Crónica Azkena Rock Festival 2012

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Ya tenemos en la memoria reciente la última edición del Azkena Rock, que como otros años, ha estado repleta de calor, frío, buenas relaciones sociales y grandes bandas dispuestas a ser descubiertas por la masa de gente que hasta allí se acercó. Más de 40.000 personas en todo el fin de semana y un comienzo con más bien pocos asistentes: 12.000 para las dos primeras jornadas.

Tres escenarios, cada uno de ellos con el nombre de un legendario músico que había muerto este último año; así, el primer escenario se llamaba “Levon Helm” (miembro de The Band), el segundo se bautizó como Adam Yauch (de los Beastie Boys) y el tercero se conocía como Robin Gibb, miembro recientemente fallecido de los Bee Gees.

Este año no investigué sobre nuevas propuestas tanto como me hubiera gustado, y aterricé en el recinto de conciertos para escuchar a Dr Maha´s Miracle Tonic versionar el tema de Bo Diddley Who Do You Love. Sonaba apetecible, pero ya se escuchaba a los Blue Oyster Cult con lo que me pareció The Red And The Black. Fuimos dispuestos a pasarlo como enanos y el resultado final fue más bien mediocre; no el setlist, pues sonaron temazos como Godzilla o Burnin´ for you, pero el sonido general no era bueno ni golpeaba en la sien como debiera, y la esperada (Don´t Fear) The Reaper se ejecutó lenta y nos quedamos con sensación de coitus interruptus. Status Quo sí que salieron a matar y durante hora y tres cuartos nos recordaron porqué son tan famosos. Poseen un gran número de hits imperecederos no tan conocidos como Mean Girl, Caroline o la fiestera Down Down que son clásicos a más no poder. Incluso hicieron bis, con algún que otro tema de Chuck Berry, dejando a la peña con más ganas de boogie boogie.

Black Label Society (Foto: Luis Miguel Barrio)

El viernes no bajamos a ver al hermano mayor de Black Crows, pero escuchamos cómo versionó el Oh Sweet Nothin de la Velvet y Cinnamon Girl del incombustible Neil Young y deseamos haber estado frente al escenario. A Zack Wylde lo vimos en la recta final del bolo con sus Black Label Society, aunque cuando se puso a hacer un solo de lo más virtuoso pero sin chispa deseamos haber subido a prepararnos un bocadillo y volver, pues hubiera dado tiempo. Y es que muy seguido salió Mr. Osbourne a deleitarnos con sus temas Mr Crowley o Bark At The Moon, así como temas Sabbathianos del calibre de Iron Man o la ansiada War Pigs. A Ozzy se le ve, o al menos yo lo vi, mejor que en el último ARF, disfruté de sus temas y me metí de lleno en el concierto, cosa que no ocurrió el pasado año. Aunque eso de & Friends estaba cogido con pinzas, pues éstos fueron el bajista de Black Sabbath (Geezer Butler) y el cavernícola y ya mencionado Zack Wylde.

Del sábado tenía ganas a los hermanos Dickinson, con su grupo de blues-rock North Mississippi Allstars Duo, por lo que nos acercamos a sus riffs esperando lo que nos dieron: un buen show de r n r. Estábamos lejos del escenario pero me pareció distinguir instrumentos que ellos mismos habían construido, como un banjo de lo más curioso. A Lee Fields no podía perdérmelo, y con su soul sensual cautivó a la gente congregada alrededor del escenario 3, que supo distinguir la calidad de tonadas como Ladies. También los Skynyrd se lo montaron bien, pero hubo dos peros temporales: lo programaron a una hora demasiado temprana (igual que los Blue Oyster Cult) y no dieron a los fans el minutaje que se merecían, pues tocaron una hora larga con menos de diez temas. Nos faltaron canciones, eso seguro,  pero se agradeció escuchar Simple Man o I ain´t The One junto con la esperada descarga final de Free Bird que puso punto y final a un concierto capitaneado en cierta forma por Gary Rossington.

My Morning Jacket lo hicieron a su puta bola y eso me pareció correctísimo, pues llegaron y triunfaron. Más bien pronto soltaron su tema más reconocible, la enorme One Big Holiday, para pasar a desgranar un setlist de lo más personal. Un tema de más de 15 minutos, que no sé si fue Dondante, nos puso a unos cuantos la mandíbula a ras del suelo y desde ese momento no pudimos sino rendirnos a la calidad de sus canciones.

Claro que muchos de los asistentes se quejaban de que no era banda para festival, a lo que yo pensé que sí, que sí son de festival, o al menos de éste. No son carne de festival, pero son muy apropiados para según qué festival. A Charles Bradley & His Extraordinaries los vimos de paso, con el Heart Of Gold de Neil Young en sus manos, y nos retuvo ahí bastantes minutos, absortos en sus perfectas melodías. Una vez hubo comenzado The Darkness cambiamos de escenario para escuchar de cerca esos fornidos temas guitarreros en los que Justin Hawkins tiraba de la banda para crear Hard Rock con temática ochentera. Fue éste un potente show para cerrar tres jornadas esenciales en la agenda de cualquier musiquero/a que no se haya quedado estancado en el primer disco que se compró, hace tantos años.

En: Crónicas

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