Crónica del Azkena Rock Festival 2017

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Fotos: Music Snaper y Rhythm And Photos

“Al Azkena se acude por convicción, pura y dura, y no por convención. Nunca ha estado en el vaivén de la moda y las tendencias, y por lo mismo no sufrirá sus caprichos. También por su carácter historicista. Revelador y pedagógico para cualquier interesado o iniciado en la materia”. Estas palabras, totalmente acertadas si hablamos del significado o la esencia del festival alavés, forman parte del artículo que Javier “Jerry” Corral  escribe para el libro The Power Of Guitars (que él mismo ha coordinado), que acaba de publicarse y que celebra los primeros quince años (hasta el pasado 2016) del festival a partir de fotos y de textos de periodistas, músicos o productores que nos cuentan su experiencia con el festival o hablan del concierto que en su día les cambió la vida. Sus trescientas páginas se podían adquirir, junto con el documental Rock n Rollers (Juanma Bajo Ulloa), en el propio recinto del festival, y yo, que también me considero un azkenero convencido, me hice con el pack, pues ya hace bastantes años que me atraen muchas de sus ideas musicales.

Al poner la vista sobre el mapa del recinto de este año, de entrada llamaba la atención el aumento de actividades extra-musicales, y por un instante se temió que lo que conocíamos y amábamos estuviera mutando en algo tipo Rock In Río, donde si no tienes una gigantesca noria no eres nadie. Que no cunda el pánico, pues estos extras casaban bien con el espíritu y el “modelo” azkenero: lucha mexicana, programada hasta dos veces durante cada jornada, y un show de motocicletas en muro de la muerte que congregó a bastantes mirones en la parte superior, disfrutando de las vueltas y piruetas que  los moteros llevaban a cabo por las paredes. Además de un práctico aumento de barras en el recinto, también asistimos este año al nacimiento del escenario Trashvile, que estaba formado por dos zonas con nombre de película. En el Ring Of Fire se programó la mencionada lucha mexicana y a últimas horas se llenó de música a cargo de dj´s , mientras que en el denominado Videodrome (clásico ochentero de Cronenberg) tocaron bandas más underground del mundillo del punk y del rock garagero. En este mismo espacio es donde se proyectó el documental Rock n Rollers a primeras horas de ambos días.

Fueron los vizcaínos Fetitxe los encargados de prender las brasas a la jornada del viernes a base de contundente rock y metal con destellos de stoner. Y no les vino nada mal que del cartel de cayeran The Meteors, ya que de esta forma, el cuarteto salió a escena veinticinco minutos más tarde, con el consiguiente aumento de público, y finalmente en el escenario número tres, que es el que mejor sonido suele desprender. Este escenario, llamado Love, estaba dedicado a Greg Lake (King Crimson y Emerson, Lake & Palmer) y a Javi Ezquerro, querido promotor musical. Y es que, cada vez más, los decesos en el rock aumentan llegados a este punto de la historia. Es por ello que cada escenario estaba denominado en honor a dos recientes fallecidos del mundo del rock. A The Soulbreaker Company, que jugaban en casa, se los pudo ver en el segundo escenario, llamado Respect, y dedicado a Gregg Allman y Sharon Jones. El sexteto de Vitoria fue directo a por su más reciente trabajo, titulado La Lucha, y guardaron también tiempo para joyas como Oh! Warsaw, del excelente Ítaca. El vocalista Jony Moreno contagió  su enérgica vitalidad a muchos de los allí presentes al mismo tiempo que, la música en sí, propiciaba que los alérgicos al rock progresivo salieran en desbandada. Por fin pisamos el primer escenario para descubrir que se llamaba God, y que estaba dedicado, por supuesto, a Chuck Berry y al dios de la voz de la década de los noventa, Mr Chris Cornell. Allí los americanos The Shelters, hacedores de un pop-rock luminoso y muchas veces coreable, conectaron con parte del público y dejaron frío a otros tantos. Sólo tienen un álbum, saben hacer rock y no sólo pop, pero lo cierto es que al finalizar el tema Liar, por ejemplo, allí no aplaudió ni dios. Venían apadrinados por el gran Tom Petty, y en directo no lo hicieron mal , pero a pesar de la variedad de su sonido no llegó a haber una conexión total con el público.

