Azkena Rock Festival 2011

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Prácticamente 18.500 personas ocuparon las campas de Mendizabala en busca de música en esta primera jornada del ya mítico Azkena Rock Festival. Las novedades principales fueron: el tercer escenario, un amplio Casino llamado Flamingo y una Wedding Chapel, emulando de esta forma a la ciudad de Las Vegas. Los otros dos escenarios cumplen su función como cada año, es decir, termina un concierto en el primero y de la misma está empezando el siguiente en el escenario número dos. ¡Que el ritmo no pare!
Como cada año, estos escenarios estaban bautizados bajo nombres de famosos músicos que murieron este año, así, el número uno lo llamaron Solomon Burke (en referencia al gigante del soul) y el segundo fue nombrado Ben Keith, que fue un importante escudero en muchas de las andanzas de Neil Young.

El primer grupo ante el que me postré fueron los americanos Eels, con Mr E al frente, por su enérgico concierto y por haber incluido vientos en sus directos, pues dotan a temas como My Beloved Monster de nuevos sabores; con Prizefighter consiguieron levantar al público, y remodelaron su clásico medio tiempo I Like Birds en una versión mucho más punki. Los Black Country Communion, unión de personalidades como Joe Bonamassa, Glenn Hughes (ex bajista de Deep Purple), el hijo de John Bonham (Led Zeppelin) a la batería y Derek Sherinian (ex teclista de Alice Cooper y Dream Theater, entre otros), defendieron como la clásica banda de rock su único disco publicado, dejando cantar casi todos los temas al ex Deep Purple y dejando al descubierto a Bonamassa como uno de los más efectivos guitarristas que ha parido madre. Todo estuvo muy bien, pero el volumen de la voz debieron de bajarlo para que sonara perfecto.

Los ingleses y ochenteros The Cult rockearon a su manera e hicieron que muchos fans levantasen sus puños al cielo alavés. Yo desconocía bastantes, pero debieron de sonar clásicos de la banda, y técnicamente, estuvieron de notable. Pasadas las 22:00 el director/escritor/músico Rob Zombie saltó al escenario con el objetivo de dispararnos mucho rock y, más bien, poco roll. El metal industrial con temática de ciencia ficcion no fue alabado por todos los allí presentes, sin embargo yo fui uno de los que (sin conocer todos sus temas) disfruté de cosas de su anterior proyecto (White Zombie) y de temazos como Living Dead Girl o el pepinazo Dragula. Durante todo el bolo no dejó de brincar y, ya para el final, salieron vestidos con nuevos ropajes de color rojo.

El viejo vocalista de Black Sabbath, y el viejales a secas a día de hoy, Ozzy Osbourne, no me emocionó lo más mínimo, y que conste que creí en esa posibilidad. Sonaron buenos temas de Sabbath, a saber: Fairies Wear Boots, Iron Man o la esperada Paranoid, pero Ozzy sólo tenía un hilo de voz comparado con la época dorada (e incluso con los ochenta y parte de los noventa) y al moverse por el escenario parecía una imitación barata de lo que fue. Un zombie que no quiere ser un zombie pero no le quedan más cojones. Dejó cantar muchas partes a un público que en su mayoría estaba cegado por lo que representaba Osbourne en su cultura musical.

No pude quedarme a ver a los nuevos Kyuss, y mira que podrían haber enderezado mi fe en viejos dinosaurios.

Jon Bilbao

En: Crónicas

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