Azkena Rock Festival 2010

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Redactor: Jon Bilbao

Foto: Azkena Rock Festival

Azkena Rock 2010

VIERNES 25 (continuación)

Lo de Slash estuvo bien. Tocó contados temas de su nuevo disco (llevando como cantante al vocalista de Alter Bridge) y se descolgó con muchos temas de Guns N´ Roses entre los que yo destacaría: “Civil War”, “Nightrain” o la necesaria “Paradise City”. Que algunos pensarán: “se pasó tocando temas de guns”, puede, pero al menos no supuso ni la mitad de grotesco que lo que Axl anda haciendo con los que llama Guns N´ Roses.

KISS salieron a escena pasadas las doce y media de la noche y sobre las campas de Mendizabala desplegaron sus pesados artefactos para realizar trucos visuales que entretuvieran a quien no le bastara con la música. El espectáculo que se traen es inmenso (ahora ya no se cortan de hacer tanto la batería voladora como la lengua sangrante o la escupida de fuego de Simmons), pero Paul Stanley se preocupó más de bailar que de tocar y sonó todo más a chiste que lo que suele ser habitual en un concierto de los de Nueva York.

De acuerdo, temazos como “Deuce” o “Calling Dr Love” no tienen desperdicio (y los dos mercenarios que no son KISS originales lo bordan instrumentalmente), pero si al conjunto le quitas el espectáculo, sobre todo ese montaje visual y de audio simultáneo (también metían efectos cuando cantaba Paul para disimular carencias), las miradas se centrarían más en el tipo de la estrella dando más la nota al no tener la parafernalia habitual, y lo veríamos como lo que es, un sesentón con peluca que no puede dar el cayo como hace treinta años. Y eso ya me echa un poco para atrás por mucho que las canciones me flipen como siempre lo han hecho.

De los Imperial State Electric de Nicke “Royale” Andersson (ex líder de Hellacopters) vi una parte y saboreé pocos temas que ya había escuchado, de esa música en la onda que está entre Hellacopters y, curiosamente, los KISS más clásicos. Nicke agradeció el concierto anterior , concretamente dijo que “me gustaría agradecérselo a nuestros teloneros KISS”, para mofa de muchos y deleite de algunos.

SÁBADO 26

Con parecido aforo al viernes saltaron el sábado Audience al escenario número dos. Country y rock psicodélico son algunos de los elementos que emplearon los de Guernica para ofrecer un show corto en duración aunque redondo en muchos sentidos. Acabaron, como un homenaje al abuelito Dylan que tocaría esa noche, con “Hurricane”, de forma perfecta y dejando satisfechos a muchos resacosos y recién llegados.

Después fue el turno de Maggot Brain, quinteto de Cáceres, que tocaron la mítica “Alive” de Pearl Jam y nos ofrecieron sus propias canciones, cargadas todas ellas de actitud rockera y de variadas influencias. De los Stooges a los Black Crowes, hablando en plata. De The Russian Roulettes no había escuchado nada y para mí fue uno de los grandes descubrimientos de esta edición del ARF. Son un trío que llegó de Melbourne (Australia) para tocar rock garagero con justas dosis de psicodelia y de blues, y derrochando energía por los cuatro costados, siendo un grupo que encajaría mejor a altas horas de la noche. Antes de entonar su último tema (una oda a la continua ingesta de alcohol) bordaron el mítico “I Just Wanna Make Love To You” de Willie Dixon.

De The Cubical vi la primera parte, y corroboré que lo de que tiene aires a Captain Beefheart no es ninguna chorrada: estos ingleses saben hacer blues rock y en el grupo cuentan con un cantante de voz cavernosa. Y a Robert Gordon & The Gang They Couldn´t Hang los disfruté también un rato, y es que cuando la peña se pone cincuentera parece que todo se vuelve más fiestero e irreverente. Del resto de conciertos no puedo hablar, porque me largué sobre las ocho de la tarde a resolver unos compromisos y a madrugar para volar al día siguiente a Aerosmith en Barcelona. Me jodió por los siempre distintivos NRBQ, por volver a ver al Dylan que pone nervioso al fan acérrimo pero que inexplicablemente sacia a su manera, y por sentir las suaves melodías de Chris Isaak y las reveladoras y jodidamente veloces tonadas de Bad Religion, pero esta vez tuve que elegir.

Más de 44.000 personas (durante los tres días) acudieron a Vitoria para saciar su sed rockera; y hablando de beber, como novedad estaban patrocinando la bebida energética Monster, y regalaban a granel latas de la misma. Además, esa carpa tenía una pequeña piscina con la que podíamos, momentáneamente, refrescarnos del arduo sol. Algunas cosas nuevas y la continua calidad reinante en las bandas fueron los pros de un festival que gana adeptos cada año que pasa.

En: Crónicas

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