King´s X son muy desconocidos por aquí, hasta el punto de llevar más de treinta años como banda y no haber tocado nunca en la península. Lo anunciaba el bajista y vocalista Doug Pinnick hacia el inicio del bolo: “es nuestra primera vez en España…”. Fusionadores sin complejos y solventísimos músicos, el power trío americano (donde los tres cantan ¡ojo!) comenzó con mal sonido e incluso se vio a un montón de gente tapándose los oídos a causa del atronador volúmen del bajo, y pocos minutos después los niveles mejoraron. Supongo que a veces es inevitable, pero cómo me fastidia cuando se va ecualizando a la banda a medida que comienza su show; esto hace que tardemos más en entrar en el groove de la actuación. Y fue precisamente con Groove Machine con la que abrieron, seguida esta de otros impepinables del grupo como Black Flag, Over My Head, Dogman, Flies And Blue Skies o la veraniega y pegadiza (aunque no en el sentido habitual) Summerland. No fue el conciertazo que algunos esperábamos, y faltó algo de volúmen en la guitarra de Ty, pero como primera toma de contacto con esta zona de Europa, estuvo mejor que bien. Seis años antes ya se disfrutó con Cheap Trick en las mismas campas de Mendizabala, y de nuevo les tocaba asaltar el escenario principal, valiéndose únicamente de sus pegadizas y (en muchos casos) inmortales canciones, y del lanzamiento masivo de púas del líder espiritual, Rick Nielsen, que llegó incluso a simular que se las comía. Y es que se ve que le sobran. Hard rock y power pop, a veces fusionado, otras veces no; esa es la fórmula de los de Rockford, que llevan más de cuarenta años patentándola. Con un repertorio que da comienzo con Hello There y finaliza con Surrender (bueno, y el obligado Goodnight) la cosa promete, y mucho. Más aún si sus creadores e intérpretes andan en su sexta década de vida pero aún desprenden energía a raudales, y todavía más si aún tienen nuevas cosas que decir. Del reciente nuevo álbum (We´re All Alright!) cayó Long Time Coming, y el resto del repertorio lo completaron con su mejor material, el de los setenta, y con puntuales paradas en la posterior década. La balada de fm The Flame pareció estar fuera de lugar para muchos aunque también desató coros en otros tantos fans del “rock blandito”. De cualquier modo se pudo comprobar que Cheap Trick viven el título de su último trabajo: ¡están todos muy bien!
A la batería teníamos a Daxx Nielsen, hijo del guitarrista Rick Nielsen, que aporta aún más frescura a una banda que ya suena fresca de por sí.


Siempre puede ser complicado eso de escoger el menú musical adecuado para un festival, pero en el que nos ocupa, esto no ocurre tan a menudo, pues hay pocos solapes entre bandas, y los que hay suelen tener sentido. O al menos cierto sentido. En las campas de al lado del concierto de Graveyard nos apoltronamos para escuchar el rock que hacen los suecos, ya con cuatro álbumes publicados y más de una década de carrera a sus espaldas. A algunos fans no les había convencido su último álbum, el más ancho de miras, Innocence & Decadence, del que interpretaron entre otras Magnetic Shunk y The Apple & The Tree, pero pudieron alegrarse de escuchar cosas como Uncomfortably Numb. Personalmente, me gustan sus cuatro álbumes, y el directo del viernes en Mendizabala fue de lo mejor del festival, con esa mezcla suya de blues-rock con pinceladas de psicodelia, tan setentera como necesaria para un festival de esta índole. Y ya iba el gentío acerándose a coger sitio para ver a John Fogerty, leyenda viva del rock americano, bueno, y ya puestos universal. Todos querían estar lo más cerca posible de estas melodías, de estas canciones que han convivido con nosotros (en algunos casos toda la vida) y que hemos cantado en mil y una situaciones. Yo ya lo había visto en directo hacía pocos años, así que podía intuir que la fiesta estaba a punto de comenzar. Primero nos cascan un video introductorio que parece innecesario pero que a la vez sirve de contexto para quien no sepa nada acerca de finales de los años sesenta y de la contracultura. El cielo está de un rojo intrigante cuando sale Fogerty (72 años)  a escena con su banda, dispuestos a hacer gozar al apelotonado público. Born On The Bayou es perfecta para arrancar, y Travelling Band también lo es para no perder ritmo. A partir de ahí introduce varias (muy pocas) canciones propias en solitario como Hot Rod Heart o las finales Old Man Down The Road y el súper conocido bis, popularizado por Status Quo, Rocking All Over The World. Aún más clásicos del material de Creedence Clearwater Revival con Up Around The Bend, Wo´ll Stop The Rain (con historia de Woodstock incluida), Looking Out My Back Door con acordeón, la pantanosa Green River o una versión más marchosa de la balda Lodi, con su hijo Shane a la guitarra a partir de ese momento. Mención aparte merecen la alargada y de naturaleza improvisadora Keep On Chooglin´, la extensísima I Heard It Through The Grapevine y la especial, poco habitual, Ramble Tamble, que abría el excelente Cosmo´s Factory de 1970. Finalizó  el set con las esperadas Bad Moon Rising y Proud Mary y en el aire quedó la sensación de que Fogerty había logrado lo que casi todo artista anhela: contentar a sus fans sin dejar de ser él mismo.

