Azkena Rock Festival 2014

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Stuart MacDonald Foto: Stuart MacDonald

Algunos de nosotros no llegamos a ver el pase de Monster Truck, a primera hora del viernes, pero ya se encargaron el resto de recordarnos que nos habíamos perdido uno de los conciertos del año, que había sido la ostia, que si tal que si cual. No lo dudo, sobre todo porque su primer y (de momento) único Lp suena tal y como su nombre indica (Furiosity), con mucha furia.
Lo primero a lo que asistimos se trataba del grupo irlandés Hudson Taylor, un dúo que aunque quizás encajara mejor en el BBK Live contiene un buen puñado de temas folk-pop con potentes estribillos e interesante arreglos. Además los hermanos veinteañeros estuvieron acompañados por banda y supuso un entrante conciertil perfecto. La lluvia caía y cesaba a ratos y entonces comenzó el bolo de Seasick Steve acompañado por un solvente batería y por las curiosas guitarras que él mismo fabrica. Aunque el tipo tenga más de setenta años lleva en el ojo público apenas una década y tiene una vitalidad que ya quisieran para sí muchos veinteañeros. Y no, no estoy exagerando. Lo suyo es el blues rock , el boogie y (en momentos puntuales) el country. La salida estuvo marcada por el homenaje Diddley Bo, y apenas dos temas después la lluvia volvió a espantar a muchos. Tras comprender que un chubasquero quita todos los males posibles la mayoría volvieron a menearse al ritmo de su blues rock carreteresco, y contando con temas como Dog house boogie (aullidos incluidos) quién podía decirle que no.

The Stranglers salían a recordar quienes fueron en el escenario 2 (el de la carpa, nombrado “Raúl Aransáez” por el miembro de Reverendo Parker, fallecido recientemente) con un greatest hits en toda regla. Para los que no los conocieran, puede que se sorprendiesen por su curiosa mezcla de estilos, más aún si se tiene en cuenta que muchos de esos temas fueron facturados hace casi cuarenta años. Hubo mucho reggae pop punk (Peaches), temas pausados como su clásico ochentero Golden Brown, además de las dos versiones que llevan tantos años haciendo y que tan bien les sientan: el Walk on by de Bacharach-David (con el instrumental tan The Doors en medio) y All day and all of the night de The Kinks. El público que no comulga con el post punk agradeció escuchar esas dos melodías. Se fueron por la puerta grande con No more heroes y poco después los alemanes Scorpions aparecían en el escenario Lou Reed para tratar de animar y de despejar los cielos con su hard rock repetitivo. Lo consiguieron según para quién. El mayor problema no fue que no tocasen nada de su material setentero (bueno, ahí quedó Is there anybody there? del 79) sino que fue un bolo plano, sin chicha y con demasiados temas parecidos entre sí. Para cuando sonaron las canciones más conocidas (sí, esas que ya llevábamos tiempo escuchando en los riffs de otras precedentes) el público ya estaba cansado o bien entusiasmado, según la óptica de cada uno. Así pues Still lovin´ you, Winds of change y Rock you like a hurricane cerraron un set con poca imaginación y ni siquiera muchos decibelios. No importa, ya venían Turbowolf con las pilas puestas y mucho hard rock psicodélico con actitud punk para hacernos vibrar, aún sin conocer casi nada de su cancionero. Y bueno, eso de los contrastes me suele gustar por lo general, pero en éste caso creo que la organización no acertó. Poner después de éstos a Marah en plan sandwich country (después tocaban los stoner Unida) no benefició en nada a la continuidad, menos aún con la actual formación de Marah, que no cuenta con el hermano mayor Bielanko ni con muchos de sus temas más señeros de hace una década. Sorprendió y divirtió escuchar la maestría de Gus Tritsch a la guitarra y el violín (8 años tenía el pipiolo prodigio, y no, no era el hijo de Dave Bielanko) pero al setlist le faltaron temas de siempre y le sobraron parones y bajadas de ritmo. Una pena, pues con ciertos cambios sí que hubiera encajado a esas horas de la madrugada.

Cerraron la noche de directos los americanos Unida, con John Garcia (Kyuss) al frente de un cuarteto que desprendía lo mejor del stoner rock con ciertos aires vocales a Mike Patton y muchas razones en forma de riff para quedarse hasta el final. Así lo hicimos. Y después incluso chequeamos a los dj´s, que tiraron por el lado comercial y, la verdad, con muy poca cantidad de riesgo en sus pinchadas.

