Azkena Rock Festival 2015

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23/06/2015 @Azkena Rock Festival ARF

Fotos:  ©MusicSnapper (www.musicsnapper.com) y ©RhythmAndPhotos (www.rhythmandphotos.com)

 

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Una característica muy interesante de éste festival es la capacidad para sorprender a los aficionados a la música, que acuden con algunos nombres del cartel marcados con letra negrita en su esquema mental y que salen de allí con algunas de sus ideas patas arriba. “Resulta que visto lo visto prefiero a ZZ Top en disco que en directo”, “no sabía de la existencia de ese nuevo solista de Oklahoma pero su música me ha encandilado” o “Reigning sound ganan mucho en directo”. Y es que, en estos últimos quince años ¿quién ha vuelto de un Azkena Rock Festival sin traerse alguna sorpresa en la chistera?

Éste año hubo varias novedades extra musicales que aquí enumero: se ha movido un poco el emplazamiento del camping y ahora cobran la entrada al mismo (¿qué pasa si sois cinco amigos y uno de ellos no tiene pase para el camping? pues que se tiene que joder y quedar fuera), en las campas actuales hay mesas de merendero para tener opción a sentarse en algún lado además del suelo (bien), han quitado la carpa del escenario 2 (toca madera que el año que viene no llueva) y se ha empequeñecido el recinto de conciertos; ésto último se notó sobre todo a la salida del bolo de ZZ Top, cuando caminábamos todos aglomerados como pocas veces había ocurrido en éste festival.

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Los holandeses Sven Hammond fueron el entrante del que primeramente pude disfrutar. En ésta banda es el teclista y líder Sven Figee quien dirige el cotarro detrás de su órgano hammond llenando las melodías de la banda de funk rock y R & B y rodeado de superlativos músicos, como el actual vocalista Ivan Peroti, que llena de luz soulera las melodías del mr. Hammond y juntos logran crear magia sobre el escenario. Fue una pena no haber podido presenciar su pase gratuito del día siguiente en la vírgen blanca ya que nos hablaron muy bien del mismo y se extendieron en minutaje, algo que ya habíamos deseado en el concierto del propio recinto festivalero; y en ésta edición era grande la competencia entre escenario 2 y escenario 3, por lo que en algunas ocasiones había que tomar la decisión con algo de dolor en el corazón. No nos arrepentimos de acudir al potente show del trío The Last Internationale que venía cargado de rock y heavy-blues, con una sexi Delila enfundada en atuendo granate. Clamaron por la revolución y por devolver el poder a la gente y antes de cerrar con la canción 1968 nos regalaron el sleep now in the fire de Rage against the machine enlazado con el sympathy for the devil de los Stones para regozijo de los allí presentes.

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Minutos antes de que JD McPherson asaltara el escenario principal muchísima gente ya estaba allí esperando, intuyendo que aquel sería uno de los shows más grandes de ésta edición. No sé si fue de los más grandes pero ya con la juguetona y rockabilly bossy a uno se le quitaron las penas y a partir de ahí todo fue rodado: ritmos bailables (a veces sonando muy Little Richard) y una única bajada de ritmo con la soulera balada precious, que sonó tal y como dice el título. Aún esperamos mucho de éste solista que sólo con dos discos en su haber suena ya a indiscutible clásico. Y ya daba comienzo D-Generation con su fusión estilística de Guns n roses y The Replacements y con algunos trallazos del mejor y más adictivo rock n roll; a saber: she stands there, capital offender o la coreada no way out entre otras. Y de una banda de Nueva York nos acercamos a otra de la misma ciudad, los históricos Television, que venían a interpretar al completo su irreductible clásico de 1977 Marquee moon, seminal trabajo en el que se vislumbraba lo que podía llegarse a hacer sólo con base rítmica y dos guitarras. Dicen que el concierto comenzó frío, flojo. Esa no es mi opinión, pero sí que se notaba que los que no sabían quiénes eran Television demandaban una música menos cerebral, menos dispersa… pero ¡ay! sólo por escuchar en vivo los diez minutos de la canción homónima y esas guitarras que escalan y escalan ya valió la pena haber estado ahí.

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Lee Bains y sus Glory Fires hacen lo que suena a rock sureño con mucha distorsión, por momentos muy  garagero y casi punk, más aún en directo. Durante una hora hubo sudor, saliva y buenos temas, muchos de ellos de su último álbum (del pasado 2014) como The weeds of downtown. Sin apenas descanso entre bolos ya dieron comienzo los barbudos más famosos y lo hicieron con una de las canciones que más pegada tiene en el mundillo ZZ Top, got me under pressure, y ni con esas consiguieron un notable show. El setlist fue bueno y compensado (waiting for the bus/jesus just left Chicago con algunas de los ochenta e incluso de su último trabajo del 2012) pero la deficiencia en el sonido y la poquísima sorpresa que genera uno de sus shows hicieron que la mayoría del público se sintiese ligeramente insatisfecho, sino totalmente aburridos. Da rabia que una banda como ésta, que podría currárselo más, confíe únicamente en su sota caballo y rey musical y crea que encarando eso con aire de desgana va a meterse a todo ese público en el bolsillo. No Way. Y ya se cerraba la primera jornada en el segundo escenario con la banda femenina de punk rock y grunge L7, reformadas recientemente tras quince años separadas. Durante el bis lanzaron su mayor hit, pretend we´re dead, pero antes ya nos habían instruido durante una hora sobre cómo fabricar riffs de heavy metal con actitud de punk rock, alternando la voz principal y tornándose plato de postre perfecto para clausurar un día de rock mayúsculo. Casi 13.000 personas asistían a la primera jornada.