Hubiera sido perfecto ver a Los Mambo Jambo o a The Hellacopters a última hora, pero la combinación no pudo ser posible y guardamos fuerzas para la segunda jornada. Ya el sábado, en la plaza España de Vitoria, se pudo disfrutar del grupo The Pushermen, que versionaban a Stevie Wonder o Tim Maia, entre otros, y que ya hicieron correr la cerveza desde primeras horas de la tarde. Hubiera podido acudir a la plaza de la Vírgen Blanca para ver en su primer pase a Pat Capocci, músico australiano de rockabilly, pero como tampoco pudo ser, al entrar a Mendizabala hubo que escoger entre papá y mamá. Pudimos escuchar un par de canciones de Capocci en formato básico de batería sencilla, contrabajo y guitarra eléctrica antes de saltar al tercer escenario para ver al grupo Buck & Evans, cuarteto de soul-rock proveniente de Gales, que se lanzó sobre un repertorio propio potente que contenía un solo cover: la estremecedora versión de la balda de Otis Redding I Got Dreams To Remember. Y, como gustan muchos de los fans “azkeneros”, añadíamos a otros escandinavos a la jornada del sábado. Se trató de Bloodlights, banda de hard rock de una década de edad, que cuenta con el guitarrista y cantante Captain Poon (ex Gluecifer) en sus filas y al mando del invento. Lo primero que escuchamos sonar fue Suicide Letter, de su último álbum, publicado hace sólo un mes, y ya para entonces el sudor corría por sus frentes y el público respondía a tan disfrutables y divertidas melodías. De lo mejorcito de aquel bolo fue la versión que lanzaron del clásico punk New Rose, de The Damned. También Hard Rock, aunque en una onda muy distinta a Bloodlights, es la banda Inglorious, ingleses con un pie más adentro del universo Heavy Metal. Su portentoso vocalista Nathan James (que me recordó por sonido y actitud a la película Rock Star) entonó canciones de los dos únicos trabajos del combo, haciendo especial hincapié en el titulado Inglorious II, y publicado este mismo año. Aunque no se muevan en ninguno de mis estilos musicales favoritos sí que me llegaron y este fue un pase muy entregado y solvente. De pronto había que hacer tiempo, así que aterrizamos en el tercer escenario para ver a Psychotica, grupo industrial y oscuro del que escuché sólo tres o cuatro temas. No podría hacer una valoración de algo incompleto y tan alejado de mis intereses musicales.

El “boicot” a Loquillo que yo mismo había tratado de organizar entre algunas amistades se pudo llevar a cabo, y se hizo no por el simple hecho de boicotearle, ni tampoco por ganas de ir contracorriente, sino porque, seguro, en aquel momento estaría pasando algo bastante más interesante en otras zonas de las campas. Y así fue. Pelo mono is the answer, que dicen por ahí. Este dúo está formado por dos enmascarados andaluces que en su currículo tienen a Guadalupe Plata, y que llevan a cabo una música instrumental de lo más estimulante. Se basan sobre todo en el surf. Pillan ese sonido y lo pervierten, lo estiran, lo aplastan, lo encojen y lo bañan en extraños y sugerentes brebajes para dar lugar a una auténtica fiesta en la que todo está permitido. Que se celebrara además este bolo en el escenario del Trashville fue aún mejor, casi una bendición, pues con esta propuesta, cercana y más instantánea, se paladean las bandas que por allí pasan de un modo nada convencional si hablamos de festivales musicales. Tampoco es habitual encontrarse una propuesta como la de Michael Kiwanuka en un festival de rock, y en seguida se escuchaban frases tipo: “yo al Kiwanuka no me quedo ni jarto” o “menudo muermo”. Y es que reacciones así eran de esperar, pero lo cierto es que este fue un concierto que atrapó a bastantes, fascinó a muchos  y derribó un par de prejuicios. Yo mismo me considero más del primer álbum de Kiwanuka, que aunque también era pausado tenía un halo en plan Bill Withers que era sensacional y que junto con su guitarra de palo creaban un sonido acogedor y cómodo. Su segundo álbum tira más de la guitarra eléctrica, sí, pero está compuesto por canciones de largo desarrollo, que van creciendo a cada momento y que, dado su carácter expansivo y por momentos espacial, recuerdan inevitablemente a Pink Floyd. No quedaba aún claro cómo iban a funcionar estas melodías en su directo, pero una vez vivido no queda más que confirmar que sirven para un concierto con groove y con soul, que tiende a lo introspectivo y que sienta mucho mejor al cuerpo y la mente si se experimenta sentado. Sólo es mi humilde opinión, pues hubo quien (a medida que las melodías subían en intensidad) se levantaba a bailar a las primeras filas. Excelente fue también la versión de Hendrix que nos regaló: May This Be Love.

