Crónica del BBK Legends 2017

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El pasado viernes daba comienzo la segunda edición del festival BBK Music Legends, celebrado de nuevo en el centro “La Ola” de Sondika y con aviso de posibles lluvias incluido. El guipuzcoano Ruper Ordorika daba mecha a la tarde introduciéndonos de lleno en su cancionero, escogiendo como entrante su ya clásica Martin Larralde, interpretando recientes  y cautivadoras melodías como Hamar Negu y dando en general la sensación de que su pop-rock y su folk (incluso los más recientes) aguantarán sin problema el paso del tiempo. Emocionó escuchar hacia el final ese Zaindu Maite Duzun Hori que tanta verdad encierra.

A las siete de la tarde, y aún con la lluvia en modo “xirimiri” (aunque por momentos comenzara a caer la gota gorda) aparecía en escena el inglés Georgie Fame, uno de los intérpretes más solventes si hablamos de jazz-pop y de rhythm & Blues. Jamás se destaca su papel como compositor, y es que aunque casi siempre haya  tenido éxito a través de canciones ajenas, lo cierto es que atesora impagables temas propios que rara vez interpreta. Aquella tarde-noche sí sonó uno de esos temas, que fue la marchosa Get Away, rodeada de versiones (muchas de ellas ya grabadas en el pasado)  de Booker T & The MG´s (Green Onions), Willie Nelson (Funny How Time Slips Away), Hendrix (Red House, cantada por el guitarrista), o de su adorado Ray Charles, del que sonaron hasta dos (I Got a Woman y Get On The Right Track Baby).

De dos canciones llegó a hacer solo la intro, supongo que en plan guiño; estas fueron A Whiter Shade Of Pale, así como Somebody Stole My Thunder, que antes de empalmar con la clásica Yeh Yeh (que no es composición suya pero que se asocia siempre a Fame)  dedicó al recientemente fallecido actor Roger Moore. La banda sonaba compacta y con mucho swing, sobre todo para el formato reducido que llevaban: los dos hijos de Georgie estaban a la batería y a la guitarra, lo que por otro lado puede dar cierta esperanza a los padres que esperan que sus hijos continúen sus pasiones. Aunque esto siempre es impredecible. El trío cerró el set con dos canciones de Mose Allison, influencia si cabe aún mayor que Ray Charles para el propio Georgie Fame, sobre todo por su sabia mezcolanza de jazz y R & B. El concierto acabó y a muchos ya no nos importaba si llovía o tronaba pues la música estaba siendo nuestro motor.

Dan las ocho y media de la tarde y parece el momento perfecto para ver a Van The Man en directo. La luz del día va poco a poco apagándose pero aún hay suficiente luminancia, y los enamorados de la música de Morrison vemos en esto algo positivo y por momentos casi mágico. Y es que todo se puede tornar romántico cuando se dan los elementos necesarios. Antes de salir a las tablas el irlandés, la organización del festival pidió por favor que no se hiciera uso de los teléfonos móviles (se entiende que sacando fotos y/o video) pues el propio Van Morrison lo había pedido expresamente para así “poder dar todo de sí mismo”. Ya éramos conocedores de las peculiaridades y de las excentricidades del músico, pero esto sonó excesivo,  con el público lanzando un pequeño abucheo por la petición.  Aún así la música en seguida hizo acto de presencia y más bien pronto nos olvidamos del invento que parece imprescindible en el siglo XXI: los putos móviles.  Aunque un segurata señalaba de vez en cuando desde el foso a los temerarios (jaja) que alzaban sus móviles, y se adentraba entonces en el gentío para llegar hasta la persona  que había sacado la foto o el vídeo. No tenemos nada que objetarle al tipo, al fin y al cabo trabaja “para” Van.

Y el show comenzaba con una canción de su nuevo álbum, Keep Me Singing, de este mismo 2017. Esta fue Too Late, con la clásica Moondance de seguido y un triplete junto a su viejo colega Georgie Fame, incluida la poco esperada y preciosa Vanlose Stairway. En realidad Fame había salido a tocar sólo dos temas, pero Morrison le convenció para hacer una más. Normal, por otro lado, teniendo en cuenta la admiración que siente el uno por el otro, y sabiendo que el teclista estuvo en la banda de Morrison durante casi una década. Continuó el irlandés con las adaptaciones de sus propios temas, porque a muchas de sus canciones (a casi todas) les confirió otro tratamiento, ya fuera con distintos arreglos o variando el ritmo. La balada Have I Told You Lately That I Love You la imprimieron más rítmica, más animada. Con Bring It On Home To Me (original de Sam Cooke) ocurrió sin embargo al contrario: se deceleró a un modo góspel, para que tanto Morrison como su amiga isleña Imelda May (que actuaría con su banda al día siguiente)  se lucieran de lo lindo en las voces.  Estiraron el blues Baby Please Don´t Go , que Morrison ya cantaba hace más de cincuenta años, e introdujeron en su interior un pedazo del Parchman Farm. También la luminosa Days Like This sonó algo más lenta pero igualmente arrebatadora e incluso un poco más tierna de lo habitual. Muchos de nosotros hacía rato que estábamos en el cielo de las melodías perfectas.

