Amusia congénita: déficits en la percepción y producción de la música

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La música es uno de los pocos fenómenos universales y específicos del ser humano. Todas las culturas han desarrollado de un modo u otro música e instrumentos musicales.

La música casi sin darnos cuenta nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos. Está presente en las salas de neonatos de los hospitales, en los bautizos, en los cumpleaños, en las bodas,  en el espacio público, en el espacio privado, en las marchas militares, en los funerales…

Su omnipresencia ha hecho creer a científicos e investigadores que la música no está reservada a unos pocos individuos con talento, si no más bien que la música es un instinto, una facultad innata que todos poseemos. Desmontar la idea de que todo el mundo aprende a hablar pero a hacer música sólo unos pocos, ha sido difícil.

Pero el balance de evidencias en campos de estudio tan diversos que van desde la etología (estudio del comportamiento animal), antropología, arqueología, psicología y filosofía apunta a que la diversidad, complejidad, y centralidad de la música en la experiencia y comportamiento humano se debe a que  no es propia del talento de unos pocos, si no que nos sirve de puerta de entrada para entender los orígenes de la evolución de la mente humana.  Como dice el neurocientífico y psicólogo de la música Daniel Levitin,  nos tenemos que percatar de que el continuo cerebro-mente, evolucionó para escuchar y tocar música. Principalmente para seis cosas fundamentales: divertirse, hacer amigos, confort, conocimiento, religion y amor.

Los infantes en sus primeros estadios de desarrollo muestran una gran musicalidad innata. La inflexión de su voz y balbuceo en presencia de sus cuidadores y/o progenitores revela lo que más tarde se convertirá en el artefacto cultural y social que es la música.

Aún más, los infantes responden y centran su atención a estimulos musicales frente a otro tipo de estimulos acústicos no-musicales como el ruido de un vaso de cristal que se rompe.

La comunicación vocal animal es el antecedente evolutivo de la música humana dadas las similitudes estructurales y homologías entre la música y los usos de sonidos por parte de los animales.

Como deciamos más arriba, la música nos sirve de ventana para mirar a las estructuras cerebrales que están detrás de la recepción y expresividad musical, y al mismo tiempo, la organización funcional de nuestro cerebro.

Sin embargo, a pesar de su importancia en nuestra vida como medio para entender nuestra propia naturaleza humana, hay algunas personas que están fuera de este inmenso placer que viene a ser la música. Hay un conjunto de desórdenes musicales algunos de ellos congénitos, es decir, de orígen genético, y otros traumáticos, adquiridos por lesiones en ciertas partes del cerebro, que apartan a las personas de disfrutar de la música.

Estos desórdenes son condiciones neurológicas entre las que se encuentran la  (epilepsia causada por la escucha de música), alucinaciones musicales, y amusia congénita.

En concreto, la amusia congénita, condición neurológica que afecta la recepción y percepción (incluida la producción) de música, tiene una incidencia epidemiológica de un 4% en la población. Las personas con amusia congénita nacen con déficits en la percepción y producción de la música. Estas personas han estado expuestas a la música y tienen la percepción auditiva intacta, lo cual indica que no es la ausencia de escuchar música o una minusvalía (auditiva) la causa de su desorden.

Lo más interesante de la amusia congénita y otros desórdenes musicales es que las habilidades para procesar música estan dañadas pero otros procesos cognitivos que envuelven procesos perceptuales idénticos no se ven afectados.

La amusia congénita es una condición que se conoce desde hace un siglo gracias a los estudios pioneros de Grant Allen (1879). Grant Allen estudió el raro caso de un hombre de 30 años de edad, educado, sin lesión neurológica alguna, pero con déficits musicales severos.

Dichos déficits musicales severos no se podían deber a la falta de exposición musical dado que el hombre había recibido clases de solfeo desde la niñez.

La amusia congénita puede ser rara y poco común, pero su extrañeza señala lo eximio que es la música.

La música y la experiencia musical es parte de nuestra característica naturaleza humana.

Por todo ello, escucha, toca música, y sobretodo, disfrútala.

Anibal Mastobiza (@anibalmastobiza)

En: Magazine

Acerca del autor

Aníbal Monasterio Astobiza es licenciado en Filosofía por la Universidad de Deusto (2003), Máster en Psicología Social por la Universidad del País Vasco (2010) y Doctor en Ciencias Cognitivas y Humanidades por la Universidad del País Vasco. Le gustan los huevos fritos y las patatas fritas.

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