Crónica del Azkena Rock Festival 2013

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The Sword

Para mí la edición del Arf de este año comenzó con los guitarrazos de fuzz de Fernando Pardo, guitarrista de Sex Museum, que resonaban en todo el recinto a medida que nos fuimos acercando a sus sonidos garajeros. Inmejorable entrada. Interpretaron muchas (sino todas) canciones de sus tres primeros discos (así como el Smoke On The Water mezclado con Fight For Your Right de Beastie Boys) dejando claro que pasaban por el festi para pasarlo de puta madre y , de paso, recordar una carrera que comenzó hace más de un cuarto de siglo. Poco después dio comienzo el atronador bolo de los americanos The Sword, combo de heavy y stoner, que nos despeinaron de lo lindo a los que estuvimos cerca de la primera fila, totalmente expuestos al amplificador de sonidos graves.

A las 20:00 saltaron a por todas los murcianos M-Clan, pero fuimos muchos los que con este pase nos quedamos a medias; quizás sea porque su anterior disco (del que interpretaron Para no ver el final y Basta de blues) me parece mejor que el último, y al dejar fuera todos sus hits de los noventa (sólo sonó Perdido en la ciudad, pero tenían muchas más) el concierto quedó un poco frío. Insertaron una parte del blues I Ain´t Got You en uno de sus temas, así como el clásico de The Who Baba o´ Riley en su última canción, la floja Pasos de equilibrista. Lo de floja es totalmente subjetivo, no es una mala canción, pero creo que tienen bastantes mejores cartas guardadas. Aún más esperanzas teníamos puestas en Alberta Cross, grupo inglés afincado en Nueva York, que bebe del Southern Rock tanto como del rock alternativo, y que tiene gran facilidad para crear hits melódicos que dejan buen sabor de boca. Temas de su último trabajo como Magnolia  o Wasteland brillaron con luz propia pero desde luego no fue el bolo del día, ese estaba aún por caer.

Carlos Tarque (M Clan)

Todos nos reunimos cerca del escenario grande (que llevaba el nombre del recientemente fallecido Kevin Ayers), para disfrutar de los hermanos Robinson y de sus certeros músicos, entre los que ya no milita el sensacional Luther Dickinson a la guitarra, una pena, aunque Jackie Greene, su sustituto, dio la talla. The Black Crowes comenzaron con clásicos que nos recuerdan a los 90 y a los 70 a partes iguales; pronto sonaron Twice As Hard y Sting Me, sorprendieron y encandilaron a un servidor con la sentida Good Friday, versionaron a Traffic con la insufladora de vida Feelin´alright y no se salió de la piel del cantante de soul que ha demostrado ser Chris Robinson en la bailonga Soul Singin´. Estos tipos siguen preñando muchas de sus canciones de jams en las que cada músico es fundamental. Incluso en temazos redondos en los que parece que algo así sería imposible ellos consiguen que encaje, como en Remedy, por ejemplo. Casi dos horas de música que sonó, como siempre, impecable.

Los Smashing Pumpkins de Billy Corgan (o sea Billy Corgan acompañado de tres músicos que emulan los días gloriosos del cuarteto) comenzaron el show con canciones de su último disco, Oceania. Obviando esas partes el concierto estuvo correcto y poco más; sí que alegra reencontrarse con Bullet with Butterfly Wings, Disarm, Zero o la versión que se marcaron del mítico Space Oddity de Bowie, pero tengo que reconocer que a su pase le vi bastantes “peros” y de los gordos, y no, no me refiero a la corpulencia de Corgan, comentada en cada esquina del festival.

The Sheepdogs (que tocaron en el escenario dedicado al fallecido músico de country George Jones) son los canadienses del año, tienen todo lo que hay que tener para funcionar a tope en un festival: canciones redondas y coreables, riffs de rock sureño en la onda de los mejores Skynyrd y un sonido global que recuerda a sus compatriotas Bachman Turner Overdrive y a los Guess Who. Laid Back, Southern Dreaming o el final con la ya clásica I don´t know demostraron que estos tíos valen (y a muchos niveles) y así lo demostró la mayor ovación del público hasta el momento, cargada de silbidos , gritos y aplausos de confirmación de lo que nos hicieron sentir. Horisont aparecieron cuando ya no se podía mejorar la noche, aunque su rock setentero tenía pegada, y sus pintas recordaban a saco a los primeros Black Sabbath.

El sábado, que se hablaba de un mal cartel, no resultó serlo para nada. Tuve que ausentarme durante casi todo el día por un tema de trabajo (Vitoria-Gordexola en coche y vuelta) y para cuando llegué ya había pasado la hora de cenar. Puedo dar fe de que Los Zigarros estuvieron de notable, y me hablaron muy muy bien del bolo de JJ Grey & Mofro. Aterricé de nuevo en Mendizabala para la segunda canción de Gov´t Mule, y corrí hasta llegar a primera fila para degustar ese pesado Blues-Rock marca de la casa.

The Sword

Blind Man In The Dark o la más actual Broke Down on the brazos sonaron sensacionales, aunque fue un concierto que aplatanó a algunos por la bajada repentina de ritmo festivalero, pero en seguida recuperaron a un público entregado con la versión que se marcaron del Love me do de los de Liverpool.  Al grupo de New Jersey The Gaslight Anthem los desubrí el mismo sábado, pues había escuchado muy poco de ellos y pensaba que eran simplemente punk rock, cuando demostraron tener rock americano corriendo por sus venas, con melodías que cautivaron a muchos de los que allí estábamos. Me perdí a Rocket From The Crypt, pero guardo un nítido recuerdo de todo lo vivido y me reitero en mi opinión de que éste es un festival que cala hondo en quien lo visita, que tiene coherencia musical y que debería tener más asistencia que las algo más de 25.000 personas que asistieron entre los dos días; pero ya se sabe que la calidad y la popularidad masiva rara vez van unidas. Hasta la próxima edición, azkeneros!!

Texto: Jon Bilbao. Fotos: Luis Miguel Barrio

The Socks
En: Crónicas

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