
10. Ramada Inn
11. Sedan Delivery
12. Surfer Joe And Moe The Sleaze
13. Rockin’ In The Free World

14. Mr. Soul
15. Hey Hey, My My (Into The Black)

Cuando acabo la mágica actuación de Young, y sin tener que esperar apenas, nos montamos en un bus rumbo a Halle d’Iraty, el club donde se celebraría la parte electrónica del festival. Cabe destacar esta faceta del BIG, su variedad musical, pudiendo conseguir así una mayor captación de público. Además, el hecho de tener la opción de comprar las entradas por zonas (estadio o club), abarató costes a quién buscaba ir solamente a ciertos conciertos o actuaciones.

Una vez en el club, aprovechamos para relajarnos un poco y gozar de una caña a precio francés (6 euros). Kavinsky era el cabeza de cartel nocturno, DJ francés de reconocida trayectoria. El toque distintivo de su música pueden ser los ritmos ochenteros de electro-pop que impregnan prácticamente todos los temas, dándole una perspectiva retro a lo que en teoría es un estilo novedoso, el house. Su éxito ha sido tal que en el nuevo juego de la saga Grand Theft Auto han incluido una radio que solamente emitirá su música. También usaron un tema suyo en la intro de la reciente película Drive.

La actuación de Kavinsky fue precedida por B.O.S.S. Soundsyistem feat. Joeystar,una banda local que dejó mucho que desear. Sus DJ’s no paraban de hablar sin sentido y meter bocinazos al más puro estilo reggaetonero. Mucho ruido y pocas nueces. Por si fuese poco, se les despidió con una soberbia pitada, después de que estos dijesen algo que no sentó muy bien entre los asistentes. Mas artistas estaban citados para la noche, pero Blasco y moi apenas podíamos con los huesos y decidimos regresar al hotel, para de paso darnos una buena ducha fría y dejar las baterías (nuestras y de las cámaras) recargando para el día siguiente.

BIG Festival 2013 – 2ª jornada

El viernes 19 fue, si cabe, aún más caluroso que el día el anterior. Dado que las actuaciones empezaban a las 19:00, aprovechamos la mañana para ir a la playa y comer un bocata en uno de los muchos chiringuitos que allí había. Ya por la tarde, conseguimos sacar tiempo para pasarnos por el BIG Village, la única zona gratuita del festival. Básicamente, lo que allí podía encontrarse eran chiringuitos con sofás (rollo chillout) y un pequeño escenario para actuaciones gratuitas, además de la zona de prensa. Tras realizar alguna entrevista y gozar de las vistas de Côte des Basques, de nuevo nos dirigimos al estadio Aguilera, de nuevo a pie.


Las actuaciones del segundo día del BIG fueron muy diferentes de las del primero, con artistas raperos como los míticos Wu Tang Clan o el local Orlsean. Anai Arrebak fueron los encargados de abrir el cartel y Bloody Beetrots, grupo italiano de hard-electro-punk, pusieron la nota de desenfreno y locura en un cartel carente de rock y claramente orientado a un público más joven. Tuvimos la oportunidad de fotografiar a Anai Arrebak y Orlsean, e incluso charlar con amigos de los primeros. Respecto a Orlsean, decir que la puesta en escena fue impresionante y muy cuidada, pero la calidad de su música no lo fue tanto. Cabe decir que dentro de la escena hip hop francesa, Orlsean se mueve entre lo comercial y muy comercial, colaborando con artistas que poco o nada tienen que ver con el HH, Jena Lee, pero que venden miles de copias y no paran de sonar en las emisoras francesas.

Ya por la noche, debido a que Blasco conocía a los artistas donostiarras Two Lovers DJ’s y había quedado con ellos previamente, nos acercamos al Halle D’Iraty para la apertura de la sesión nocturna, a eso de las once. Si, es cierto que no vimos ni a Bloody Beetrots ni a Wu Tang Clan, pero en cambio gozamos de las actuaciones de la noche desde el principio y además desde un lugar privilegiado. Esta vez tuvimos que ir desde el estadio hasta el club a patita, unos treinta minutos, ya que el servicio de buses no comenzaba hasta las dos de la mañana. Sin lugar a dudas, algo que falló en la organización fueron los buses y sus respectivos horarios. ¿Y si alguien no se queda a ver todos los conciertos y quiere volver al centro? Ya puede esperar o arrancar el coche San Fernando…

Al comienzo de la actuación de Two Lovers, el recinto estaba prácticamente vacío, pero en cuestión de media hora se llenó de gente, humo y decibelios. Aunque fieles al estilo clap house, que tanto ha pegado últimamente, el repertorio de la pareja donostiarra fue variado, llegando a pinchar, por ejemplo, temas hip hoperos. El público, aún con el recuerdo de la pésima actuación de B.O.S.S. el día anterior, supo agradecer la entrega de Two Lovers, que literalmente se dejaron la piel. El encargado de suceder a los vascos fue Synapson, grupo compuesto por la pareja francesa Alexandre y Paul, afines a un estilo mucho mas deepero y relajado. Desde luego, supieron imprimir su sello personal, ese toque instrumental que consiguen tocando la batería y piano electrónicos en directo. El público, muy metido en la atmósfera que Synsapson creaba y agrandaba con cada tema, aplaudió enérgicamente una actuación diferente, variada y definitivamente, muy musical.

La noche prometía con las posteriores actuaciones de Bakermat, Wankelmut y Joris Delacroix,pero el hecho de haber andado tanto de un lado para otro con la cámara a cuestas, la sudada que llevábamos encima y el anhelo de una ducha bien fría nos empujó a coger el bus de vuelta a casa. Menos mal que esta vez sí que había bus.

Una vez en el hotel, aún tuvimos tiempo de repasar cómo había ido todo, de pensar en que habíamos acertado y en que fallado, y de paso reírnos con las muchas anécdotas ocurridas en esos días. Era de noche, pero el calor no parecía dispuesto a dar tregua, así que otra ducha fría, ventilador en marcha y a descansar con la emoción de haber disfrutado de dos días en total ambiente festivalero.

La valoración del BIG Festival es, sin duda, positiva. Aunque en algunos puntos se note la juventud e inexperiencia del festival, ya sea por la organización de los buses o por la zona de camping (inexistente), todo apunta a que irá mejorando y creciendo año tras año. Quién sabe qué sorpresas nos depararán las ediciones venideras, pero lo que es seguro es que no se renunciará a la calidad musical que hasta ahora ha marcado el BIG, así como a la variedad de estilos que lo identifican.

Una vez más, go Biarritz, go BIG!!!

En: Crónicas

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