En determinado momento, hacia el final, Morrison no pudo evitar soltar un par de risas  (casi carcajadas) mientras cantaba, a lo que el público respondió con una enorme ovación, aplaudiendo la, para muchos, recién descubierta humanidad de Mr Morrison. Fue un momento espontáneo y nos alegramos de saber que él también disfruta sobre el escenario, y que no siempre lo ve únicamente como una oportunidad de hacer una actuación perfecta y nada más. De Tupelo Honey recuperó la bailonga y vitalista Wild Night para ir cerrando setlist con dos de sus ases más efectivos para los festivales: Brown Eyed Girl en versión más pausada y jazzy, así como la primera canción inmortal que puiblicó Van Morrison con el grupo Them, la coreadísima Gloria. Cuando la banda estaba terminando este tema y teníamos al protagonista ya fuera de foco la gente comenzó a comentar que “fijo que el tío está ya en Loiu”, demostrándose una vez más que la idea que Morrison ha dado muchas veces a sus fans es que se trata de alguien escurridizo y sobre todo, que va a su bola.

Como por arte de magia la lluvia paró del todo poco antes de que diera comienzo el concierto de Rubia, proyecto de Sara Iñiguez, que contaba con un auténtico supergrupo de la escena del gran Bilbao. Al gravitar el setlist alrededor de sus dos últimos álbumes hubo mayor presencia de otros instrumentos y de otros instrumentistas: un par de vientos en según qué canciones, violines, coros triples… y una verdadera gozada para los que adoran el sonido de principios de los setenta. A lo que hace Rubia se le suele llamar “Sunshine Pop”, porque sus melodías son muchas veces luminosas y rotundamente melódicas. Del último pudimos escuchar perlas como A Quiet Place, Anyone, Teenage Heartbreaker, la Spectoriana Death On The Snow o, entre otras, My Boy, que cerró la jornada del viernes.  Del anterior álbum, titulado Barman, sonaron Rain, City Of Angels o Time Will Be My Doctor, destacando el buen hacer de la enorme banda y el sensacional  ambiente que se generó a partir de unas canciones que cada día son más grandes. La versión de Elton John que se cascaron, Honky Cat, puso el perfecto broche a una jornada  repleta de buena música y muy buenas interpretaciones.

Este es un festival de día y por eso el sábado a las dos del mediodía ya volvía la música al recinto de “La Ola”, con la idea de  no terminar  los conciertos demasiado tarde. La lluvia ya estaba ahí desde el primer momento, aunque también los bilbaínos Mud Candies, que a base de un repertorio propio intachable y atrayente lograron que los más ”tempraneros”  se congregaran cerca del escenario. Country y Rockabilly, estos son dos de los ingredientes más importantes para el desarrollo de la música del ahora cuarteto  vasco. Su versión de Jolene, de Dolly Parton, sigue resultando muy bien en directo, y este fue otro de los ases que guardaban para un concierto corto pero intenso.

Lo de Wyoming & Los Insolventes es puro show para todos los públicos, con el actor/presentador/cómico soltando sus impresiones y sus chistes entre canción y canción y provocando en general más risas que en “El Intermedio”, sobre todo al tratarse en directo de bromas cosecha del propio Wyoming. También ocurre en su programa, que los chistes de los guionistas no hacen tanta gracia en boca del tipo, como los que (se suele notar) son suyos. Bueno, pero ¿ y la música? Porque en casos así suele ocurrir que para muchos el reclamo son los chistes y la música queda en un segundo, tercer o cuarto plano. No ocurrió en esta ocasión, y parece que el público disfrutó con su “greatest hits” que fue de Gimme Some Lovin de Spencer Davis Group al coreado Maneras De Vivir de Leño, pasando por Frank Zappa o The Beatles. El grupo estuvo correcto y Wyoming (aunque no sea ningún  notable vocalista) entretuvo al personal haciendo gala de su presencia escénica  y de una pronunciación en inglés que, seguro, debería mejorar. Un concierto liviano y funcional, aunque divertido.

