Cracker

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Redactor: Jon Bilbao

Fotos: Marta Bravo

Cracker

 

Ya los había disfrutado en directo hace poco más de tres años cuando pasaron por Bilbao. Misma sala, mismos teloneros, aunque diferentes experiencias.

En el bolo del 2006 estaba solo y en este acompañado; pero es que además Lowery y sus compinches no facturan un concierto igual en toda su vida, eso se percibe al escuchar sus temas y al observarlos en escena. Parece que para Cracker cada noche es única, y lo transmiten.

A parte de la dedicación y la innegable entrega del grupo durante el show ahí estaban las canciones, además de curiosas anécdotas que David Lowery nos contó sobre la comunicación de Cracker con el público y viceversa. Pocos pero convincentes temas de su más reciente publicación (Sunrise In The Land Of Milk And Honey) como la vacilona Turn On, Tune In, Drop Out With Me o Time Machine nos recordaron que siguen muy vivos y activos, mientras que perlas clásicas como Eurotrash Girl o Movie Star (que hizo vibrar a la audiencia) no hicieron otra cosa que evidenciar la grandeza de aquel lejano Kerosene Hat. Y es que desde que se formaron a principios de los noventa, los de California han mezclado música de raíces (country sobre todo, aunque también blues y folk) con el rudo rock n roll que mamaron durante su juventud, y la mezcla resultó ser el mal llamado americana, que despejó de malezas el camino para gente como Jonny Kaplan.

 

Aquel miércoles rescataron temas sueltos de algunos de sus discos menos conocidos, como la perfecta Big Dipper, la bailonga Give Me One More Chance o la pedrada rockera One fine day del irregular álbum que fue Forever, mostrando así un gran gusto en la elección del setlist.
También tuvieron que lanzar Low, aquel tema que escaló hasta el número 3 de las listas de Billboard, que todo kiski quería corear esa noche. Johnny Hickman, el otro miembro original y mano derecha de Lowery entonó hacia el final la canción que habla de la soledad a la que está condenada su propia alma: el country clásico que supone Lonesome Johnny blues. Después les pedimos un bis y se descolgaron con cuatro temas más para deleite de mayores, medianos y enanos. La última pieza de su puzle particular fue la sentida Take Me Down To The Infirmary, que creó la ovación general de un público satisfecho por las hazañas de estos cuatro country rockers. Me queda la sensación de aquello que dice el gran tipo: “La próxima vez más, pero no mejor porque es imposible”. Aunque de todos modos yo no daría nada por sentado.

 

En: Crónicas

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