Aerosmith

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Redactor: Jon Bilbao

Fotos: aeroforceone.com

Aerosmith Barcelona

Única oportunidad, al menos ahora mismo, para ver a los de Boston sobre la palestra; lógico que las entradas se agotasen el mismo día que salieron. El lugar también daba pistas para pensar que sería una noche sensacional: el Palau Sant Jordi de Barcelona tiene permitido albergar a unas 18.000 personas a pesar de que haya capacidad para 6.000 espectadores más. Estos cinco tipos lo llenaron casi al completo.

Hablando del propio entorno y el contexto que rodeó a Aerosmith, me siento en la obligación de decir que el sonido dejó un poco que desear; yo estaba relativamente cerca del escenario y escuchaba poco (menos de lo que debería sonar) cosas como los punteos o los grititos de Tyler durante algún batiburrillo musical. En general era un ambiente auditivo poco envolvente, y eso no es bueno en un concierto de rock en mayúsculas. Tras apagar las luces pusieron la canción de Dylan que dice: “Todo el mundo debe colocarse” (“Rainy Day Women # 12 & 35”) con el telón de la banda bien visible. Empezó el griterío, cortaron a Dylan por la mitad y soltaron el gran telón: Love In An Elevator estaba presente en el recinto, aquel lujurioso tema del disco Pump de 1989. Después vino Back In The Saddle, la gema que abría su estupéndo Rocks del 1976, y a partir de ahí todo fueron buenos momentos.

Claro, yo no entiendo cuando muchos fans de la banda hablan de que Aerosmith están muertos desde el disco Get A Grip. Claro que se hicieron más melódicos (aunque mantenían el nervio rockero) y su música era más comercial, pero siguieron manteniendo la personalidad propia de la banda; sí, ya no se metían caballo y habían hecho sus nuevas composiciones más accesibles, pero eso sólo les salvó la vida y les reportó mayor riqueza monetaria, respectivamente. Simplemente no me parece justo comparar el caso de Aerosmith con el de bandas como Fleetwood Mac, ya que la (personalidad) de estos últimos pereció cuando hubo cambio de gobierno en el seno del grupo.

Nos proporcionaron alegrías con varios temazos setenteros como Mama Kin, Sweet Emotion, Draw The Line, o el clasicazo más antiguo del quinteto, la indisoluble Dream On. De las de los ochenta nos sirvieron también Rag Doll y What It Takes, la balada que no era seguro que tocasen, que empezó a capella y que corroboró que a todos nos gustan los medios tiempos bien hechos. De los noventa lanzaron Eat The Rich, el himno Livin´ on the edge y la graciosa Pink, mientras que de su último trabajo oficial, el disco de versiones de blues Honkin’ On Bobo (2004), extrajeron la mítica Baby Please Don´t Go y Stop Messin’ Around, dejando en ésta última la parte vocal a cargo del gemelo tóxico de Tyler, el grande Joe Fuckin´ Perry.

Hubo variedad sin duda, picotearon de casi todos sus álbumes y (aunque no lloviese a gusto de todos) escogieron muy bien el setlist a interpretar. Algunos temíamos el estado físico del grupo, sobre todo de Steven Tyler tras conocer datos de su vida privada actual, pero la verdad es que resolvieron sin complicaciones un show que ya tenían aplaudido, por ser ellos. La verdad es que en Jaded vi a Tyler algo flojo (además de ser un tema poco agraciado para un servidor) y en algunas partes vocales de temas como Cryin´ dejó cantar al público, quizás para descansar; pero no importa, porque acabaron en el bis con los otros himnos, primero Walk This Way y para finalizar el show la acelerada Toys In The Attic. Aparte de eso Tyler estuvo excelso en sus movimientos sobre el escenario y con el pie de micro, bailando, entreteniendo y aullando como no esperábamos que ocurriera.

 

En: Crónicas

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