Y entonces nos damos de morros con los americanos The Steepwater Band, banda que ya intuíamos iba a ser de las más destacables del festival. Varias veces los habíamos visto en directo por estas tierras, con lo que conocíamos bien su vocabulario y su material. El rock n roll con pegada  y el blues-rock crudo parecen estilos más que deseables para un festival, y aún no entiendo cómo programaron a este grupo a una hora tan temprana. Seguro que hubiera encajado mejor a la hora de Alpha Blondy, pero qué le vamos a hacer. Los de Chicago repasaron su trayectoria de más de quince años, empleando armas como  Mama Got To Ramble, High And Humble, o Come On Down, que propiciaron el rápido acercamiento de gran parte del público hasta primera fila, para disfrutar de cerca su fogosa música. Tampoco en aquel momento importó la lluvia, en nuestra atención sólo cabían las melodías. Cerraron con el archiconocido tema de The Rolling Stones Jumping Jack Flash, que a muchos esbozó una sonrisa. Por pedir me hubiera quedado con la versión que solían hacer de Neil Young, porque el grupo (y más aún ahora que son cuarteto) comparte innegables características sonoras con sus Crazy Horse. Seis y media de la tarde y la irlandesa Imelda May aparece en escena sentada y acompañada de sonidos de guitarra acústica y con una instrumentación suave y básica. No parece la Imelda que conocíamos.  No es peor, sólo distinta, en ocasiones más profunda.  Su nuevo álbum Life. Love. Flesh. Blood ha demostrado que dispone de más registros y sonoridades de las que algunos podrían haber pensado. Este es un buen disco, con algunas deliciosas canciones con cierta onda de Norah Jones, mucho más pausado que sus anteriores trabajos  pero profundo  y sentido. Su reciente divorcio fue lo que provocó que May destapara esta vertiente suya tan cercana al soul-jazz. De esta nueva aventura sonaron la preciosa y dolorosa Call Me , Black Tears o el himno pop Shouldn´t Been You, que recordó inevitablemente a Chrissie Hynde.  Se vio que estos nuevos sonidos no convencieron a algunos de sus viejos fans, pero a la vez seguro que crearon nuevos adeptos. Y tampoco es que se olvidase de los que la apoyaron desde el principio, pues una vez avanzadas varias nuevas canciones soltó Mayhem y Johnny Got A Boom Boom, entre otras, ofreciendo un final de show mucho más rítmico y festivalero.

El gospel reggae africano  de Alpha Blondy y su banda no parecía demasiado acertado para aquel momento de la tarde-noche, pero resultó que sí.  Comenzamos a olfatear aún más plantas quemándose a nuestro alrededor. Qué raro. Comenzaron con Jerusalem y a lo largo de casi hora y media hicieron un completo repaso a su discografía, que va de principios de los años ochenta hasta hoy día. De su más reciente publicación Alpha  cantó Rainbow In The Sky o No Brain No Headache, y no dejó fuera prácticamente ninguno de sus hits, incluidas Coco Rock, Politiqui o Sweet Fanta Diallo. Al final regaló también su versión del Wish You Were Here de Pink Floyd, que ya grabara en su día y que a muchos puso a cantar. Los imbatibles Gov´t Mule saltaron al escenario como cabezas de cartel, tocando algunas de las nuevas composiciones que aparecerán en la publicación de su inminente  nuevo disco. Ejemplos de esto los encontramos en la potente Stone Cold Rage, así como en  la excepcional Dreams & Songs. Por lo demás, ecos de ZZ Top, Outside Woman Blues, Banks Of The Deep End o el siempre necesario (aunque ahora más que nunca)  tributo doble a los Allman Brothers Band, banda que él mismo resucitó junto al fallecido Allen Woody a finales de los ochenta. De hecho, y mirando al otro reverso, si hay alguien culpable de que se formara la banda Gov´t Mule, esos fueron The Allman Brothers Band,  cuya participación en la banda por parte de Warren Haynes y de Woody encendió la mecha que les dio fuerzas y ganas para decidirse a crear su propia banda. La balada Soulshine fue la primera que tocaron de la familia Allman (tema compuesto por Haynes) , y seguido le dieron tralla al jazz-rock de Dreams, clásico compuesto por el difunto Gregg Allman. Hacia el final del bolo quedó claro (por si aún había dudas) porqué a este grupo se le considera uno de los mejores en eso que se conoce como “Jam Band”, es decir, grupo de improvisación. Su blues-rock con gran presencia del hard-rock se presta de lujo para ello, y con instrumentistas como los que lo forman sus conciertos resultan pasionales y efectivos.  Me quedo con esa extensa Mule que desarrollaron muy a su estilo y que dejó un buen sabor de boca para un festival que debería seguir creciendo año a año.

 

En: Crónicas

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