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El sábado escuchamos a los psychobillies Powersolo desde fuera del recinto y apenas dio tiempo a presenciar de cerca su propuesta ultravintage, pero lo que sonaba tenía muy buena pinta como aperitivo iniciático. A los Eagles of death metal  los vimos completos, en un pase corto pero intenso, lleno de hard rock bailongo y un Jesse Hughes que interactuaba con el público y piropeaba a las chatis; con una de ellas hasta se cambió la camiseta. Una de las melodías que a más gente levantó (literal y metafóricamente) fue sin duda la cachonda i only want you. Aquí también hubo sudor, saliva y… lágrimas no, desde luego, pero sí amplia sonrisa ante un show que lo hubiese petado, y mucho, de haberse hecho de noche. No importa, éstos entrantes son los que consiguen dar mecha al día. Seguidamente teníamos a los californianos Cracker dispuestos a desgranar country rock por un tubo. Sí, ya los habíamos visto varias veces sobre las tablas pero, sinceramente, a día de hoy aún excita acudir a uno de sus shows, más aún con un último trabajo tan apetecible. De éste último destacaría el cerrito y la balada where have those days gone? y de sus clásicos eurotrash girl, teen angst o la risueña this is cracker soul. El blues rock give me one more chance, la inevitable low o el divertido r& b sweet potato también fueron cartas ganadoras.

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Para el siguiente bolo tocaba hacer de tripas corazón y elegir entre dos grupazos: Red Fang o Reigning sound. Después me hablaron muy bien del aplastante directo de Red Fang pero me decanté por Greg Cartwright y los suyos; por innumerables canciones que amo de esa banda, por impregnar todas sus composiciones de soul, toquen lo que toquen, y por ser una de las mejores bandas de garage rock de los últimos quince años. Picotearon de varios de sus discos pero parece que al público le animó escuchar las canciones de aquel excelente Time Bomb High School (2002); cosas como she´s bored with you, reptile style o el final con straight shooter. La versión instrumental que se marcaron del reach out i´ll be there de los Four Tops también les venía que ni pintado, pues además del sonido también éstos tíos tienen maneras y estilo sesentero, cantando el bajista y el guitarrista en el mismo micro como si se tratara de 1964. Si por algo se caracterizan Mastodon es por contar con un fiel y entregado público que cree en ellos, y tienen buenos motivos para hacerlo, pues a día de hoy son los auténticos reyes del rock y metal progresivo. En éste caso la palabra “progresivo” cobra un significado importante, ya que hace posible que su música no esté compuesta únicamente por el clásico metal de toda la vida sino que sorprende y, en mi opinión, alimenta mucho más. Cayeron unas cuantas de su último disco, resaltando el hitazo the motherload y durante hora y cuarto los cabezas de cartel de ese último día se desgañitaron y nos hicieron volver a creer en el heavy metal de calidad. Supremos.

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También estuvo de nota el supergrupo Off!, formado por peña de Black Flag, Redd Kross Burning brides o Rocket from the crypt, y con un genuino hardcore que a nadie dejó indiferente. Creo que las personas que se marchaban del concierto lo hacían porque les molestaba esa música (no por indiferencia) y eso siempre es positivo. Que cada uno busque su zona de confort. Ya os podéis imaginar: canciones de menos de dos minutos con repentinos cambios de ritmo en cada costado, gritos infernales estructurados y un Keith Morris (Black Flag, Circle jerks) que a sus 59 años aún es punk. Joder que sí. Les tocaba el turno a los Ocean Colour Scene, que tenían muchos fans por todo el recinto pero todo el mundo coincidía en que el orden de éstos últimos conciertos no era del todo acertado, es decir, tener a los reyes del metal alternativo en concierto, después al supergrupo hardcore por excelencia para acto seguido bajar el ritmo para el pop rock de éstos ingleses era un error. Que conste que yo personalmente soy máximo defensor de los contrastes pero en éste caso sí que hubiera colocado a los Ocean antes de Mastodon. El orden no alteró para nada los productos, al menos en mi caso, porque ésta gente traía hits para exportar y en formato de banda reducido. Batería, bajo y guitarra con el vocalista Simon Fowler tocando de vez en cuando su guitarra acústica. Comenzaron a saco, sin que tan siquiera se hubiera acercado el público que salía de otro escenario, y lo hicieron con la fiestera the riverboat song, seguida de the circle y la ritmica this day should last forever, sustituyendo el violin por punteo de guitarra. Algunos impacientes gritaban “¡tocar las buenas!” y a mí me hacía gracia porque no sabía de qué hablaban, bueno sí, pero también supe que no sólo de sus cinco hits vive el hombre. El ritmo bajó un montón al interpretar Fowler la canción Robin Hood él sólo y armado con su guitarra acústica para continuar en formato reducido con la hermosa better day, más hermosa si cabe en ésta desnuda versión que hicieron, con el batería Oscar Harrison al piano. Pelos como escarpias oigan. No hubo bis pero soltaron de despedida el day tripper de sus profesores los Beatles en versión más rockera.

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Un fin de semana con más de 26.000 personas en un mismo punto geográfico. Cada una buscando una experiencia, un concierto, una banda que le haga pasar un buenísimo rato o incluso le cambie la vida; éste año hubo cambios a peor, cambios a mejor, algunas sorpresas y mucho rock n roll, del auténtico, del que se reconoce en un abrir y cerrar de ojos.

En: Crónicas

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