escenario

El sábado tuvimos tregua de lluvia durante casi toda la jornada y el primer concierto al que llegamos fue el de las Californianas Deap Vally, dos chicas que con guitarras y batería (y una indumentaria bastante glam) aunaron el garage rock y el hard rock en un show corto pero intenso, lleno de energía y pasión. Rock glam punk arrastrado y sencillo. Walk of shame fue el último tema. The Temperance Movement son ingleses pero su música suena muy americana, y en el mejor de los sentidos. Su southern rock que a priori se asemeja con Black Crowes tiene, pasados unos minutos de escucha, bastantes matices en los que adentrarse. El vocalista Phil Campbell (se llama igual que el guitarrista de Motorhead) tiene el duende de su parte, y con una maquinaria básicamente rock como la que llevan logran atrapar al oyente desde los primeros compases. Por no hablar de lo reconfortante de escuchar ésta música bajo el caliente sol. Un lujo de banda, a la que será mejor no perder la pista. Lo mismo os digo sobre The Strypes, cuatro adolescentes irlandeses que llevan casi dos años petándolo a base de bien con su primer Lp: Snapshot. El disco tiene todo lo que uno necesita para pasar un buen rato, y lo más importante, lo trasladan excelentemente al directo. Tienen más clase, chulería y actitud que la mayoría de veteranos del rock y algunos de ellos aún no son mayores de edad. Mistery Man o Blue Collar Jane son pepinazos perfectos de R & B y rock que logran encender la llama de la esperanza que tratamos de mantener en el rock n roll en éste siglo XXI. Viendo el concierto que ofrecieron en seguida me percaté de que lo de éstos chavales va para largo. Que así sea.

Ayy los Violent Femmes, ese grupo de culto que tantos buenos momentos nos ha dado a lo largo de los años. Sin su batería original saltaron al escenario principal acompañados Gordon Gano y Brian Ritchie de dos percusionistas para la mayoría de temas y de tres vientos para las canciones que así lo requerían. Interpretaron al completo su lejano pero aún vigente álbum de debut (que hace poco cumplió 30 años) y pasaron después a la canción más corta de su set: Old mother reagan. También sonó, y fiestera, American music, el jazz-punk de Black girls y la marchosa y necesaria I held her in my arms. Un concierto sin mayores pretensiones que pasarlo bien, o si acaso mostrar un legado medio oculto a todo aquel que no lo conociese. Lo único negativo de presenciar de nuevo a los femmes fue perdernos el bolo de Soulbreaker Company en el escenario 3, así que según estuvimos libres nos fuimos para Bonamassa, el hombre de los dedos agraciados. En ésta ocasión no nos pusimos muy cerca, pero sí lo suficiente para apreciar el blues rock que su pequeña banda desprendía. Formato trío más teclista y un setlist que sonaba a clásico desde el principio. Después de cenar escuchamos a Debbie Harry entonar eso de “One way or another..” y supimos que Blondie estaba en el recinto. Lo que queda de ellos, vamos. La mujer antaño más sexy de la escena neoyorquina de finales de los setenta, es ahora septuagenaria y no llega a todas las notas de sus canciones, como por ejemplo en Maria, la carta que les actualizó a una nueva generación hace ya quince años. Pero tampoco sonaba tan limitada, sólo un poco, lo justo, y es que el tiempo pasa por todos. Sus canciones nuevas me parecen un poco insustanciales pero teniendo cosas como Atomic, Call Me o Heart of glass uno sabe que puede pasar un buen rato nocturno. “Jamás bailaré una canción disco”? yo de momento nunca he dicho algo semejante y pienso seguir sin hacerlo, porque hay excepciones asumibles, como ésta. Harry y cia versionaron el Fight for your right de los Beastie Boys ante la sorpresa de algunos y el deleite de los que les encanta disfrutar de ese derecho.

Wolfmother era de lo más esperado del festival, y la verdad es que dieron a su público lo que clamaba: temas zeppelianos y sabbathianos con personalidad propia y con cierto aire vocal a Jack White. La música ideal para dejarse embriagar por robustos riffs. Cerraron con Joker & the thief, de su primer álbum y que sonó como un clásico más entre todos los dinosaurios. No vi Royal Thunder pero sí Kadavar, a los que ya había ganas de catar de nuevo. Lo que le pasaba a todo el mundo con Wolfmother me pasaba a mí con éstos alemanes, sabía que sus melodías iban a suponer lo mejorcito del festi, y así fue. De nuevo pesados riffs sobre los que balancearse, con una perfecta base rítmica que dio muchísima pegada al sonido global. En realidad casi todos los conciertos del escenario principal sonaron algo flojos de volumen salvo éste; podemos decir que el bolo de Kadavar nos redimió de todos los “joder porque no suben un poco el volumen general”? que escuchamos durante el fin de semana.

Fue un cierre rockero y muy adecuado para un festival que gana adeptos cada año y que, ahora parece que sí, se ha asegurado permanencia para los próximos años con la ayuda económica por parte de algunas instituciones. ¡Que viva el Azkena, un festival que cada año insufla aún más ilusión! Rock on people.

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