A Ebbot Lundberg se lo había podido ver en directo en distintas ocasiones, ya fuera con su banda en solitario o con The Soundtrack Of Our Lives, ahora ya finiquitados. Pero lo de su primera banda, Union Carbide Productions, que se han reunido para una única fecha, en este Azkena Rock Festival, era nuevo por aquí. Al menos en lo concerniente a su directo. Los suecos tienen tanto sabor a The Stooges en muchas de sus canciones que no me extraña que encandilen al público azkenero. Tampoco los Mc5 y el rock de Detroit en general se libran del “hurto de colegueo” llevado a cabo por Lundberg y los suyos. La formación llevaba dos bajos y soltó sucias perlas como Ring My Bell, In The Air  Tonight, Born In The Sixties o mi favorita, la atronadora y necesaria Glad To Have You Back. Mucho, quizá demasiado, se hablaba de la primera vez que Chris Isaak pisó Mendizabala. Aquel concierto del 2010 se definió por algunos como mágico o insuperable. Yo me encontraba aquel año allí mismo, pero el sábado lluvioso del que todos hablan tuve que arrancar hacia otro lugar y me perdí el “histórico” pase de Isaak. Pero lo que es seguro es que el de este año fue uno de los mejores conciertos del festival, con el americano en plena forma vocal, un vestuario digno de profundo análisis (¿espejitos en los pantalones?) y un repertorio que picoteó un poco de cada época. Somebody´s Crying, Blue Hotel (que ahora cumple treinta años), la juguetona Baby Did A Bad Bad Thing o Blue Spanish Sky, que me recordó a Bobby Perú en Corazón Salvaje,  fueron algunos de los puntos álgidos del show. Versiones también las hubo, comenzando por Ring Of Fire de Johnny Cash, pasando por la mítica Pretty Woman de Roy Orbison y terminando con I´ll Go Crazy de James Brown, un artista al que, a priori, no hubiéramos imaginado que versionaría. A mitad del concierto puso al batería Kenney Dale Johnson (escudero de Isaak desde hace más de treinta años) al frente y se marcaron unas canciones en acústico, con especial mención a Graduation Day, temazo donde los haya, que por lo que fuera no finalizaron. Si es que incluso sonó a gloria bendita Wicked Game, su canción más conocida que inicialmente a muchos nos hubiera dado pereza ver en el setlist, pero que una vez allí se transformó en algo nuevo, misterioso e interpretado con una maestría de la que pocos pueden hacer gala. La canción tiene sólo tres acordes, pero el quid de la cuestión reside en el alma que se le imprime a la melodía en sí. Chris y su banda son unos orfebres de la melodía.

Como nunca he sido muy de The Cult (más por desconocimiento general que por rechazo) acerqué mis huesos al Trashville en busca de emociones auténticas. Tan auténtico resultaba el pase de Bob Log III que incluso daba algo de miedo. El sonido excesivamente alto no ayudó. El tipo, ataviado con casco y tocando guitarra y percusiones al mismo tiempo, estaba terminando el show, en una curiosa mezcla que me pareció country-punk con alma de techno. Vaya usted a saber porqué, quizás el ritmo machacón fuera lo que me suscitó la relación con la música electrónica. Parece que Bob Log III, tras decir que somos unos “lucky motherfuckers” (y llevaba razón), volvía ya a su planeta de origen, por lo que hubo ganas de dejarse llevar a donde fuera la masa. Esta vez sí. Wyoming & Los Insolventes acababan de actuar en el BBK Legends, pero lo bueno fue que para quienes ya lo habíamos visto resultó algo distinto, ya que variaron parte del repertorio e incluyó su portavoz un par de nuevos chistes (que al final es lo suyo, más que cantar)  nuevos, pero soltó también algunos que ya había usado en su reciente fecha en Sondika. Versionaron a Obús, a The Clash y tocaron el blues Bullfrog Blues, vía Rory Gallagher, que casaba a la perfección con el espíritu del festival. Wyoming y los suyos nos hicieron pasar un rato divertido de fin de fiesta. Después la oferta musical-lúdica continuaba, como no, en la zona Trashville con dj´s que (al menos en un principio) parecía que pinchaban temas y grupos quizás demasiado obvios para un festival especializado y ya tan consolidado.

En: Crónicas

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3 comentarios

  1. Stetro

    Pues lo siento por ti, si te perdiste a The Cult….. fue uno de los mejores del ARF 2017. (Otros años defraudaron, pero este año se salieron….)

  2. Joxan

    Simplemente por el comentario que has hecho de los Cult no te mereces ninguna réplica, así como el resumen barato de tu cultura musical. Sólo hablas de lo que te gusta como si fuera lo mejor de lo mejor.
    Antes de salir a la palestra. … estudiate primero el examen.

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